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Para poder hacer crítica culinaria hay que comer ergo para hacer crítica literaria hay que leer. Mucho y bien, a ser posible, pero como parece algo bastante difícil, a primera vista, necesitamos que alguien nos de las claves. En realidad, es como todo, te pones y ya: cuanto más leas más deprisa lo harás. No se tiene la habilidad con 10 consejillos en un blog de mierda, la habilidad se adquiere leyendo, aunque creas que no entiendes nada. Se hace callo y al final serás un ser bastante más capaz de la media de comprender lo que leas (igual que para escribir).

La catedrática de literatura inglesa que me dio clase hace muchos muchos años solía decir: “A mí me pagan por leer lo que deberíais leer vosotros”. No podía tener más razón. Pero vamos al meollo de esta entrada que es seguir la senda que comenzamos con el insigne crítico Harold Bloom en Cómo leer y por qué.  Thomas C. Foster es un profesor, bueno, un catedrático de literatura norteamericano, en inglés professor es catedrático, pero quedaba tan mal para el hipotético lector español poner eso en el título, está tan mal visto emular a alguien culto, que ya empezamos mal. El libro es muy anglo en el buen y en el mal sentido del término. Está orientado a alumnos de allí, habla de su tradición literaria, y los chistes son como los de esas películas de los campus y las orgías pero es bastante claro y está bien organizado. Viene a decir que las cosas están interrelacionadas y por “cosas” me refiero a las tradiciones literarias, los arquetipos, los mitos, la simbología y la temática. Que los textos te dan claves y que a medida que las vas conociendo adquieres un conocimiento más extenso con el que acceder a una comprensión global del texto al que te enfrentas, no sólo al aspecto literal del mismo.

Exceptuando los chistes estúpidos y que el lector latino puede no conocer todos los ejemplos, es un libro ameno y riguroso. Anima profundamente a la lectura al indicar que uno sabe más de lo que cree. Y eso es cierto. En mi opinión, hay que trabajar más, hacer un esfuerzo…lo que uno aprende por sí mismo no se olvida jamás, aunque una ayudita no viene mal. Os dejo con una frase que refleja lo que siento con respecto a la literatura y que me hizo estudiarla más a fondo. Contadme qué pensáis.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

“La clase de mente que estudia literatura y crítica literaria en la universidad y luego en un posgrado tiene cierta predisposición a pensar que las cosas existen por sí mismas y al mismo tiempo representan algo más.” (p. 25).

(Madrid, Turner Publications, 2015)

Pd. OSTRANENIE  es el libro que estábais buscando para regalar mañana, en el día del libro. Más info en ostraneniesite.wordpress.com

 

 

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7 comentarios en “THOMAS C. FOSTER: LEER COMO UN PROFESOR

  1. Hola!
    Estoy leyendo el Canon occidental de Bloom y la verdad es que me está encantando. Me parece muy interesante tu artículo aunque no estoy de acuerdo del todo. Creo que no se aprende a cocinar comiendo y tampoco creo que se aprenda a escribir o a criticar literatura leyendo. Obviamente hay que leer mucho y tener pasión por ello, pero necesitamos esa ayuda que nos regalan autores como Bloom. Sin que alguien con criterio nos marque un poco eso pasos podemos pasarnos la vida escribiendo basura y no sabiendo lo que leemos.

    Me quedo con lo que comentas de tradición literaria-arquetipo-mito-simbología-temática.

    Un placer leerte.

    Saludos.
    Juanjo.

    • Muchas gracias por tus palabras, Juanjo 🙂 Creo que hice la crítica del canon occidental, por si te interesa. De todas formas, no olvides que los criterios pueden basarse, y muchas veces lo hacen, en prejuicios, sexismo, clasismo y no se cuántas cosas más. A Bloom se le critica mucho por centrarse en hombres anglosajones. Te recomiendo a George Steiner y Terry Eagleton. Son mucho mejores que Bloom. A ver si me lo cuentas. Espero verte por aquí. Un saludo.

  2. Gracias, José Luis…no voy a entrar a valorar lo que pienso de la mayor parte de los chefs ni de las estupideces que se dicen a propósito de la crítica culinaria. No es arte, así que se trata de comer comida mejor o peor, con más o menos gusto…lo pongo como ejemplo porque está de moda. Con el resto estoy de acuerdo…un abrazo 🙂

  3. Hola apreciable Berta:La entrada me gusta por sencilla, al grano y acertada. Para hacer crítica culinaria hay que degustar (más preciso no?); ergo, para hacer crítica literaria hay que leer y en paralelo ir afinando cada vez más y más nuestro sentido degustativo (id est estético). Pero no es tan fácil, y menos cuando nos enfrentamos a obras muy complejas. (Sigo enfrascado en la relectura de Dr. Faustus, de Thomas Mann, vaya que no es fácil). Es allí donde las pautas que nos van enseñando nuestros catedráticos (otros críticos y -muy importantes- los consejos personales o legados en sus obras de grandes escritores) juegan un papel muy importante. Nunca es por demás recordar que sigue siendo difícil, arduo, comprometido, pues la escritura crítica (o creativa) es una carrera profesional, como la del cirujano de corazones o cardiólogo….. aunque a mí, que adoro el jazz, me gusta compararla con el esfuerzo de un saxofonista, que se lleva años y años resoplando en la boquilla de su metal, hasta lograr que los sonidos expresen erotismo y dolor, alegría y elevación del alma; total: que la carrera del crítico, del narrador, del poeta, (de todo artista) es una actividad en la que le va la vida. Y es de celebrar que el profesor Foster tenga la virtud didáctica de los buenos docentes al recordarnos que si queremos leer como los catedráticos (ojalá muchos lectores se lo propusieran) hay que conocer y saber interrelacionar las tradiciones literarias, los arquetipos,los mitos, los temas, las simbologías. Te paso este dato que puede ser útil para los lectores. Leyendo Dr. Faustus, me encontré con que el protagonista Leverkün es conducido por el diablo a una casa de prostitución, y allí el joven, un músico novel, todo castidad, erudición y refinamiento interno, vive momentos impactantes ante una muchacha que para seducirlo le toca el rostro con el antebrazo. Turbado, fuera de sí, sólo atina a sentarse frente al piano del local y atacar el teclado para arrancarle unas cuantas notas, antes de salir huyendo a toda prisa en dirección a la calle. El buen lector se percata de inmediato que son las mismas escenas narradas por Nietzche, (no me acuerdo en qué obra) cuando a un idiota de mal gusto se le ocurrió llevarlo a un prostíbulo. El resultado de ambas escenas, la primera ficcional, y la vivencial de Nietzche, fue el mismo: la sífilis, contraída tiempo después tanto por el personaje de Mann como por el demoledor de la moral judeop-cristiana. ¿Qué es esto? Conocimiento de la tradición, de los temas, y de la condición humana. Vida, intertextualidad, ficción. Tres herramientas del crítico. En cuanto al párrafo final de tu artículo, esa cita de Foster, también es clara, didáctica y profunda. Pues la forma mentis de quienes estudian la literatura a fondo y no sólo como pasatiempo, es esa: la búsqueda profunda del sentido, quizá de un sentido predeterminado, o intuido, un telos? en la realidades, inextricablemente unidas, de la vida y del arte. Compartiré tu nota y mi respuesta en mis blogs.Un abrazo
    Date: Fri, 22 Apr 2016 08:32:42 +0000
    To: joseluisbernalarevalo1@hotmail.com

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