W.H. AUDEN: EL POETA Y LA CIUDAD

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  El tema principal de The poet & the City , uno de los tres ensayos que conforman The Dyer’s Hand (1963) es la vocación de ser poeta y las dificultades que atraviesa la vocación artística en la época contemporánea a Auden. Éste señala el nacimiento de esa vocación y los obstáculos –mayores que en el pasado- que debe superar el escritor. He considerado presentar el desarrollo de este planteamiento en cuatro apartados:

  1. Quiero ser escritor. ¿Por qué? Porque el artista es responsable de lo que hace. Se dedica a actividades “gratuitas”, “puro arte”. En nuestra sociedad estamos dominados por los valores aplicados al trabajo y lo gratuito no se tiene en cuenta (hecho que debe ser aceptado por el artista). Este tipo de personas sin talento y que pretenden ser escritores es posible que sientan nostalgia del estatus social que en el pasado poseían los poetas.
  2. Educación. Para Auden un poeta en potencia debe educarse a sí mismo, ya que la universidad sólo contribuye a ello por casualidad.  La ciudad se presenta como un riesgo para el artista inmaduro que necesita considerar de qué va a vivir. Su curriculum incluye conocimientos en todo tipo de áreas de conocimiento para profesionalizar su gusto y no ser banal. Pero el autodidactismo tiene una serie de desventajas:

a)    Incertidumbre en el gusto.

b)    Excentricidad.

c)    Egoísmo.

3. Dificultades actuales para la vocación artística.

  • Pérdida de la creencia en la eternidad del universo físico. El poeta actual está más tentado que sus predecesores a abandonar la búsqueda de la perfección como una pérdida de tiempo; se contenta con bosquejos e improvisaciones en la era del “usar y tirar”.
  • Pérdida de la creencia en el significado y la realidad de los fenómenos sensoriales. La ciencia moderna ha destruido nuestra fe en la ingenua observación de nuestros sentidos. Nos dice que no podemos saber cómo es el universo físico “real”; sólo podemos aprehender cualquier noción subjetiva apropiada a un propósito humano particular. Esto destruye la concepción del arte como “mímesis”. Ya no hay una naturaleza “fuera” que se pueda imitar. Todo lo que puede hacer el poeta es ser sincero a sus sensaciones objetivas y a sus sentimientos.
  • Pérdida de creencia en una norma de la naturaleza humana que siempre requiere el mismo tipo de mundo construido por el hombre para sentirse seguro. La tecnología ha cambiado el modo de vida y el concepto de “tradición”, que ahora es una conciencia de todo el pasado, así como del presente (ya no se entiende como una generación que trabaja para la siguiente). También es distinto el concepto de “originalidad”; ya no significa una modificación del estilo de los predecesores sino una capacidad para encontrar la propia voz.
  • Desaparición del Public Realm como la esfera de hechos personales reveladores. Las artes y, la literatura en particular, han perdido al hombre de acción, al creador de hechos públicos, que ahora es el científico. Los medios de comunicación no ofrecen arte popular, sino entretenimiento para ser consumido y regurgitado rápidamente. Los “intelectuales” que sobreviven corren el riesgo de convertirse en snobs.

4. La ética y el compromiso del poeta frente a estos obstáculos. Como los intereses solidarios no son los predominantes en nuestra sociedad, todo artista se siente a sí mismo reñido con la civilización moderna. Para Auden, el mero hecho de hacer una obra de arte es un acto político. Mientras los artistas sigan haciendo lo que piensan que deben hacer no deberán olvidar que escriben para personas concretas, con rostros y nombres.

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ALFREDO CONDE: LOS OTROS DÍAS

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   Reconozco mi, hasta ahora, absoluta ignorancia sobre el gran Alfredo Conde. Lo descubrí una calurosa mañana de verano en la Malvarrosa. Había adquirido varias obras de segunda mano en una de mis tiendas favoritas de Valencia y me regalaron un pequeño libro que una gran cadena hotelera ponía en las mesillas de las habitaciones con una selección de cuentos. Uno de ellos, sobre la postguerra, era del señor Conde, algo que me resultó fresco y divertido aún en la inmundicia propia de aquel momento histórico. Un lujo leer a un marino frente al mar, aunque también político, librero y banquero, todos estos oficios, como dice él, para poder ser lo que quería ser de niño: escritor. Ha ganado muchos y prestigiosos premios que no voy a enumerar. Hoy os hablo de Los otros días, Premio Nadal 1991, convertida ya en una de mis novelas favoritas, que he leído despacio, para que no se acabara, para degustarla hasta el último aliento de un director de orquesta con Parkinson, que vuelve a su tierra al retirarse. No es un libro para personas de un bestseller de vez en cuando, sino para buenos lectores, de los que exprimen un libro hasta saborear su exquisitez que vemos en el léxico, la socarronería y todos los temas de la condición humana: la decadencia moral, la decrepitud física, el miedo, la soledad, el deseo y un poco de amor todo ello envuelto en la imperturbable música. Alrededor de un paisaje gallego una enorme y preciosa sinestesia nos lleva a lo largo de la obra sin sensiblerías por lo que significa ser humano y por la relación del ser humano y el arte pero, sobre todo, de lo que significa vivir y estar vivo. De la belleza de la vida, del horror de la enfermedad, de la decadencia y la senectud a ritmo de una maravillosa batuta de madera de boj que tiene entre sus manos Don Alfredo.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤