ESTETICISMO, MODERNISMO Y PATOLOGÍA EN LUCÍA JEREZ DE JOSÉ MARTÍ

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Luis Antonio de Villena comenta en el prólogo del libro Estetas y decadentes lo difícil que resultaría encontrar en todo lo que denominamos Fin de Siglo, Modernismo o Simbolismo algo que no sea, por un camino u otro, esteticista. Porque la Belleza es, a la vez, oposición al mundo establecido y aspiración a un ideal refinado. En este sentido, Lucía Jerez, la novela que nos ocupa, es modernista y, por tanto, esteticista; su modernismo reside no sólo en la psicología y conducta de sus personajes sino, especialmente, en las ideas y el estilo. Podríamos decir que Lucía Jerez es la primera novela modernista hispanoamericana. Lo que la diferencia con respecto al naturalismo y al realismo son las pinceladas de gran significación simbólica con las que el narrador expresa las características de esa sociedad y la reacción del héroe modernista ante ella. Porque las obras Lucía Jerez, como también De sobremesa de José Asunción Silva, nos muestran la problemática del intelectual de fin de siglo. Concretamente en Lucía Jerez, también titulada Amistad funesta, José Martí personifica esta figura característica en su alter ego Juan Jerez y hará esta reflexión desde un plano simbólico, ya que en el plano alegórico esta novela es una profundización en la esencia de arte. El arte y, en especial, la poesía va a servir como motor que impulsará una nueva ética tras la difuminación de los valores absolutos que habían desarrollado el espíritu desde siempre como la Verdad, la Bondad o la Belleza, porque los nuevos tiempos reclaman la atención hacia satisfacciones pequeñas, sensibles y asequibles por el dinero. El artista ante esta crisis de valores utilizará la literatura como vía para acceder a esos ideales absolutos y lo hará a través del goce de los objetos materiales y los placeres sensuales, es decir, del esteticismo del que hablábamos con anterioridad.

La misión del intelectual y del artista en esa sociedad en vías de desarrollo es tan sólo el último de los tres niveles argumentales que encontramos en esta compleja novela junto con la indagación de la realidad hispanoamericana y la trágica relación amorosa triangular formada por Juan, Lucía y Sol del Valle. Pero, sin duda, lo que más llama la atención no es el tema romántico del infortunado amor sino, por un lado, la incorporación de la literatura como fundamento temático de la novela, y, por otro, la ausencia del prototipo de mujer inocente y pura producto del pensamiento idealizado del hombre de principios de siglo. En este cambio de actitud aparece el concepto de enfermedad tratado desde una perspectiva distinta, en especial, en lo que se refiere a las mujeres, ya que se estudian las dolencias psíquicas desde las nuevas ciencias que van apareciendo a lo largo del siglo. El concepto de salud es sustituido por el de normalidad, término abstracto y arbitrario.

Así pues, podemos adentrarnos en la patología desde dos puntos de vista. Por un lado, desde la representación que le corresponde al intelectual y al artista que vemos en los personajes de Juan Jerez y Ana, la pintora tuberculosa. Por otro, y  desde el tema del amor como entrega, revisar la patología y los modos de representarla en el prototipo de mujer fatal encarnada en Lucía Jerez a través de su conducta celotípica y, por supuesto, del simbolismo, sobre todo floral, con el que el autor nos muestra la psicología de éste y del resto de los personajes.

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