JUAN MANUEL DE PRADA ME DA REPELÚS. LO CONFIESO.

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   A mi Juan Manuel de Prada siempre me ha dado repelús en todos y cada uno de los sentidos. Con él me pasa como con los borrachos babosos que me entran en los bares, que no necesito oir la perorata entera para saber que los quiero cuanto más lejos mejor. Qué duda cabe que afición, cultura y empeño pone en sus novelas, pero es que su estilo reiterativo y revenido me repulsa. Sus ideas tanto del proceso de escritura, de la vida y de sí mismo me resultan aburridas y me inunda el sopor y la desgana cuando no el asquete. Da vueltas y revueltas a su persona pero, por más que se esfuerza, no tiene ningún interés. ¿Qué podría hacerme leer algo de un hombre que etiqueta coños para provocar y darse a conocer?  El coño de una momia, de una adúltera, de una trapecista, de una virgen, de una viuda, de una puta, de una desconocida, de una batutsi, de una siberiana y así hasta 50. Siempre pensé que no sabía de lo que hablaba. Que no sabía lo que es una mujer. Claro, llamó la atención de Cela y Umbral, que le apadrinó. Y se ha dedicado a la literatura, lo que es un gran logro, a pesar de que da la sensación de que ni él mismo comprende a sus lectores. No hay más que leer la entrevista publicada recientemente en El Diario.es (Diario Kafka) en la que dice: “El lector de mis novelas es un tipo de lector al que le gusta un tipo de literatura muy heavy digamos, ¿no?, con pocas ínfulas de modernidad, y le gusta un poco así la literatura a la antigua usanza. Un lector que cuando esté leyendo tenga siempre la sensación de estar leyendo literatura.” Esta afirmación, entre muletillas y ridiculeces, no hay por donde cogerla. Vale que la entrevista es insulsa a más no poder, pero ¿a quién le interesan cómo son sus lectores? Y ¿qué me decís de: “Yo no soy de derechas; yo soy un premoderno”? A vueltas con las justificaciones. Yo no estoy de acuerdo con las ideas de Vargas Llosa pero es uno de los grandes. Cuando un escritor dice que escribe “literatura” está perdido. No me digas lo que haces, hazlo y déjame decidir a mi si eres bueno o no. Una persona se define por sus actos. No es necesario que nos los cuente a cada paso. No me importa que comulgues los domingos, escribas en ABC o defiendas al Opus. ¿Tus libros valen la pena? ¿No? Déjame en paz. Yo te pediría, Juan Manuel, que, por favor, dejes de definirte, que ya nos conocemos. Pero por si no me haces caso, te daré una definición que no olvidarás. Una cosa es escribir bien y otra ser un buen escritor. Una cosa es dedicarse a escribir y otra ser un literato.