ANTONIN ARTAUD: PARA TERMINAR CON EL JUICIO DE DIOS

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Artaud es una de esas extrañas mentes. El genio y la locura siempre han estado unidos en los creadores para bien o para mal, en un binomio difícil de digerir, cuando no existían cursillos para potenciar la creatividad y cuando ésta se curaba a golpe de electroschock. No hace falta mencionar el ingente número de escritores drogadictos y alcohólicos para escapar, cuyo último final es el suicidio. Me viene ahora a la cabeza el impresionante relato de Chéjov titulado “La sala número 6”. De él sólo recuerdo un escalofrío. El mismo que dejan los poemas de Artaud y, en general, toda su obra, cruel, como él mismo dice. Y peligrosa, digo yo, porque corroe las entrañas de la sociedad pequeño burguesa (tan ínfima y tan burguesa) que prefiere encerrarle durante 9 años…está loco, está loco…no sólo por hablar de la mierda, de la caca, como en su poema “La búsqueda de la fecalidad”. (A poco contacto que tengamos con la inocencia de la niñez o de la locura sabemos de la importancia de la defecación como algo usual y divertido pero extraño, nada que ver con esa obsesión de millonarios por acumular cuartos de baño en sus mansiones). La caca es algo que va más allá, la caca es la deshumanización en sí misma, es algo natural pero infecto que nos acerca a los animales (los infinitos cuartos de baño de oro nos acercan a la estulticia), como lo que nos quieren hacer creer de la locura, que nos aleja de nosotros mismos, pero en realidad es lo contrario.

A Artaud le afectó profundamente la muerte de su hermana, experimentó en México con el peyote y tenía buenos amigos que se preocuparon por él. No, no es una definición y tampoco una justificación. La locura está tan unida a nuestra piel que nadie se cree que puede caer en ella. Me viene a la mente Hambre, de Knut Hamsun, por la brutalidad, por la suciedad de nuestra sociedad. Mi fuerte no es la poesía, pero es que Artaud es otra cosa, es pura indefensión. Es un preso de su propia mente en una cárcel de despropósitos que es esta vida dirigida por desgraciados y cabrones. Yo os lo recomiendo, muchas veces no entenderéis nada, ni falta que hace. La realidad para Artaud (y también para mí) es una convención y nada más convencional que silenciar al diferente, al que habla las palabras de la verdad o dicho de otro modo, el que expresa la alienación con su propia vida. Os dejo con sus palabras.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

Sé que quisieron esclarecerme mediante el Vacío, y que me

negué

a que me esclarecieran.

Si se hizo de mí una hoguera fue para curarme de estar en el

mundo.

Y el mundo me quitó todo.

Luché para tratar de existir, para aceptar las formas (todas las formas) cuya delirante ilusión de ser en el mundo recubre la realidad.

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No quiero seguir siendo un Ilusionado.

Muerto para el mundo, para lo que constituye el mundo a los

ojos de todos los otros, caído al fin, caído, subido a ese Vacío

que rechazaba, tengo un cuerpo que padece el mundo y evacua

la realidad.

 

Extracto de: Les nouvelles révélations de l’étre