rudolf frank

No me extraña que los nazis quemaran este libro porque va en contra de todo lo que se suponía que debía pensar todo hombre, esto es, ir a la guerra es una bendición, morir por la patria es un honor, seguir la tradición de tu padre o tu abuelo e ir al frente es tu deber. El detonante de la Primera Guerra Mundial o la Gran Guerra  se produjo el 28 de junio de 1914 cuando un joven nacionalista serbio asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria. El imperio austrohúngaro declaró la guerra a Serbia desencadenando la activación de todas las alianzas. Total, que nadie comprendió por qué estaban luchando. Si ya es complejo entender la sinrazón de un conflicto bélico, que no hubiera intereses económicos o geopolíticos, sino alianzas y ayudas entre naciones no hizo sino aumentar la desesperación de los soldados. Así pues, la Gran Guerra se convirtió en el epítome de la guerra sin sentido en contraposición a la Segunda Guerra Mundial en la que el enemigo era absolutamente perverso. La guerra de Vietnam continuó junto con la de Korea, por ejemplo, en Estados Unidos o la de Rusia en Afganistán con este tipo de guerra absurda en la que se trataba de continuar con la gran mentira que ya aparecía en un poema de Horacio: dulce et decorum est pro patria mori, es decir, “es dulce y honorable morir por la patria”, que dio lugar a uno de los más impresionantes poemas que he leído y que pertenece a Wilfred Owen. En el enlace a la entrada que hice sobre este autor podéis leerlo y oírlo leído por Kenneth Branagh.

La calavera del Sultán Makawa es un libro admirable, no sólo por mi fascinación por el tema bélico, supongo que no exenta de misterio y morbo a partes iguales, sino por la forma en la que está escrita, la vivacidad y simplicidad de sus palabras que, no obstante, entran de lleno en la deshumanización del ser humano. La historia del adolescente de 14 años Jan Kubitzki, podría ser la de muchos otros jóvenes, valiente y heróico pero que sólo hace lo mejor para los que le cuidan, por lo que llega a plantearse la razón de la guerra. Siempre unido a su perrillo Flox, esta novela, pensada para jóvenes, resultaba todavía más amenazante, pues está planteada como una novela de aventuras, ya desde el título, que, sin embargo, hace referencia a un hecho real: en el artículo 246 del Tratado de Versalles, se insta a Alemania a devolver la calavera del Sultán Makawa. El 9 de julio de 1954, Sir Edward Twining, gobernador de la entonces colonia británica de Tanganica, hizo entrega solemne de la calavera a la tribu de los Wahehe, y que es símbolo de una promesa vacía. Esta idea junto con la frase “nadie debe hacer nada por obligación, si no quiere”, son los puntos de anclaje de la novela, cuyo mensaje sobre la libertad individual es claro. Y no se queda ahí. La crítica al colonialismo es constante como también a la gran mentira del honor repetida hasta la saciedad en todas las épocas y naciones. El resultado: una de la mejores novelas antibelicistas que he tenido el placer de leer. Una obra maestra.

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