JOSEPH ROTH: LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR

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Qué mal lo he pasado con esta novela y eso que no es la que más me ha gustado de este impresionante autor. Y es que hay una gran diferencia entre escribir bien y hacerlo mal. No sé si el abismo es tan grande como entre beber y no beber. Hay lectores que no se fían de los escritores como también hay bebedores que no se fían de los abstemios, quizá porque a ambos bandos les resulta incomprensible su comportamiento.

Precisamente alrededor del comportamiento de un bebedor gira la trama de esta breve novela. Lo curioso es que sientes al leerla la misma adicción que el protagonista al perseguir el olor de la absenta. Sientes unas ganas irrefrenables  de zarandear al protagonista y hacerle entrar en razón. Y también pasas las páginas con avidez, por ver si será capaz de cumplir su promesa. Sin embargo, a pesar de lo que decían los romanos (in vino veritas), que el vino anima a decir la verdad, mi perspectiva es la contraria: el alcohol está rodeado de mentiras y promesas vacías.

Pero también hay borrachos y borrachos porque no vamos a comparar a Hemingway o al propio Roth, que presumían de su alcoholismo, con el vecino del cuarto. Lo cierto es que la lista de literatos alcoholizados o drogadictos es ingente, algunos a mucha honra. Que los demás, llegado el caso, no fuéramos capaces de hacer la o con un canuto hace todavía más increíble que ellos fueran/sean capaces de crear tramas complejas para obras fascinantes. En mi opinión, el alcohol se entromete en lo bueno y en lo malo y no es posible mantener la palabra dada, motivo por el que he sufrido tanto al leer esta obra, porque la buena voluntad no tiene por qué ser férrea. Así pues, según sea cada lector, describirá al protagonista como alcohólico, borrachín, borrachuzo o borracho según seamos más o menos políticamente correctos o benevolentes. Sea como fuere, la prosa de Roth es apasionante, así como su clarividencia con o sin absenta.

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bertadelgadomelgosa@gmail.com

 

 

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JOSEPH ROTH: FUGA SIN FIN

La mayor parte de los autores escriben obras modestas, en las que los protagonistas, poco originales, se enfrentan a situaciones que se resuelven en un clímax que modificará su mundo o visión del mismo. Por lo general, se trata de adversidades que suelen dividir a los personajes entre héroes y antihéroes a la manera que, por desgracia, la sociedad nos divide entre ganadores y perdedores. Luego están los genios. Es decir, los escritores modestos siguen las normas y los genios se las saltan a la torera. Joseph Roth está entre estos últimos. Roth forma parte de mi tribu de imprescindibles desde que un gran amigo me lo recomendó hace ya años. Su estilo es muy personal porque, aunque no es duro, tampoco hace concesiones. A veces es poético y conoce el alma humana como sólo lo pueden hacer los grandes.

Fuga sin fin nos muestra el final de una época en plena Revolución Rusa. Aún no tengo una opinión sobre el protagonista porque no sabemos sus aspiraciones ni su objetivo. Va a salto de mata, es alguien a quien ni odias ni amas. Su mundo ha cambiado e inicia un viaje que le llevará a distintos lugares donde conocerá a diferentes personas, incluso se reencontrará con su hermano. No da la sensación de estar tan perdido como estamos la mayoría de nosotros, en fuga permanente. Parece más bien que se mueva por sobrevivir al aburrimiento. Nada le gusta mucho ni le disgusta especialmente y es esa falta de propósito concreto lo que le acerca a la actualidad, en la que las circunstancias nos terminan por moldear. Pero nuestra época no es distinta a otros momentos históricos. Al contrario, por desgracia, tenemos un mundo en disolución y sólo al conocer la historia, también a través de los grandes autores, podremos entender al ser humano, que suele vagar sin rumbo por esa vida “que nos ha tocado vivir”. Sin embargo, no creo que Roth tenga una visión mecanicista de la historia, en la que seríamos meros comparsas, sino que cree que el hombre puede crear su vida, más o menos, aunque sea de una manera inconsciente mediante una fuga sin fin.

Os dejo aquí otra crítica que hice de su obra El triunfo de la belleza. Espero vuestras opiniones en bertadelgadomelgosa@gmail.com<3

P.D. Aún puedes apuntarte a mi taller online de crítica literaria en Culturamas.

JOSEPH ROTH: EL TRIUNFO DE LA BELLEZA

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Joseph Roth (Brody, Imperio Austrohúngaro 1894-París, 1939) novelista y periodista de orígen judío que vivió la caída de su querida monarquía, la emigración de los judíos y la esquizofrenia de su mujer murió en un espantoso delirium tremens. Dicho esto, El triunfo de la belleza es la obra más machista que he leído, además, de un tirón.

Estaba yo en la biblioteca, husmeando, aunque sería más exacto decir que los libros me husmean a mí, que paso sin detenerme hasta que uno susurra: “Berta, Berta”, lo que ha hecho que me sentara en el banco más próximo donde he devorado las 74 páginas de la novela. La ironía de este libro es sutil a ratos y el humor negro. Son cuestiones graves de las que hablamos: amor, pasión, deseo, lealtad, fidelidad, amistad y de indecencia que, es como debería titularse el libro: el triunfo de la indecencia.

Podría parecer lógico pensar que con una cara así es fácil ser machista. Misógino, incluso y, por tanto, que pudiera escribir mirándose al espejo y viendo ese labio caído sin remedio, el pelo que empieza a faltar y esos ojos de besugo vueltos a su interior revolviendo en sus tripas, decidiera empaparse en alcohol. Quizá podríamos creer, pues, que por este motivo (pura envidia de los galanes) se vuelve en contra de la belleza como ese mal que terminará por consumir a los hombres débiles de carácter, que perderán la verdadera amistad y todo por una (estúpida) mujer, relativamente bella, que acabará consumida, con patorras, barriga y papada mucho antes de que sea capaz de admitirlo. Que de esas víboras hemos conocido todos.

En este momento entra a escena el horripilante machismo de las mujeres, más terrible si cabe que el otro, que se da por sabido. A ver, este es un libro para cornudos y apaleados. ¿Pero, quién no lo ha sido alguna vez? No son las mujeres y tampoco la belleza algo malo. No existe eso de “la condición femenina”, pero Freud y sus ideas sobre la histeria (que se curaba con masturbaciones bajo prescripción facultativa, más conocidas como masajes) pesan mucho en esta novela. Roth se ríe de todo esto y en el fondo se avergüenza de que algunos hombres sientan lástima de mujeres que no están enfermas, sino que son unas guarras. A mí me ha dado por extrapolar y pensar que es el “efecto halo” el causante de todo. Adjudicamos cualidades bondadosas a hombres y mujeres bellos sin que una cosa y otra vayan unidas. Yo me he puesto de parte del protagonista (¡esto es un spoiler! 🙂 ) que se suicida al final. Ah, el amor.

¿Qué pensáis? bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤