lish

 

Mi romance de Gordon Lish es una auténtica mierda. He estado pensando cómo decirlo de una manera diplomática pero no he tenido ni fuerza ni ganas. Para los que creáis que no conocéis a Lish os diré que es muy posible que estéis equivocados. Además de enseñar escritura creativa a grandes autores, es el más famoso editor de la editorial Alfred A. Knopf, ya que ha podado libros de Raymond Carver o Richard Ford. Y he decir también, que he leído De qué hablamos cuando hablamos de amor de Carver que es estupendo y Principiantes que es la versión sin corregir por Lish y no lo pude acabar. Sus correcciones no son sólo brillantes sino necesarias. Es posible que esta novelilla de la que hablamos sea de lo peor que escribió, a tenor de lo que dice de él Don Delillo, pero es lo que tengo entre manos.

En su descargo diré que no me gusta la traducción, porque la novela trata de un discurso que el propio Lish, como personaje, dicta en una conferencia. Es decir, todo el relato es una conferencia “suya” inventada que va sobre su vida, hasta qué punto inventada no lo sé. Y como es un discurso, el autor ha intentado la inmediatez del lenguaje hablado, con repeticiones, expresiones del lenguaje oral y los balbuceos propios del inglés hablado (por ejemplo, el doblaje al español de Robert De Niro), que la traducción, me parece a mí, debería haber omitido. Pero claro, sus palabras dejarían de tener ese aire de diálogo, aunque falso, con el lector, que es la supuesta gracia del libro.

La cuestión es que mientras leía tenía en mente a este tipo de actor-director de cine, judío por lo general, pongamos Woody Allen, egotista, de verborrea incontenida que acaba con mi paciencia. Se lo habría perdonado todo, os lo juro, si las anécdotas hubieran tenido la más mínima gracia, pero su psoriasis y el reloj que quiere vender al público una y otra vez no lo consiguen. Lo irónico del asunto es que si se hubiera limitado a contar su vida habría sido increíble y no se habría convertido sólo en un personaje de comedieta de televisión. Por tanto, un resultado paupérrimo pero no me cierro en banda. Descubrir talentos y corregir genios no es moco de pavo. Dentro de un tiempo igual me animo a leer otra de sus obras o me centro en su hijo Atticus, que el año pasado ganó el Pen/Faulkner de narrativa con su libro Preparation for the Next Life. ¿El talento se hereda? ¿Qué pensáis?

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

 

 

 

 

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2 comentarios en “MI ROMANCE: GORDON LISH

  1. Holaaaaa, bienvenida, Berta. Gracias por el envío. No conozco al autor ni nada de lo que ha producido. Sin embargo, tomo tus palabras textuales siguientes: “Descubrir talentos y corregir genios no es moco de pavo”. En efecto, y por ende, no es fácil crear por dedazo “buscadores de talento literario”, ni tampoco siendo editor, y revisor-corrector, volverse escritor por auto-decreto. Aunque quizá, dentro de cierta línea, pero no hay una fórmula. Hay grandes escritores (por ejemplo Eugenio Montale) que han sido muy eficientes como encontradores de talentos (no como “buscadores” de ellos, esto me parece una gringada, muy al american style), como críticos, como editores, como teóricos literarios (sigo pensando en Montale). pero nunca hay fórmulas. En cuanto a la pregunta de si el talento se hereda, pues a veces sí, a veces no. El hijo de John Lennon heredó el talento del padre; en la familia Mann, tanto Heinrich como Thomas fueron grandes escritores. Pero no hay fórmulas. En la apuesta, la moneda de la genética (cuya otra cara es el medio social y el proyecto personal) siempre está en el aire. Y el colmo sería que cayera de canto. Abrazo apretado desde México.

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