JESÚS FERRERO: LAS EXPERIENCIAS DEL DESEO. EROS Y MISOS

 

 

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En esta fotografía Jesús Ferrero, uno de mis escritores favoritos, me recuerda al brujo Aleister Crowley (1875-1947). Supongo, que estaréis de acuerdo (ver foto más abajo). A este hombre le apodaban La Gran Bestia 666, fue un influyente ocultista, místico, alquimista, escritor, poeta, pintor y mago ceremonial inglés. Hoy en día es conocido por sus escritos sobre magia, creo recordar que negra. Estoy absolutamente convencida que Ferrero no es desconocedor del británico pero, aunque no pretendía comparar sus obras, sí diré que el ensayo de Ferrero, Las experiencias del deseo. Eros y Misos, libro del que está muy orgulloso y que considera su mejor obra, explica, una vez más, que lo uno no es sino por su contrario. Sin magia negra no hay magia blanca, ni día sin  noche y así ad infinitum.

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La cita que aparece en el inicio sigue en la senda del título y pertenece a Andrés Fernández de Andrada (1575-1648), Epístola moral a Fabio, cumbre de la poesía clásica española por su perfección, en la que reflexiona sobre la brevedad de la vida y la condición humana. La cita es la siguiente:

Esta invasión terrible e importuna

de contrarios sucesos nos espera

desde el primer sollozo de la cuna.

Así pues, nuestra vida está tomada por la sucesión de contrarios que nos dominan. Ferrero nos explica que, desde nuestro nacimiento deberemos tornar el dolor en placer o no podremos soportar la vida. El amor (Eros) y el odio (Misos) y las experiencias derivadas de ambas fuerzas dirigen nuestra existencia siendo el propósito del autor arrojar un poco de luz ante las pasiones, muchas veces entendidas como enfermedades, que nos rodean y no terminamos de comprender. Algunas vienen de antiguo como la envidia, otras nos parecen más modernas como la anorexia que, sin embargo, entronca con los ayunos de antiguos místicos y anacoretas.

El deseo como motor del hombre tiene un papel esencial en el libro, en el prólogo y el epílogo, aunque en éste también habla sobre la vida y el universo. Las otras cuatro partes se dividen en las experiencias del Eros a uno mismo: narcisismo, egoísmo y egolatría, idiotez, autocomplacencia y vanidad, orgullo, soberbia y arrogancia. Las derivadas de Eros al otro son: la gula, codicia y avaricia, admiración e idiolatría, sexo, amor a los objetos, ambición, amor al saber, a la especie. Pero también el contrario y, quizá, la mejor parte del libro, las experiencias derivadas del Misos a uno mismo: temeridad y destino, masoquismo, anorexia y anacoretismo, aburrimiento, hastío y tedio, drogadicción, vergüenza y culpa, ansiedad, angustia y desesperación y la locura negra: melancolía y depresión. Las derivadas del odio al otro son las siguientes: misantropía, agorafobia y claustrofobia, envidia, el miedo y el terror, los celos, resentimiento y rencor, venganza, sadismo, pasión por el poder, el asesinato y la guerra.

Ferrero es filósofo pero éste no es un ensayo complejo, la estructura es simple, lo difícil es entender que la vida es un juego de contrarios, algo que los antiguos sabían muy bien y que nosostros debemos recordar y no juzgar y, menos aún, con los ojos de la religión. En esta obra no hay pecado ni virtud, ni positivo ni negativo, porque todo es como tiene que ser, lo uno y su opuesto, ya que trata de las experiencias del deseo que actúa de motor. ¿Dónde están los límites, cuáles son pasiones y cuáles patologías? Esas preguntas no tienen cabida aquí. Es una exposición clara y concisa, demasiado quizá, sobre lo que no solemos pararnos a pensar. Imprescindible.

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JESÚS FERRERO: EL ÚLTIMO BANQUETE

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He perdido la cuenta de las veces que os he dado los nombres de mis escritores favoritos. Uno de ellos es Jesús Ferrero con una obra ecléctica e imprescindible, lo que no significa que todos sus libros me gusten por igual. En este momento estoy digiriendo su último ensayo (fantástico) Las experiencias del deseo. Eros y Misos, pero os lo contaré otro día.

Nos centramos hoy en la novela El último banquete, Premio Azorín 1997, que narra la historia de una familia que se reúne en la cena de navidad. La estructura es in crescendo, ya que todo sucede en la misma noche a la que rodea desde el principio un halo de fatalidad. Las relaciones entre los miembros de esta familia de clase alta se centran en la incomunicación, la mala comunicación, la hipocresía, las drogas, la fama, la envidia, el incesto y la muerte. A pesar de la atemporalidad de los temas mencionados he sentido que esta obra era reflejo de una época. Aunque es posible que mi absoluto desconocimiento de la clase alta dada, en mi opinión, a conductas en el límite del aburrimiento y la falta de ética, el abuso de poder o la creencia del merecimiento sanguíneo, la alejan de otras clases que tampoco conozco (nótese el plural en las que incluyo la baja y la más baja puesto que ya se han cargado la media), que no evitan mostrar las vergüenzas: no hay nada que ocultar ni nada que evitar mostrar. No obstante, la superficialidad de esas ‘no relaciones’ de estos jóvenes nos deja sumidos en la ingravidez del ‘estamos juntos porque somos hermanos’ sin pararse a profundizar si existe un sentido oculto en el concepto de familia. Dejarse llevar es la consigna. Así pues, yo, como lectora, también me he dejado llevar y he disfrutado de la prosa rebelde de esta novela que, si bien no es mi favorita de Ferrero, nos hace reflexionar sobre la forma que tenemos de actuar con los demás en un ámbito cerrado e incomprensible para los ajenos a él. Decía Tolstoi, en uno de los inicios más famosos de la literatura, que todas la familias felices se parecen, pero que las tristes lo son cada una a su manera. Quizá yo he sentido que los años 80 y 90 en España estaban aquí representados, cuando es probable que debiera haber trascendido los mismos y descender a los infiernos del propio concepto de familia.

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