LA MUERTE Y EL OFICIO DE ESCRITOR

sanabria

Nacho Gallego es un buen escritor. Nació en Madrid tres años antes que yo pero ha muerto hace seis. Me estremecí al ver las fechas. El autor dejó preparados textos publicados en El lenguaje de las células y otros viajes (Editorial Caballo de Troya) y Cuadernos de notas, que junto a El viejo y el valle y otros relatos, son una edición de autor. Éste último lo encontré husmeando en una céntrica librería de Zamora donde lo empecé a leer y me introduje en el universo de “El viejo y el valle”, sin duda, el mejor de los ocho relatos que se escogen en este pequeño volumen. Un alarde de control narrativo y dominio del lenguaje. Como se nos dice, el valle donde transcurre la historia está inspirado en Sanabria y muchas palabras pertenecen al sanabrés, el habla de los lugareños, mezcla de las cuatro lenguas que allí se unieron: castellano, gallego, portugués y leonés. Me fui con mi pequeño tesoro y lo fui leyendo a pedazos caminando entre la niebla y tras disfrutar de la visita al museo del gran escultor Baltasar Lobo. Sin embargo, no podía dejar de pensar si yo hubiera muerto seis años atrás. Nadie ajeno a mi entorno podría saber qué estoy escribiendo ahora, todo lo que he aprendido, las personas que he conocido y que me han cambiado, lo que he vivido, en una palabra. Una tarea incompleta que no dejaría conocer lo que aún no he demostrado. Entonces, ¿cuándo te conviertes en escritor? ¿Eres escritor por querer escribir? ¿Eres escritor por publicar, por vender? Yo he necesitado mucho tiempo para dar el paso desde el solitario aprendizaje a la decisión de autopublicar el libro que espero podáis leer en breve, posibilidad que no habría tenido de correr la misma suerte que Nacho Gallego. Seis años atrás ¿quién era yo? ¿Quién eras tú? En este tiempo he publicado un ensayo y varios artículos y me considero escritora supongo que porque sé algo de mí que vosotros desconocéis. El paso del tiempo es un universal temático, ni pensar ni escribir sobre ello va a hacer que nos sintamos más vivos o más muertos. Me pregunto si estaré aprovechando ese tiempo que poseo para convertirme en lo que yo creo que soy y si al final de mi vida podré demostrar la valentía que subyace en los relatos del escritor Nacho Gallego. También me pregunto qué será de mis textos cuando esté muerta. Si alguien que paseé contra el viento por mi Burgos natal pensará que vale la pena leer alguno de mis relatos y que debe apresurarse a aprovechar la vida.

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KENZABURO OÉ: DINOS CÓMO SOBREVIVIR A NUESTRA LOCURA

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No os he abandonado a vuestra suerte. Oé tampoco. Sólo lo parece. Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura, desde luego, es un gran libro. Lo empecé tres veces y lo dejé por imposible. Me atasqué en la primera frase: “Durante el invierno de 196…, un hombre anormalmente gordo estuvo a punto de caerse al estanque de agua sucia donde se bañan los osos blancos.” Una maravilla que, sin embargo, no me invitaba a penetrar en esas oscuras aguas. Me pasaba como con La naranja mecánica de Burguess, da igual que lo leas en inglés o español porque conoces las palabras pero no su significado. Tienen un sentido oculto al que no llegas. Te sientes estúpido, abandonas. Ese lenguaje es una creación especial que no se ajusta a nuestro conocimiento. Oé hace lo mismo con algo tan unido a nosotros y que con tanto fervor apartamos: la locura. No somos capaces de pensar de una manera que no se ajuste a nuestra lógica, como si no existiera una lógica dentro de lo irracional. Sería bueno que volviéramos al estanque de agua sucia, mejor, estamos inmersos en ese estanque, pero no queremos darnos cuenta. A estos relatos hay que acercarse con cautela pero sin miedo. “Si el lector se atreve” reza la contraportada. Cierto. Y hay que tener paciencia, tras unas páginas saborearás el licor dentro del bombón, lleno de cristales como aquellos caramelos de Maupassant.

Yo he disfrutado este libro desde la incredulidad: ¿cómo es posible esa forma de narrar lo que se escapa a nuestra realidad desde la realidad misma? Muchos conocéis mi gusto por la narrativa japonesa, no me defrauda, por eso os animo a acercaros a Oé esperando lo inesperado, desenredando la madeja, desbrozando el lenguaje hasta llegar a lo esencial, el ser humano. Un libro lleno de sensibilidad para aquellas personas al margen  de la sociedad que viven una realidad paralela. Solemos creer que no sufren tanto como nosotros en nuestra única y rígida verdad, pero no lo podemos asegurar y eso nos explica el autor al revés que en los libros minimalistas, somos nosotros quienes resumimos el mensaje. El lector sufre un encontronazo lingüístico debido a un uso magistral del propio lenguaje utilizado como un instrumento a modo de círculos concéntricos que finalmente culminan en el cariño, que yo pienso, siente por sus personajes que, en el fondo, ninguno de nosotros está exento de ser.

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