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El título me gusta. Ah. Perdón. Buenos días y muchas gracias por seguir al otro lado de los cables ❤ Vengo con tantas ganas de contaros cosas nuevas que ni había saludado.

El título me gusta, decía. Es más. Puede que comprara El faro de Blackwater por eso: adoro los faros y adoro Irlanda. Confieso que leí el resumen de la contraportada y las maravillas que decían de esta novela, entre ellas “obra maestra”. No creo que haya que pasarse. En mis tiempos obras maestras se consideraban unos pocos títulos cuando ya habían pasado muchos años y el autor, desconocido hasta para su familia y tras vivir en la indigencia, llevaba tiempo criando malvas. Pero los brazos del marketing son muy largos. Aunque sólo quisieran decir “obra maestra del autor”, sería igualmente preocupante. O más aún.

Colm Tóibín es un escritor y periodista irlandés de gran trayectoria. Según la Wikipedia  ha sido profesor interino en la Universidad de Stanford, la Universidad de Texas y la de Princeton. También ha enseñado en varias otras universidades, incluyendo el Boston College, la Universidad de Nueva York y la facultad de la Santa Cruz. En 2008 recibió un doctorado Honoris Causa por la Universidad del Ulster en reconocimiento por su contribución a la literatura irlandesa contemporánea. Lo que no dice es que quizá debería cortarme un pelo con esta crítica. Pero yo a lo mío.

En primer lugar, debemos comprender que un escritor tiene obras mejores y peores y no vamos a dejar que su trayectoria nos impida hacer una crítica. Esta obra es mala, pero no mala en sí misma, es que parece el guión de una peli lacrimógena de cuando Hollywood empezaba a tratar el SIDA con Sally Field en el papel de madre, Tom Hanks en el de hijo moribundo y Calista Flockhart en el de hermana. Al menos así me lo imagino yo y os doy nombres porque una imagen vale más que mil palabras. Y digo “guión”, no porque los guiones sean fáciles de escribir, ni mucho menos, sino porque se apoyan en imágenes, por lo que las palabras no necesitan tanta precisión ni profundidad pues ya están ahí la fotografía y las interpretaciones de los actores. Esto es, son palabras más sencillas al estar desprovistas de una abstracción no necesaria. Con esto no quiero decir que Tóibín sea mal escritor, estoy segura de que no, sólo que ésta es una obra ramplona, pues no te hace replantearte prejuicios y opiniones sobre el SIDA, aunque sea a toro pasado, que ya es un tema manido. La gente se sigue muriendo en otros continentes igual que en los años 80, pero ya no nos afecta en occidente.  Podría, incluso, haber tratado el SIDA de una manera menos superficial, dada su orientación sexual y lo que supuso esta enfermedad para la comunidad gay, pero esta es mi visión. El caso es que me encanta el título. Es posible que vaya a Blackwater.

P.D. Os dejo el enlace para el Master online de creación literaria de Culturamas, donde doy la parte de crítica literaria. Quedan pocas plazas, reserva la tuya ❤ http://www.culturamas.es/blog/2017/09/26/master-online-de-creacion-literaria/

 

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