PEDRO LÓPEZ PÉREZ: BOFETADAS

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Lo que menos me gusta de este libro es el título, pues más que bofetadas son hostias como panes, que es un sinónimo malsonante que incluso aparece en el Diccionario de la Real Academia, y que resulta mucho más ajustado a la realidad de los hechos narrados y vividos por los personajes. El autor de los relatos que pueblan estas mal llamadas Bofetadas, como decimos, es el vallisoletano Pedro López Pérez, cuyo sentido del humor ya se deja sentir desde la biografía de la solapa y que se agradece en este submundo literario poblado de camarillas y poetastros con poca gracia y mucha soberbia.

Soberbia es la prosa de estos cuentos, en los que se han tratado  de equilibrar diferentes registros. Aún así, se pueden distinguir dos partes, por lo que podríamos considerar, incluso, dos libros. El primer apartado llegaría hasta “Anuncios por palabras”, con cuentos breves que recuerdan al mejor Quim Monzó, con diálogos vivaces, buenas estructuras y personajes humanos, muchas veces caricaturizados. En algunos relatos, no obstante, la presión por depurar más la técnica hace que el lector se pierda por algunos instantes y, es posible, que necesitaran un poco más de reflexión y algo menos de nostalgia, que a veces rechina. El segundo apartado, comenzaría con el excelente “Las mandaderas del puerto de A Coruña”. Impresiona la capacidad de observación y la habilidad de López Pérez a la hora de reflejar la variedad de ambientes y de léxico utilizados en esta segunda parte, cuyos textos son más largos y permiten una reflexión más honda.

En conjunto, por tanto, Bofetadas es un imponente primer libro de relatos que se aleja de lo que venimos denunciando desde Monólogo interior y es una homogeneización y un tedio espantoso en este género, algo que no parece afectar a la editorial Libros Mayorquecero, que publicó recientemente otro gran volumen de cuentos, Cecilia en la noche, compendio de once escritoras cubanas, del que hablamos hace unas semanas. Un soplo de aire fresco y un nombre, el de Pedro López Pérez que va a dar mucho que hablar en un futuro muy cercano.

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CRÍTICA DE CIRO G. JIMÉNEZ DE TODOS LOS PUTOS DÍAS

portada todos los putos dias (1)

Lamento mi desaparición del blog estas semanas, pero tengo una buena coartada: me he trasladado de ciudad sin acceso a internet y con muchos más libros de los que recomienda Marie Kondo. No me ha dado tiempo a poder comunicarme con vosotros, casi ni a leer, pero os tengo siempre presentes en mis oraciones. No obstante, este vacío temporal ha sido productivo, al menos para mi ego. El sábado pasado apareció una reseña de mi último trabajo, Todos los putos días, en el periódico con más solera de Castilla-León, El Norte de Castilla, donde recordaréis que trabajó el gran escritor y periodista vallisoletano Miguel Delibes, tristemente poco recordado y menos valorado. Quería agradecer las más que amables palabras del crítico y editor en Libros mayorquecero, Ciro G. Jiménez. Siempre es de agradecer que alguien valore tus obras, pero más si eres consciente del gran hacer de otro crítico durante más de veinte años. Un placer y un orgullo. Os dejo con la reseña. ❤

El talismán de la costurera

DESPUÉS DE TODO

 

He oído decir, no sé donde, porque no soy aficionado al boxeo, y las películas sobre boxeadores tienden a aburrirme, que los mejores púgiles se distinguen por su capacidad de soportar golpes devastadores, antes que la de propinarlos. Hay veces que un lector precisa de esa capacidad. Hay veces que un libro está hecho para golpear al lector hasta dejarle tocado, falto de aire, tendido en una lona sin deseos, quizás sin capacidad, de levantarse. Algunos de Camus, cualquier Cioran, el bonito ensayo de Ligotti sobre la maldad intrínseca de la vida y alguno de sus mejores relatos, prácticamente todo Sábato, Onetti la mayor parte del tiempo, algún Rimbaud, el señor Isidoro Ducasse, alias Conde de Lautremout. Hay líneas de Inclán igualmente aniquiladoras. Dante lo intentó con el primer libro de la Comedia. Falló: se le ve demasiado el plumero. También hay fragmentos de Cărtărescu que, aislados del contexto general, pueden ser demoledores. Muchos ejemplos se pueden añadir. No creo que ningún escritor importante –Kafka, Kafka no puede faltar en esta lista, ni Bolaño, ni Dostoievski, ni…- haya podido evitar alguna vez alzar el puño. Swift, a pesar de que sus golpes también nos muevan a la risa. Ah, y Kennedy Toole. Quizás los peores, porque la risa solo hace que duela más.

A veces los golpes son precisos, dados con el tino de uno que sabe dónde duele, y tiene buena puntería. Otras veces la golpiza se precipita sobre ti un poco a tontas o locas, impactando donde puede, ciega, pero con una rabia desesperada e imparable: un libro berserker.  No sé, a decir verdad, a cuál de estos dos tipos, el temperamental o el quirúrgico, corresponde Todos los putos días, de Berta Delgado Melgosa. Quizás un poco a ambos.  No estamos nunca seguros de si ese afán de Irati, narradora protagonista, de abrigarse en lo que duele, en el lamento, en las pequeñas mezquindades, propias y ajenas, es regodeo o claridad. La vida de Irati nos parece terrible.  Desoladora de hecho. No nos cae bien –no es su intención caernos bien- porque es despiadada consigo misma de un modo que nos resulta incómodo, porque está llamándonos cobardes a la cara.  Sabemos que ponernos en su piel, aceptar sus reglas del juego, nos lleva a reconocer en nosotros lo poco halagüeño. Y lo peor, que esa – la llamaré maldad, aunque no me parece del todo atinado- maldad pequeña, es eso: algo insignificante, mierda y barro. Igual que todo lo demás, dentro o fuera. Y aún así, Irati no logra caernos mal del todo. Frase a frase –cada una precisamente trazada, persuasiva; envolvente: un alambre de púas doradas- nos mete en sus zapatos. O nos clava sus zapatos en el cráneo. A veces nos engaña: se dice masoquista, pero no es masoquismo lo que mueve a un animal a tocarse la herida, a hurgar la caries, sino evaluar los daños. Confiesa su envidia, su sentido de inferioridad, pero en esa confesión no deja de centellear el orgullo del que se sabe, en el fondo, mejor que el envidiado. Así que nos dejamos invadir por ella, por su ambigüedad- la ambigüedad es una maestría literaria difícil de dominar-, hasta un lugar en el que quizás no hay esperanza, o sí, o no importa. Al irrefutable reconocimiento de algo que nos ocultamos la mayor parte del tiempo. Lemmy lo cantó con su voz de tabaco: “I´m not a nice guy after all”: No soy buen tío, después de todo.

Ciro G. Jiménez. Reseña aparecida en El Norte de Castilla 2/02/19

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11 AUTORAS CUBANAS: CECILIA EN LA NOCHE

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2018, ahora que te estás yendo para no volver, quería decirte que he intentado salir de los confines de mis prejuicios y gustos y leer más del otro lado del charco y literatura de más mujeres no asociadas al feminismo de banderita. Con este libro de una joven editorial vallisoletana, Libros mayorquecero, creo que puedo decir que mato dos pájaros de un tiro, bueno, eso no, porque la organización PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales) dicen que deberíamos cambiarlo por “alimentar dos pájaros con un pan”.

En fin, cojamos ya el toro por los cuernos, digo, “cojamos la flor por las espinas”, que es su propuesta, aunque no sé si las flores estarán de acuerdo. Sea como fuere, a pesar de que parece que estas cuestiones de la lengua y visibilidad o sororidad de las mujeres o los bichos a través del lenguaje son baladí, no lo son tanto. El lenguaje es una convención y lo que no se menciona no existe y lo que se menciona mal pasa de generación en generación. Por ese motivo es necesario que aprendamos a distinguir lo importante de lo que no lo es y lo que es urgente es dar voz a la mitad de la población mundial que se desvanece en un silencioso ginocidio que a nadie parece importar.

Precisamente, la situación de las mujeres cubanas es uno de los temas principales en este conjunto de excelentes relatos que estas once escritoras nos ofrecen: Amanda Rosa Pérez Morales, Aymara Farramola, Gleyvis Coro Montanet, Haydee Sardiñas, Ketty Blanco, Kryster Hernández,  María Elena Llana, Mariela Varona Roque, Relatos, Yannis Lobaina, Yasmín Silvia Portales Machado y Zahylis Ferro.

Estos cuentos muestran una cara realista y sin tapujos de la sociedad cubana que no vemos en las fotos, con autenticidad, con las tripas y con mucho oficio estas mujeres, que trabajan en cosas no literarias, nos hablan de violencia, de pobreza, de sumisión, de homosexualidad y de amor pero, sobre todo, de su amor por contar, de expresar lo oculto y de dar voz. Me ha sorprendido gratamente comprobar la uniformidad  en la calidad de los textos, en la que ninguno desentona a pesar de la diferencia en estilos y temas. Así pues, una lectura femenina y feminista sin que eso suponga apartar a los hombres. Os dejo con una cita de Belén Gopegui que escoge Glevis Coro Montaner:

Pero él nunca quiso imaginar que algunas niñas no estuvimos enamoradas de Gary Cooper ni Gregory Peck, y fue nuestro deseo cabalgar, imponer la justicia, ser el viento sin raíces, disparar el revólver y morir una tarde a la intemperie.

Belén Gopegui

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