SARAH JAFFE: “WATCH ME FALL APART”

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La música une más que las palabras y, a veces, une mejor unas palabras con otras, de ahí que dediquemos siempre en este blog de crítica literaria un espacio para canciones que son grandes historias. Nos hemos acercado a Johnny Cash (“Out Among The Stars”), John Hiatt (“Nobody Knew His Mame”), Bruce Springsteen ( “My Father’s House”)Dave Alvin  (“Harlan County Line”) , de nuevo John Hiatt  (“Have a Little Faith In Me”)  y Hozier  (“The Arsonist’s Lullaby”). Hoy le toca el turno a Sarah Jaffe: Watch Me Fall Apart, que significa algo así como “mira cómo me derrumbo”.

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Sarah Jaffe (1986) es una cantautora texana cuya sensibilidad y melancolía son abrumadoras. Todas sus canciones muestran una profundidad extraña en la mayoría de la música que nos rodea. En este caso, nos cuenta la historia de una persona, cercana a la depresión o que atraviesa una depresión clínica, pero ¿quién no se ha sentido vacío alguna vez? ¿Alejado del mundo? ¿Paralizado por los errores del pasado? Es difícil expresar en palabras los sentimientos de miedo, de culpa, la sensación de estar fuera de uno mismo, de ver cómo los demás no pueden hacer nada para salvarte de ti mismo. O como dijo Anaïs Nin: “no podemos salvar a nadie. Sólo podemos amarlo”. Sin embargo, Jaffe adora la vida, como ella misma dice, y a través de esas palabras tan tristes y de una profunda voz consigue revelar que merece la pena seguir.

Decidme qué os parece: bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

 

Sarah Jaffe. Watch Me Fall Apart

You said once you were sad
But i don’t believe you
You’re too simple in the head
For pain to please you
There are days when you feel good
And days when you feel nothing at all

But there is no inbetween
And is that, that kills you
Cause you don’t know what to do
Which page to thumb through
On all of my failures i’ve leaned
But with god as my witness i fall

Oh one by one they watch me fall apart
Oh one by one they watch me fall apart

Forgive me i’m empty
And i want you to need me
Your assurance is a game
And i’m always bluffing
Like suburban nature
I’ve separated myself

But i’ll kindly grip my teeth
Swallow and bury it
Unsettled and anxious
And now i’m careless
And i’m swearing in my sleep
Cursing as the day, as it goes by

Oh one by one they watch me fall apart
Oh one by one they watch me fall apart

Sarah Jaffe. Watch Me Fall Apart.

Traducción Berta Delgado Melgosa

Dijiste una vez que estabas triste
pero no te creo
eres demasiado simple
como para que te guste el dolor
Hay días que te sientes bien
y días que no sientes nada en absoluto

Pero no hay nada entremedias
y eso es lo que te mata
porque no sabes qué hacer
a qué página echar un vistazo
he desgranado todos mis errores
me derrumbo con Dios como testigo

Oh uno a uno ven cómo me derrumbo
Oh uno a uno ven cómo me derrumbo

Perdóname estoy vacío
quiero que me necesites
tu seguridad es un juego
siempre voy de farol
como la naturaleza suburbana
me he separado de mí mismo

pero me agarro los dientes con cuidado
los trago y los entierro
inquieto y ansioso
y ahora descuidado
juro en mis sueños
y juro durante el día hasta que se acaba

Oh  uno a uno ven cómo me derrumbo
Oh uno a uno ven cómo me derrumbo

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BRUCE SPRINGSTEEN: “MY FATHER’S HOUSE”

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Tras “Out Among the Stars” de Johnny Cash y “Nobody Knows His Name” de John Hiatt vamos a hablar de otro de los grandes: Bruce Springsteen, que no es para mí un artista cualquiera. Me ha influido más que ninguna otra persona, quizá porque lo escuché desde mi adolescencia.

En primer lugar, por estudiar inglés para entender sus canciones y por el que terminé teniendo acento americano sin haber pisado Estados Unidos. Más tarde, sus letras y el revival patriotero que Reagan hizo de “Born in the USA” me llevaron a replantearme qué sucedió en Vietnam y estructuré mi tesis doctoral alrededor de ese conflicto, aunque estudié la novela chicana para ello.

Y, por último, y no menos importante, sus letras hablaban de lo que ahora sé que se llama working class, la clase trabajadora, los curritos que diríamos en España. Los perdedores en sentido calvinista, los millones de pobres que mal viven en la tierra de las oportunidades edificada sobre una masacre. Despertó mi sentido crítico y asentó lo que luego he buscado en tantos escritores que hablan de las personas invisibles.

Podría seguir horas hablando del Boss, pero hoy os quiero dejar una muestra, probablemente de su último gran LP. Lo que hace últimamente no me gusta mucho porque ya no ha vuelto a sacar un acústico como Nebraska, álbum al que pertenece “La casa de mi padre /My Father’s House”. Es una canción lejos de la verborrea de sus primeros trabajos (mis favoritos) y de las melifluas canciones actuales. Para todos los que creais que su sonido es un exceso, volved los ojos a sus letras. Ésta no es ni su mejor canción ni mi favorita, pero cuenta la historia de un chico que va a buscar a su padre, a sí mismo, va en busca de perdón, de la expiación, con un gran lirismo. Dice sin decir lo que nos faltó contar a esa persona que queríamos a pesar de todo. Las relaciones familiares, el dolor de las ausencias, las separaciones, la ira y el dolor expresado en una casa como metáfora, el símbolo de nuestra propia decadencia.

My Father’s House

Bruce Springsteen. Nebraska

Last night i dreamed that i was a child
Out where the pines grow wild and tall
I was trying to make it home through the forest
Before the darkness falls

I heard the wind rustling through the trees
And ghostly voices rose from the fields
I ran with my heart pounding down that broken path
With the devil snappin’ at my heels

I broke through the trees, and there in the night
My father’s house stood shining hard and bright
The branches and brambles tore my clothes and scratched my arms
But i ran till i fell, shaking in his arms

I awoke and i imagined the hard things that pulled us apart
Will never again, sir, tear us from each other’s hearts
I got dressed, and to that house i did ride
From out on the road, i could see its windows shining in light

I walked up the steps and stood on the porch
A woman i didn’t recognize came and spoke to me through a chained door
I told her my story, and who i’d come for
She said “i’m sorry, son, but no one by that name lives here anymore”

My father’s house shines hard and bright
It stands like a beacon calling me in the night
Calling and calling, so cold and alone
Shining `cross this dark highway where our sins lie unatoned

La traducción es de Alberto Manzano, Robert Manheimer y Robert Long.

La casa de mi padre

Anoche soñé que yo era un niño
allí donde los pinos crecen libres y altos
antes de que cayera la oscuridad

Oía el viento susurrando entre los árboles y voces espectrales surgiendo de los campos
Corriendo por ese accidentado camino con el corazón golpeándome
 y el diablo mordiéndome los talones

Me abrí paso entre los árboles y allí en la noche
estaba la casa de mi padre estaba brillando con fuerza, las ramas y las zarzas desgarraban mi ropa y arañaban mis brazos
Pero corrí hasta que caí temblando en sus brazos

Me desperté pensando que las duras cosas que nos separaban
no volverían a desgarrar nunca más nuestros corazones
Me vestí y cogí el coche hacia esa casa desde la carretera vi las luces brillando en las ventanas

Subí la escalera y esperé en el portal una mujer a la que no reconocí salió y me habló a través de la puerta encadenada
le conté mi historia y por quién estaba allí
me dijo: “lo siento, hijo, pero nadie con ese nombre vive ya aquí”

La casa de mi padre brilla con fuerza  permanece como un faro llamándome en la noche    llamándome y llamándome, tan fría y solitaria brillando al otro lado de esta oscura autopista donde nuestros pecados yacen sin expirar.

 

HEINRICH BÖLL: LOS SILENCIOS DEL DR. MURKE

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Heinrich Böll (Colonia 1917-1985) es mi autor favorito. Hay otros, por supuesto, ahora me vienen a la cabeza unos cuantos: Raymond Carver y  Anton Chéjov. (Todo el mundo dice estos nombres, muchas veces sin conocimiento). John Fante, Alistair Macleod y John Cheever. (Mis infinitas reverencias). Miguel Delibes, Jesús Ferrero, Alfredo Conde e Ignacio Vidal-Folch (increíbles…no suficientemente reconocidos). Yasunari Kawabata y James Joyce (tan personales). Hay más, habrá muchos más, pero esto es como los amantes, siempre hay alguien especial, más especial.

Böll consiguó el Premio Nobel de Literatura en 1972, en mi opinión, uno de los que se lo merecen. Por mí, como si no hubiera ganado ni un concurso de rimas en su pueblo, pero así puedo encontrar su obra completa.  Era católico, a veces un poco pesado con la religión, pero es que era de otra época, es que las guerras mundiales no daban tiempo a las personas para saber quién tenía el palito de selfie más largo. No había tiempo, las personas, no los personajes que creamos en las redes sociales, tenían hambre, frío y necesidades más evidentes que mirarse el ombligo. Ahora también, quizá, más, pero mentimos de otra manera. Ahora los jóvenes judíos se hacen fotos en los campos de concentración. Böll luchaba contra las contaminaciones ideológicas que dieran lugar a otra catástrofe como el régimen hitleriano. Böll tenía un deber moral con la sociedad. Retrata esa sociedad y lo más detestable de esa sociedad con una naturalidad que duele. Es dulce y, a la vez, despiadado. No es un charlatán, no es un predicador, es un mago al que no le gustan los trucos.

Os iré hablando de sus obras, como Opiniones de un payaso, El honor perdido de Katharina Blum, Billar a las nueve y media, Retrato de grupo sin señora… es decir, todas. Es mi autor favorito, ¿os lo había dicho? Pero hoy quería hablaros de Los silencios del Dr. Murke, una de las obras qué más ha influido en mi nuevo proyecto junto a masLucena, que dentro de poco podréis degustar. Los silencios del Dr. Murke son relatos de corte absurdo, satírico y sarcástico. Analizan el pasado de Alemania, el milagro económico, la soledad, los usos y costumbres, que el fin no justifica los medios o la frontera de la cordura y el desequilibrio mental.

Cuando termino un libro de Böll siempre querría haberlo escrito. Como siempre os digo si queréis pasar el rato, si sólo queréis leer para pasar el rato, no léais ninguno de los autores que os he mencionado. A Böll menos que ningún otro.

 

 

 

JOHN HIATT: “NOBODY KNEW HIS NAME”

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Continuamos con la estela de canciones que, en mi opinión, deberían aparecer en compilaciones de grandes relatos. Tras Johnny Cash y “Out Among the Stars”, hoy le toca el turno a John Hiatt. Qué grande es. He escogido mi canción favorita del ábum Terms of My Surrender: “Nobody Knew His Name”, nadie sabía su nombre. Con el título en pasado ya os podéis imaginar que esto no acaba bien. Hiatt establece un diálogo y nos cuenta la historia a pedazos (lo que en narrativa se llama fragmentarismo) de un hombre anónimo, ya destrozado desde que fue a Vietnam, cuyas heridas no han terminado de cicatrizar y que acaba de perder a su amor. Se busca la vida, para lo que se nos dan pinceladas de trapicheos ¿peleas de perros?, borracheras de whiskey y la soledad de una carretera vacía. No faltan el Cadillac o el sheriff y, no obstante, me he visto incapaz de traducir el lirismo de una letra excepcional. Hiatt ha retratado en cuatro minutos lo que tantos escritorzuchos han intentado al hablar del sueño americano, de la esperanza rota y de las vidas de los que están al margen de la sociedad, a través de un veterano y de todos los clichés que nos han proporcionado otras tantas películas. Y, sin embargo, es tan honesto que abruma. Como si hubiera escrito la historia de alguien cercano. Tan cercano, como si hubiera descrito la vida de cualquiera de las personas rotas por esta crisis, salvando las distancias.

Os dejo mi traducción y más abajo la letra original.

Mi traducción:

Había un hombre en un Cadillac que solía pasarse por aquí

en busca de un tren largo y negro

dijo que su chica se había ido de la ciudad con un ingeniero
ataja la lluvia de medianoche, chicos
atraviesa la lluvia de medianoche

Todo el mundo dijo que había estado en Vietnam
cuando era muy joven
donde su colega se mató al encasquillarse el rifle
la pelea nunca acaba, chicos
la pelea nunca acaba

Estribillo:

Brilla roja la punta del cigarro
las ventanillas compiten con la lluvia
la noche es tan oscura que no se ve nada más
nadie sabía su nombre, chicos
nadie sabía su nombre

El sheriff le echaba de vez en cuando
pero él volvería
con una taza de café y sus viejos ojos de periódico
sentado junto a las vías del tren, chicos
llorando junto a las vías del tren

Intentaría no tirar las mesas
los caballos caminan a las afueras de Suffolk Downs
pero siempre había algo de whiskey en los establos
si sabías dónde buscar, chicos
si sabías dónde buscar

Estribillo

Pizza y cerveza en Waterfront Park
incapacitar perros para la clientela
algo diferente para cada uno, no importaba quién ganara
alguien le aconsejaría bien, chicos
alguien le aconsejaría bien

Le encontraron en su Cadillac
detrás del viejo almacén
estaba sentado como si fuera a ir a alguna parte
y no iba a volver, chicos

no iba a volver.

LYRICS:

There was a man in the Cadillac used to come around here
Looking for a long black train
Said his baby left town with the engineer
Cut across the midnight rain, boys
Straight across the midnight rain

Everybody said he’d been in Vietnam
When he was pretty young
That’s where his buddy got killed when his rifle jammed
Fightin’ ain’t never done, boys
Fightin’ ain’t never done

Chorus:
Red tip of a cigarette glowin’
Windows up against the rain
Night so dark there was nothin’ else showin’
Nobody knew his name, boys
Nobody knew his name

Sheriff run him off every once and awhile
But he would be right back
With a cup of coffee and old newspaper eyes
Sittin’ by the side of the tracks, boys
Cryin’ by the side of the tracks

He’d try to keep from turnin’ the tables
Hot walkin’ horses out at Suffolk Downs
But there was always some whiskey back at the stables
If you knew where to look around, boys
If you knew where to look around

Chorus

Slingin’ pizza and beer down at Waterfront Park
Handicappin’ dogs for the clientele
A different pick for each one, it didn’t matter who won
Somebody gonna tip him well, boys
Somebody gonna tip him well

They found him in his Cadillac car
Out behind the old farm store
He was sittin’ there like he was goin’ somewhere
And he wasn’t comin’ back no more, boys
He wasn’t comin’ back no more

AKUTAGAWA RYUNOSUKE: VIDA DE UN IDIOTA Y OTRAS CONFESIONES

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“Es que no hay nadie que me haga el favor de venir y estrangularme silenciosamente mientras duermo?”. Si creéis que este pensamiento es excesivo para los primeros días del año nuevo, esos momentos tan tiernos en los que creemos que vamos a cambiar en algo o que, al menos, se da la posibilidad de que sucedan cosas positivas, no leáis este libro. Como odio estas fechas, lo acabo de terminar. El prólogo de Carlos Rubio es excepcional, pero os aconsejo que lo leáis después. No hace falta tanta explicación para el desgarrador miedo a la locura. Sufría de alucinaciones, paranoias, era neurasténico e insomne y se suicidó tomando una dosis letal de Veronal (1892-1927).

Su angustia quedó plasmada en los relatos, autobiográficos, de este volumen. Al principio su prosa resulta despegada, como si nos mirara por encima del hombro y resulta algo engreído. Poco a poco, vemos cómo se apodera de él el miedo y, sobre todo, la vergüenza que siente por ser hijo de una demente, por su propia locura y nos lo intenta explicar, con una sinceridad abrumadora, para lo que baja de su pedestal. Somos los confidentes de sus visiones, de sus pensamientos más extremos.
El hecho de que no tolerara la luz del sol podemos tomarlo como una metáfora, ya que dejó de soportar la vida e intenta acercarnos a las simples y tristemente complejas explicaciones de un suicida. Es un libro que considero imprescindible siendo, como soy, una admiradora de la literatura japonesa. Encuentro, una relación con Kenzaburo Oe (os dejo un enlace a una de mis entradas) y el reflejo en papel de las visiones propias de la demencia.
Vida de un idiota y otras confesiones es un libro meláncolico que bebe de Goethe, Anatole France o Strindberg, los ídolos del autor y, sobre todo, del Raskolnikov de Dostoievski. Sin embargo, Ryunosuke no había cometido más crimen que llevar la locura en sus genes pero, claro, no siempre hay un porqué para morir, como tampoco lo hay siempre para vivir.

MIJAÍL BULGÁKOV: MORFINA

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Bulgákov (Kiev 1891- Moscú 1940). Estudió medicina y trabajó como médico rural.  Las inseguridades de un médico joven salen a la luz desde el punto de vista de un hombre que quiere hacer las cosas lo mejor posible para que nadie muera por sus errores. Los cuentos describen, sin autosuficiencia, la situación, lamentable, de los campesinos (los mujiks), la pobreza, el frío y la ignorancia, el tifus y la sífilis. Era 1917 pero la Revolución no llega a todos los puntos de la estepa.

Desde 1921 se instaló en Moscú y colaboró en  numerosos periódicos y revistas. Para entonces, ya había dejado su adicción a la morfina. Este libro de relatos toma el título del último, supongo que porque se te clava como una aguja y se te queda ahí colgando cuando lo terminas. A pesar de que todo el libro está escrito en primera persona, en “Morfina” utiliza la táctica de la lectura de un diario, de un compañero de universidad quien, abandonado por su amor, se abandona a una adicción. La decadencia física y la moral van de la mano y no se olvida de personas que quieren ayudarle, pero el veneno es demasiado fuerte o sus fuerzas son demasiado escasas. Yo creo que quien más quien menos, todos los que han creído alguna vez que no caerían en esas garras deberían leer este cuento (y todos los demás). Porque del mismo modo que no quiere que ninguna parturienta muera por su torpeza, tampoco quiere que nadie se acerque a la morfina, sin saber lo que hay dentro de los cristales que te consumen y que te hacen olvidar que alguien te quiso una vez.

Os dejo un vídeo realizado por otro maestro,  Alberto García-Alix,  que nos intentaba explicar con sus propias imágenes y palabras la heroína, “el limbo que antecede al infierno”. Mientras leía lloraba.

 

LOS QUE SOBREVIVEN NUNCA SON LOS MISMOS: CRÍTICA DE ELENA ARIÑO LECINA

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Elena Ariño Lecina es es orientadora sociolaboral, formadora, bloguera y una de esas pocas personas que te encuentras en la vida: positiva, luchadora, siempre abierta a aprender y emprender nuevos proyectos y a ayudar a los demás. Desde su blog Plan de empleo siempre tiene palabras de ánimo, consejos útiles y collejas si pensamos que sólo los enchufes pueden salvarnos. Aún no tengo el placer de conocer a Elena personalmente, pero a través de LinkedIn encontramos un canal común por el que nos hemos comunicado y aprendido. Así ha llegado Elena a conocer mi libro de relatos LOS QUE SOBREVIVEN NUNCA SON LOS MISMOS. Lo que no sé es si merezco esas palabras. Sólo quiero agradecérselas de corazón, porque son las palabras de alguien que ha leído el libro como yo lo escribí. Haber conseguido mi propósito me llena de orgullo. Espero no tener que tragármelo porque ya estoy acabando mi próximo proyecto. Tengo la esperanza de no decepcionaros. Gracias por estar ahí ❤

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“Realidad. Los relatos que Berta Delgado Melgosa nos lanza a la cara son raciones de realidad, claros, directos, perfectos. De una belleza fría, que nos traspasa, que nos sorprende, pues aunque no lo parezcan, aunque cuando empiezan simulan ser un relato con final feliz, no lo son. Son realidad, la realidad nada bondadosa, nada engañosa, la que nos pasa a todos, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestra familia.

Los relatos que Berta nos muestra como una ventana a la vida de los otros (o de nosotros) son una colección de perlas. Desde “Las golondrinas no entienden de sarcasmos” o de la metáfora del calamar y el tiburón hasta “Rusia será hermosa” o de cómo la adaptación de un libro es una alegoría en sí misma, todos y cada uno de ellos nos muestran lo (in)esperado al levantar la cubierta. Con una redacción cuidada, directa, suave en ocasiones, alegórica en muchas y sincera siempre, nos asomamos a unas vidas complejas, a unos personajes intrincados y a unas historias con un aire taciturno pero que, sorprendentemente, pueden llegar a tener un toque de luminosidad, pero siempre con cierto sarcasmo sutil que sobrevuela en todos y cada uno de los relatos.

Los que sobreviven nunca son los mismos es un libro de la realidad, es un cúmulo de vidas recogidas en forma de relatos en los cual puedes verte reflejado, o a cualquier persona de tu entorno más cercano. Y ahí es donde radica la auténtica belleza del libro, esa capacidad de tornar la realidad en algo inesperado. Los que sobreviven… es un ensayo de la vida redactado con agilidad, afilado a la vez que resplandeciente… de los que dejan huella.”

Elena Ariño Lecina

YASUNARI KAWABATA: HISTORIAS DE LA PALMA DE LA MANO

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Con toda seguridad, Yasunari Kawabata es uno de mis referentes. Sus narraciones consiguen una mezcla de emociones que van desde el estremecimiento, la tristeza y el asco al miedo. Miedo de lo que el ser humano es capaz, de lo que se esconde en los entresijos de cada uno. Huérfano, insomne, cineasta en su juventud, fue amigo de Yukio Mishima y Premio Nobel en 1968. La soledad, el erotismo y la muerte son, quizás, los ejes que gobiernan el mundo de sus personajes, junto con la dulzura y la profunda comprensión del mundo que escondemos tras las apariencias. Aunque La casa de las bellas durmientes me causó una profunda impresión, no es una obra que pueda agradar a tod@s, así que os presento Historias de la palma de la mano. Son 146 relatos, muy breves, escritos entre 1921 y 1972. “Muchos escritores, en su juventud, escriben poesía. Yo, en lugar de poesía, escribí los relatos que caben en la palma de la mano. […] El espíritu poético de mi juventud vive en ellos.”

En este volumen encontramos una selección de 70 relatos que nos sumerjen en un mundo de símbolos escondidos en objetos cotidianos. De héroes que desaparecen en el anonimato, de la delicadeza de las pequeñas cosas y de la belleza del mundo natural no estropeado aún por el hombre. A veces sus relatos esconden fábulas y lecciones para lo que podría ser un mundo mejor. Pero, mientras ese mundo llega, podemos disfrutar de la dureza de sus hermosas palabras.

 

CARLOS PALANCO VÁZQUEZ: LAS TRES LLAVES

CARLOS PALANCO

Soy una viróloga frustrada y una psiquiatra frustrada o puede que frustrada a secas porque mi cerebro  no puede procesar ni entender, a partes iguales, la medicina y la literatura y eso me gustaría, pero uno tiene que ser consciente de sus limitaciones por lo que me he limitado a leer con gusto a grandes figuras de la medicina española como Ramón y Cajal, Gregorio Marañón o mi favorito Carlos Castilla del Pino,  estos últimos también académicos de la lengua. Cada uno, a su manera, tiene una visión del ser humano en su totalidad. Es decir, las personas no sólo son lo que son por fuera, lo que podemos ver todos, sino también los tejidos, las células, las neuronas y todas nuestras pequeñas miserias, que suelen estar muy adentro y nada mejor que el estudio de los personajes y las obras literarias para tratar de entender lo que somos y cómo somos, cosa que Freud (otro de mis favoritos) bordaba.

Carlos Palanco Vázquez, cardiólogo y autor de la novela Las tres llaves (ViveLibro, 2014) pertenece a esa familia de científicos que no se quieren alejar de los seres humanos cuando llegan a casa y nos ha dejado esta primera novela en la que nos ha dado su cosmovisión, con la que yo comulgo, aunque a veces sea tan tan difícil. Las tres llaves es una novela de aventuras con un misterio por resolver, que no os voy contar, claro. Carlos maneja perfectamente la trama y lleva al lector de la mano para que siga leyendo con buen ritmo, diálogos creíbles y personajes que cambian a medida que se suceden los acontecimientos. No descubro nada al deciros que escribir una novela es muy complejo pero que Carlos ha logrado dar con la conjunción de todas las claves para, además de conseguir manejar con precisión de cirujano los entresijos técnicos, meter una cuñita con su personalidad y la visión que tiene de la vida al mandarnos un mensaje que puede cambiar el mundo. Conozco perfectamente la distinción que se debe hacer entre autor y narrador. También sé que el autor no está en todos los personajes o en todas las frases, pero las primeras obras siempre llevan mucho de uno mismo, luego sólo se disimula mejor.

Marcos, el personaje aburrido, de rutinas y sin alicientes se convierte en un intrépido hombre que se come la vida mientras busca la verdad vital junto a María, que aparece por casualidad. Se le define como un personaje solitario, pero yo no estoy de acuerdo. Estar solo en un momento de tu vida no es ser solitario. La soledad no es desidia, ni apatía, ni desencanto por la vida, ni aburrimiento. Y no sabéis cuánto me alegro de que la definición de la novela no se ajuste con lo que yo pienso, porque la melancolía, algo similar a la tristeza, es un vicio (ahora no recuerdo quién lo definió así), es una especie de vacío o una oscuridad que diría Johnny Cash*. Es algo que uno siente o no, quizá un tipo de patología que muchas veces no se cura con amigos o amantes. Sólo se acentúa si esos amigos te faltan o desaparecen. Si oís la canción de Cash para algunos será aburridísima y a otros os pondrá los pelos de punta y os hará llorar.

Sin duda, es algo contra lo que hay que luchar, hay que esforzarse y hay que poner de tu parte, como nos explica el autor, para no vernos en esa situación. Aceptar los sinsabores, los tropiezos y volver a levantarse. Siempre es así y no hay muchas más opciones, porque siempre vale la pena algo en nuestra vida aunque hoy no sepamos verlo. Quizá yo he querido decir lo mismo en mi libro de relatos Los que sobreviven nunca son los mismos, pero desde ese otro lado que no todo el mundo descubre, menos mal. Carlos Palanco nos muestra el lado menos amargo de la vida, aunque sin enmascarar que somos los protagonistas de nuestra propia existencia y que no debemos echar las culpas a nadie. Mejor coger el toro por los cuernos que dejarnos desangrar poco a poco.

No obstante, espero mucho más de Carlos Palanco. Esta novela es sólo es principio de lo que el talento natural de Carlos, unido a una inmensa capacidad de trabajo y humildad pueden hacer. La sencillez que se respira en su novela no debe hacernos pensar que haberla escrito y escrito así de bien es fácil. La grandeza de los grandes es hacer fácil lo difícil, con palabras claras y sin vanagloriarse. Su afán de superación hará el resto y espero que podamos disfrutar sus nuevos retos literarios, muy pronto.

 

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* I See a Darkness, versión de Bonnie Prince Billy.

RAINER MARIA RILKE: LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIDGGE

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El estado anímico del artista. En mi entrada sobre Milan Kundera y el libro de los amores ridículos sólo daba una pincelada al respecto, pero creo que merece un poco más de atención. No hay que estar ni contento ni triste, hay que haber vivido y revivir las experiencias. Por supuesto hay una relación entre genio y locura pero no sólo eso. Los artistas son hiperestésicos y absorben su alrededor. Lo de los niños prodigio lo dejamos para otra ocasión. Os dejo con Rilke que lo explica de una manera maravillosa.

“Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida; y despues, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las flores al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo que se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aclarado aún; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría hecha para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que volaban muy alto y temblaban con todas las estrellas…y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en los que ninguna se parece a la otra; de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes recién paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que llegan a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar a que vuelvan. Pues los recuerdos mismos no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos, se eleve la primera palabra de un verso.”