CARSON McCULLERS: LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE

carson

 

La literatura norteamericana ha dado grandes autores, entre los que destaca Carson McCullers. A pesar de mi gran admiración por Raymond Carver, uno de mis favoritos, considero que el mejor autor estadounidense es William Faulkner porque se ve su huella en otros grandes escritores entre los que cabe destacar la Premio Nobel Tony Morrison o la propia McCullers. McCullers fue una mujer enferma por lo que escribió de manera irregular, que retrata un mundo en putrefacción, pero no a la manera violenta de Faulkner, sino más bien desde la tristeza vista con desapego y, a la vez con resignación. Sus tramas no son tan importantes como las atmósferas que crea de manera magistral en las que se observa el profundo respeto que siente hacia sus personajes.

El tedio, la sensualidad, el tiempo que se detiene antes del inevitable estallido, consiguen que no dejes de leer, que presente un universo propio, contenido. La balada del café triste es, probablemente, su mejor obra que muestra un triángulo amoroso entre Amelia Evans, el primo Lymon y Marvin Macy, el ex marido de Amelia. La destrucción ya está presente pero lo que empezó triste, continuará melancólico y finalizará lúgubre. Así es la destrucción de tintes bíblicos en un pequeño bar del sur en la América profunda que se aleja de los rascacielos de Nueva York y donde el calor es un presagio de muerte:

Era agosto, y el firmamento había estado ardiendo todo el día sobre el pueblo como una sábana de fuego

Para los que penséis que esta breve novela parece insoportable os equivocáis, porque es una obra cumbre, lo que quiere decir que es posible que hayáis leído autores que admiran a McCullers y no lo sepáis. Suele estar unida a la también estupenda Reflejos en un ojo dorado. Y no, no lloras, sólo impresiona y sobrecoge.

Contadme. bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

TIM BARRY: “SOLID GONE”

Tim-Barry-1-copy

 

Creo que fue en 1988 cuando descubrí que en Estados Unidos había millones de pobres. Porque una cosa es que haya pobres en un país pobre y otro que en la mayor potencia del mundo (sobre todo en los 80) hubiera tantos sin techo y, lo que más me llamó la atención, trabajadores pobres. Aquello que terminó llamándose working class o clase trabajadora, que doblan turnos e hilan trabajos mal pagados, vamos, lo que ya ha llegado a España o Alemania, ya era el pan nuestro de cada día en la era del darwinismo social de Reagan, Thatcher, tristemente etc. De la Gran Depresión aún no tenía noticias, pero lo que está claro es que el fantasma de Tom Joad de Las uvas de la ira de Steinbeck estaba presente en las zonas deprimidas de la América profunda, la que retrata Barry, cantautor de Richmond, Virginia, y antiguo líder de la banda de punk-rock, Avail.

Desde MONÓLOGO INTERIOR venimos diciendo desde hace tiempo que hay grandes historias en muchas canciones como en las de  Johnny Cash (“Out Among The Stars”), John Hiatt (“Nobody Knew His Mame”), Bruce Springsteen ( “My Father’s House”)Dave Alvin  (“Harlan County Line”) , de nuevo John Hiatt  (“Have a Little Faith In Me”) ,Hozier  (“The Arsonist’s Lullaby”) y Sarah Jaffe (Watch Me Fall Apart) o de Eliott Smith, ” A Fond Farewell”. Lo que más me gusta de Solid Gone es la autenticidad y lo que me lleva al realismo sucio de Raymond Carver, sólo que la desesperanza de esta canción es aún mayor. Para los cinéfilos, os diré que me recuerda mucho a Winter’s Bone, de Debra Granik, con una jovencísima Jennifer Lawrence, cuya banda sonora no tiene desperdicio. Y como no, al escuchar esta canción vas de inmediato al album Nebraska de Springsteen, donde la América rural, esa que sólo se ve en las cintas independientes, está alejada de los rascacielos pero no tanto de las armas, los desahucios, la cárcel y la epidemia de heroína que asola a los blancos pobres. En los vídeos de otras canciones de Barry aparecen insistentemente los mercancías que cruzan el país y los vagabundos que se suben a ellos, como hizo Woody Guthrie que cantaba This Land is My Land, sin duda, una de sus grandes inspiraciones. Esta es la historia de alguien que se va por completo (solid gone).

Tim Barry: Solid Gone 

I was young when I got married, young  when we had kids

Young when mom got sick and moved in

Dads gone, to that cancer song

 

 

Before my dad died, he left me his .22

A winchester rifle, it was his dads to

Now its mine, my how time flies

I  pay our rent by cleaning, the offices in town

We live on a bad side, where the police don’t come round

It aint safe, but I can’t move us out

 

The bills they stack up, in the mailbox outside

Mostly from hospital, from before dad died

And the rest were past due and shutoff dates

 

Well the new guy on the job, talked me in on my way down

We go half on some weight, I pay some bills we both get out

He’d front it too, what would you do

 

I started selling to some old friends, gave some to granny Ruth.

She’s sick with cancer, same as dads it helps her through

I paid some bills off, was getting out

Then I hear this crashing, outside my house

These men came running at my maw maw, running at my wife

my daughter started screaming, I feared for their life

my weapon drawn, I had not known

 

The men who tore off my lock, and broken down my door

And threatened my family, were officers of the law

In darkened rooms, how could I have known

Such a terror, inside my home

Nine years to twenty, what have I done

Nine years to twenty, intent and a gun

To my family, what have I done

For my family, what have I done

 

Before my dad died, he left me his .22

Look over your family son, do what you need to

Dad’s gone, now I’m solid gone

But we always done, what needed to be done.

Tim Barry “Solid Gone”, Traducción Berta Delgado Melgosa

Era joven cuando me casé y joven cuando tuve a los niños.

Joven cuando mi madre enfermó y nos mudamos aquí.

Papá se fue por el cáncer.

 

Antes de que muriera, papá me dejó su .22,

un rifle Winchester que era de su padre.

Ahora es mío y mi tiempo vuela.

Pagué el alquiler limpiando oficinas en la ciudad.

Vivimos en una parte mala, donde la policía no entra,

no es seguro, pero no podemos irnos.

 

Se acumularon las facturas en el buzón,

la mayoría del hospital, de antes de morir mi padre

y el resto cartas de servicios cortados.

 

Bueno, el tío nuevo del trabajo, me contó un día al salir

que, si íbamos a medias, pagaría algunas facturas y que saldríamos los dos adelante

él iría primero, qué podía hacer.

 

Empecé a vender a viejos amigos, le di algo a la abuela Ruth,

ella tenía cáncer, el mismo que papá y le ayudaría.

Pagué algunas facturas, estaba empezando a salir del agujero.

Entonces oí un ruido fuera de la casa.

Aquellos hombres corrían hacia mi mujer,

mi hija empezó a gritar, temí por sus vidas.

“Baje el arma”, no sabía.

Los hombres que rompieron la cerradura y echaron abajo la puerta

eran hombres de la ley, amenazaron a mi familia.

Las habitaciones estaban a oscuras, cómo podía haberlo sabido,

ese terror dentro de mi casa.

De 9 a 20 años, qué había hecho.

 

De 9 a 20 años, tentantiva y armado,

qué le había hecho a mi familia.

Qué había hecho por mi familia.

 

Antes de que mi padre muriera, me dejó su .22.

“Cuida de tu familia, hijo, haz lo que sea necesario”.

Papá murió y yo me he ido del todo,

pero siempre hemos hecho lo que era necesario.