EDUARDO MENDOZA: EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO

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Reconozco que me cuesta vencer reticencias iniciales al enfrentarme a escritores hacia los que es probable que tenga prejuicios absurdos. Menos mal que para eso cuento con buenos amigos que me ayudan a no ser tan pacata. En el caso que nos ocupa, no era una cuestión de prejuicios sino de falta de ganas de abordar las obras de este escritor, que en noviembre de 2016 se hizo con el Premio Cervantes.

No os puedo hablar del porqué no me ha apetecido asomarme a sus novelas, pero ya hemos puesto remedio con El asombroso viaje de Pomponio Flato, obra ambientada en Palestina (y no en Barcelona como suele, él y la mayoría de los escritores españoles actuales, muchos catalanes, lo que es de agradecer). Escoge el siglo I y donde se cuentan los azares de este romano al que contrata el niño Jesús para que salve la vida de su padre José, que ha sido condenado por la muerte del rico Epulón. Como podéis ver, utiliza personajes históricos a su antojo, sin rigor y sin rubor, para adentrarse en el género policíaco. Con todo, ni el género histórico ni el policíaco son los más importantes aquí, ya que la sátira y con ella el humor del que hace gala en todo el texto, es lo más representativo del mismo.

Precisamente el humor comienza en el lenguaje y se traslada a los hechos narrados. Manipula ese lenguaje mediante cultismos, pedanterías y dobles sentidos, pues el lector traslada de manera inconsciente lo que lee a la actualidad y a sus propios conocimientos bíblicos e históricos, y por eso es difícil no reírse con esta obra. El hecho de que Pomponio esté utilizando el recurso de escribir una carta, a Fabio una vez más, (hablamos ya de La Epístola moral a Fabio en la entrada de Jesús Ferrero sobre Eros Y Misos) nos lleva a ese conocimiento que pueden tener algunos lectores. Es un recurso clásico bien utilizado.

Mendoza ha publicado diversas obras dentro del género detectivesco protagonizado por personajes marginales, también mezclados con la parodia como la saga El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas  (1982), el tercer volumen, La aventura del tocador de señoras (1982) y el último publicado en 2012 El enredo de la bolsa y la vida. Así pues, ha repetido con esta mezcla de géneros una fórmula que le va muy bien. En este caso en concreto, se evidencia el espíritu crítico de esta novela frente a los grandes e infames bestsellers pseudohistóricos como El código Da Vinci  de Dan Brown o El Ocho de Katherine Neville.

Es posible, como he leído, que la obra de Mendoza se divida en grandes obras como La verdad sobre el caso Savolta (1975), su primera novela o La ciudad de los prodigios (1986) y luego las obras menores como las arriba mencionadas. En cualquier caso, su técnica es excelente porque parece fácil lo que hace y es extremadamente complicado crear un tono satírico, mantenerlo toda la novela sin que el lector se aburra o pierda la sonrisa. ¿Si recomiendo a Mendoza? Sí. Lo más probable es que me adentre en su ensayo sobre Baroja, Baroja la contradicción (2001). Lo bueno de los grandes escritores es que puedes elegir entre sus distintas obras.   

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THOMAS BERNHARD: SÍ

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Os comparto mi último artículo para Opulix. Aquí tenéis el enlace. Un placer, como siempre. ❤

Thomas Bernhard es uno de esos escritores que no conviene perder de vista dada su entidad. es una novela corta narrada en primera persona. En realidad, es el monólogo de un demente, un soliloquio neurótico de un hombre que intenta poner en claro dónde se encuentra física y mentalmente. Sólo su amigo Moritz cuenta con entidad suficiente para tener un nombre, pues fue el agente inmobiliario que le vendió una propiedad cochambrosa donde realizar sus estudios que, con el tiempo, se fueron convirtiendo en una obsesión, a la vez que se alejaba más y más de otras personas. Cuando la comunicación parecía imposible surge una chispa de luz a raíz del encuentro con la Persa, una mujer igualmente rota, que aparece en el pueblo.

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La narración es impresionante y transcurre lenta, opresiva y absurda hasta la mitad, en la que la mente del protagonista trascurre veloz y sin rumbo. Los temas presentados son la soledad, la imposibilidad de la comunicación y la locura. El lector se inmiscuye en los más oscuros pensamientos del protagonista y siente el mismo rechazo que la Persa hacia él y viceversa. Porque cuando el ser humano no es capaz de comprenderse se aleja irremediablemente de los demás, sobre todo si reconocen la locura en el otro. Aquella afirmación de Plauto, homo homini lupus popularizada por Hobbes en el siglo XVIII, “el hombre es un lobo para el hombre”, se vuelve más cierta si cabe, pues el egoísmo del protagonista, que ha dedicado su vida a los estudios vanos, le ha llevado a un lugar ignoto del que es difícil volver. Ese lugar es la demencia.

Todo en el libro nos conduce al mismo sentir y padecimientos de los personajes a través de una caracterización audaz y una atmósfera cargada de viento, frío, oscuridad y humedad, un paraje agreste e insolidario que los deshumaniza aún más. El descenso a la locura y su forma de abordarla roza la genialidad y recuerda a otro austriaco insigne como fue Franz Kafka.

El pesimismo de Bernhard puede estar debido a una infancia con grandes carencias económicas y afectivas unidas a sus problemas crónicos de salud. Su obra es considerable e incluye obras teatrales, libros breves o autobiográficos y distintas novelas entre las que destacamos Helada (1964), Trastorno (1967), La calera (1970) o Corrección (1975), probablemente la más famosa, que aborda los motivos del suicidio de un arquitecto patológicamente perfeccionista autor de una estructura aislada en la mitad de un bosque, lo que tiene cierta relación con la novela que nos ocupa. Destacamos también El malogrado (1983), centrada en el fracaso de un estudiante de piano en contacto con un genio, que es un estudio sobre las limitaciones humanas.

En , no parece sentir piedad por los personajes retratados y nos aproxima a una realidad descarnada del propio ser humano. La intensidad de su prosa y su impresionante habilidad técnica hacen de Bernhard un escritor al que leer en profundidad.

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JESÚS FERRERO: LAS EXPERIENCIAS DEL DESEO. EROS Y MISOS

 

 

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En esta fotografía Jesús Ferrero, uno de mis escritores favoritos, me recuerda al brujo Aleister Crowley (1875-1947). Supongo, que estaréis de acuerdo (ver foto más abajo). A este hombre le apodaban La Gran Bestia 666, fue un influyente ocultista, místico, alquimista, escritor, poeta, pintor y mago ceremonial inglés. Hoy en día es conocido por sus escritos sobre magia, creo recordar que negra. Estoy absolutamente convencida que Ferrero no es desconocedor del británico pero, aunque no pretendía comparar sus obras, sí diré que el ensayo de Ferrero, Las experiencias del deseo. Eros y Misos, libro del que está muy orgulloso y que considera su mejor obra, explica, una vez más, que lo uno no es sino por su contrario. Sin magia negra no hay magia blanca, ni día sin  noche y así ad infinitum.

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La cita que aparece en el inicio sigue en la senda del título y pertenece a Andrés Fernández de Andrada (1575-1648), Epístola moral a Fabio, cumbre de la poesía clásica española por su perfección, en la que reflexiona sobre la brevedad de la vida y la condición humana. La cita es la siguiente:

Esta invasión terrible e importuna

de contrarios sucesos nos espera

desde el primer sollozo de la cuna.

Así pues, nuestra vida está tomada por la sucesión de contrarios que nos dominan. Ferrero nos explica que, desde nuestro nacimiento deberemos tornar el dolor en placer o no podremos soportar la vida. El amor (Eros) y el odio (Misos) y las experiencias derivadas de ambas fuerzas dirigen nuestra existencia siendo el propósito del autor arrojar un poco de luz ante las pasiones, muchas veces entendidas como enfermedades, que nos rodean y no terminamos de comprender. Algunas vienen de antiguo como la envidia, otras nos parecen más modernas como la anorexia que, sin embargo, entronca con los ayunos de antiguos místicos y anacoretas.

El deseo como motor del hombre tiene un papel esencial en el libro, en el prólogo y el epílogo, aunque en éste también habla sobre la vida y el universo. Las otras cuatro partes se dividen en las experiencias del Eros a uno mismo: narcisismo, egoísmo y egolatría, idiotez, autocomplacencia y vanidad, orgullo, soberbia y arrogancia. Las derivadas de Eros al otro son: la gula, codicia y avaricia, admiración e idiolatría, sexo, amor a los objetos, ambición, amor al saber, a la especie. Pero también el contrario y, quizá, la mejor parte del libro, las experiencias derivadas del Misos a uno mismo: temeridad y destino, masoquismo, anorexia y anacoretismo, aburrimiento, hastío y tedio, drogadicción, vergüenza y culpa, ansiedad, angustia y desesperación y la locura negra: melancolía y depresión. Las derivadas del odio al otro son las siguientes: misantropía, agorafobia y claustrofobia, envidia, el miedo y el terror, los celos, resentimiento y rencor, venganza, sadismo, pasión por el poder, el asesinato y la guerra.

Ferrero es filósofo pero éste no es un ensayo complejo, la estructura es simple, lo difícil es entender que la vida es un juego de contrarios, algo que los antiguos sabían muy bien y que nosostros debemos recordar y no juzgar y, menos aún, con los ojos de la religión. En esta obra no hay pecado ni virtud, ni positivo ni negativo, porque todo es como tiene que ser, lo uno y su opuesto, ya que trata de las experiencias del deseo que actúa de motor. ¿Dónde están los límites, cuáles son pasiones y cuáles patologías? Esas preguntas no tienen cabida aquí. Es una exposición clara y concisa, demasiado quizá, sobre lo que no solemos pararnos a pensar. Imprescindible.

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KIRMEN URIBE: BILBAO-NEW YORK- BILBAO

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Las ciudades las hacen las personas y cuando esas personas se sienten orgullosas de sus ciudades, éstas suelen ejercer una extraña fascinación en los demás, que empezamos a verlas de otra manera, sintiendo sus raíces y su alma. Eso me sucede a mí con Bilbao, os dejo aquí una foto que hice en el puerto, porque en Bilbao, sobre todo, se habla del mar.

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Kirmen Uribe se licenció en Filología Vasca y cursó estudios de postgrado de Literatura Comparada en Trento, disciplina en la que yo me doctoré y como también soy filóloga y una enamorada de Bizkaia, quizá sólo era cuestión de tiempo que me acercara a su obra. Con Bilbao-New York-Bilbao, consiguió el Premio Nacional de la Crítica en euskera en 2008 y en 2009 el Premio Nacional de Literatura, el de la Fundación Ramón Rubial y el del Gremio de Libreros de Euskadi. Luego se tradujo al castellano, gallego y catalán, aunque sus obras están traducidas a catorce idiomas, incluidos inglés, francés, ruso y japonés.

Nació en Ondarroa, en una familia vinculada a la pesca, lo que motivó que quisiera narrar de una manera sencilla pero original la historia de tres generaciones, a través de relatos familiares, de pedazos, realmente, a la vez que nos explica el proceso de escritura de la misma durante el vuelo ficcional del autor entre el aeropuerto de Bilbao y el de Nueva York. Utiliza, cartas, emails, poemas e, incluso, se incluye un mural del pintor Arteta, relacionado con la familia Bastida. No hay, pues, una trama sino los recuerdos que van y vienen de Ondarroa, sus vivencias y las historias intercaladas y paralelas, digresiones y comentarios sobre las cosas más variadas, sobre gastronomía, sobre la verdadera amistad, la guerra civil o el Athletic.

Una de las razones por las que he escogido leer esta obra es porque el género de la autoficción está de moda, aunque no tiene nada de nuevo. El problema, creo yo, es querer ser moderno con algo tan viejo como la autobiografía, que hay que recordar, nunca puede, ni debe, ser objetiva. Lo mejor es haberme encontrado con un relato muy sincero, donde se percibe el amor a su tierra.

Las historias que nos cuenta Uribe, hay que enmarcarlas también en la gran tradición oral de la historia de Euskadi, sus leyendas y la forma de ser sobria y parca, pero siempre amigable y leal de sus habitantes. No sólo son amenas sino que enseñan aspectos de la tradición que quedarían aparcados de otro modo. El autor, con esta obra, pone también de relieve la importancia de las historias que conforman la vida del futuro escritor, que siempre bebe de las historias que le han contado y de las que intuye y se imagina. En resumen, un libro que se lee de un tirón y que recrea de una manera admirable lo mejor del pueblo vasco.

Espero vuestros comentarios bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

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BERTA DELGADO MELGOSA: “MATAPERROS”

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© Foto masLucena

Gracias ❤ El día 5 hará tres años que publiqué Los que sobreviven nunca son los mismos. Por eso quería haceros un pequeño regalo, uno de los relatos de aquel libro, “Mataperros“. En España solemos decir “maté un perro y me llamaron mataperros”, eso quiere decir que haces algo una sola vez y te ponen la etiqueta de lo que hiciste. Ya he escrito varios libros pero podéis ponerme las etiquetas que queráis. Espero vuestras críticas corrosivas, destructivas y de las otras 🙂 Y gracias otra vez por estar ahí. En breve tendréis noticias de mi primera novela. ❤

MATAPERROS

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© Foto Berta Delgado Melgosa

Manuel Torralba cierra sus libros, guarda sus apuntes y sale del aula apresurado y cabizbajo. Cada día odia más dar clase y su horario de trabajo se le hace interminable por lo que mira al reloj de continuo. Es capaz de hablar y ver, a un tiempo, cómo transcurre cada penoso minuto dividido a su vez en centésimas y milésimas de segundo, momentos que, con los años, se han convertido en angustiosos. Repite una y otra vez las mismas afirmaciones y cuenta las mismas anécdotas que han terminado desgastadas en un vano intento de que esos pencos (que no terminan de crecer y que cada año le tratan peor) salgan de su ignorancia por un rato, pero ya lo da por imposible. Para todos ellos, que viven al margen de lo que él considera importante, siempre inmersos en estupideces y trivialidades la vida les resulta una aventura hedonista. Pero Manuel no concibe la vida como placentera, simplemente no ha pensado en disfrutar. El placer no tiene que ver con su trabajo, desde luego. Tampoco muestra un interés desmedido por nada, lo que se refleja en las arrugas de su frente y la pequeñez de sus ojos fríos y de mirada adusta. Quizá sus plantas le arrebaten pequeños momentos de entusiasmo. Cuando las ve crecer, las poda o realiza los injertos se da cuenta de lo lejos que se encuentra de sus primeros años en el instituto y se lamenta de no haber vivido la vida que siempre quiso y que ha quedado con un vago sueño que se funde, nada más despertar, en la rutina más fastidiosa.

Manuel sale del instituto, como cada día, tieso como un palo. Sus alumnos lo imitan y se ríen de él abiertamente. Aunque en el fondo sienten lástima, no tratan de disimular que no sienten hacia él ningún respeto.

Esa tarde Manuel se dirige a su casa y preparará la maleta pues irá a ver a una vieja amiga a Madrid. Ni le apetece ni todo lo contrario, pero hace tanto tiempo que no la ve y que no hace nada interesante… Vencer la indomable pereza y coger un tren le hará bien. Al ver pasar los árboles, las tierras de labranza de colores ocres y marrones se queda dormido pensando en los domingos en su pueblo natal, en el corral, con el señor Leonardo, que ayudaba a su padre con la faena. Entonces pasaba mucho tiempo solo, subido a los manzanos lleno de arañazos y rozaduras, sentado en el pozo y recogiendo moras. Aquellos años fueron una bonita época. Hace tiempo que no ve a sus padres. Años atrás entraron en una residencia y le parece más cómodo llamar por teléfono. Disgustado por un breve sentimiento de culpa se levanta al oír que llega a su destino. María es una vieja amiga de los años en que estudiaba la oposición. Tuvieron algo que pudo llegar a algo más. Sin embargo, ninguno pareció mostrar la pasión que se presupone en una historia de amor. Quizá fuera eso. Que no era amor.

Manuel se dirige a recoger su bolsa de viaje cercado por estos pensamientos pero no la encuentra. Revuelve los equipajes pero casi todo son maletas. Está seguro de haberla puesto ahí. Casi en un arrebato deja de dudar y se baja del tren, eso sí, con la primera bolsa de viaje que puede. Se dirige a grandes zancadas hacia el recinto de la estación con el corazón latiéndole como nunca en su vida. Baja las escaleras de dos en dos y coge un taxi hacia su hotel. El taxista tiene que preguntarle un par de veces la dirección. Lleva consigo la bolsa, no ha querido dejarla en el maletero. En unos minutos que le parecen horas llega al hotel desde el que se ve el río y sus tranquilas veredas. Se registra lo más rápido que puede y sube a su habitación donde se sienta en la cama sin soltar la bolsa que tiene sobre sus rodillas. No se atreve a abrirla. Un rato más tarde consigue el valor necesario y recorre despacio la cremallera. La dueña es una mujer entrada en carnes, por lo que parece. Blusas grandes y faldas enormes que deja perfectamente dobladas encima de la cama, además de zapatos y una pequeña bolsa de aseo. Cremas y potingues de todo tipo aparecen colocados en un orden perfecto para ocupar el menor espacio posible. Todavía no siente la vergüenza golpear gravemente su conciencia. Ha entrado en un mundo desconocido del que aún tiene mucho que descubrir. Termina de sacar toda la ropa y por último aparecen las medias y un cuadernillo de espiral que había quedado al fondo. Lo deja todo encima de la cama y comienza a hurgarse en la bragueta. Manuel termina tumbado encima de la cama entre las blusas de seda, las faldas de lino y las chaquetas de algodón. Aprecia el tacto de las prendas, huele la ropa interior y siente un profundo placer, en especial, cuando se prueba las medias.

© Berta Delgado Melgosa, Los que sobreviven nunca son los mismos

ELLIOTT SMITH: “A FOND FAREWELL”

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Desde MONÓLOGO INTERIOR venimos diciendo desde hace tiempo que hay grandes historias en muchas canciones como en las de  Johnny Cash (“Out Among The Stars”), John Hiatt (“Nobody Knew His Mame”), Bruce Springsteen ( “My Father’s House”)Dave Alvin  (“Harlan County Line”) , de nuevo John Hiatt  (“Have a Little Faith In Me”) ,Hozier  (“The Arsonist’s Lullaby”) y Sarah Jaffe (Watch Me Fall Apart). Hoy le toca el turno a una canción de Eliott Smith, ” A Fond Farewell”. Smith se hizo famoso cuando su canción Miss Misery, incluida en la banda sonora de la película El increíble Will Hunting, fue candidata a los Óscar como mejor canción original de 1997. Smith luchó contra la depresión, el alcoholismo y la drogadicción durante años, lo que se refleja en sus canciones. Murió en 2003, a los 34 años, de una puñalada en el pecho aparentemente autoinfligida. La canción trata del suicidio y, por favor, no sigáis la traducción al pie de la letra. Es una de esas canciones que no se hace necesario entender lo que dice para sentir lo que expresa. Es poética, pero me ha parecido que es una historia sintética y autobiográfica del dolor psíquico y por eso quería compartirlo con vosotros.

No obstante, yo he conocido a Eliott a través de un disco tributo: Seth Avett & Jessica Lea Mayfield Sing Elliott Smith, que incluye sus canciones más famosas. En el link de Eliott encontraréis la versión original y aquí la versión de esta triste canción, una de las pocas que me ha hecho llorar junto con “Hurt” de Johnny Cash o la versión de Billy Bragg y Wilco de “When Roses Bloom Again”, de la que ya hablaremos.

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Eliott Smith “A Fond Farewell” versión de Seth Avett & Jessica Lea Mayfield

The Litebrite’s now black and white
‘Cos you took apart a picture that wasn’t right
Pitch burning on a shining sheet
The only maker that you want to meet
A dying man in a living room
Whose shadow paces the floor
Who’ll take you out in the open door
This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
It’s not what I’m like
It’s just a fond farewell to a friend
Who couldn’t get things right
A fond farewell to a friend
He said really I just want to dance
Good and evil match perfect, it’s a great romance
And I can deal with some psychic pain
If it’ll slow down my higher brain
Veins full of disappearing ink
Vomiting in your kitchen sink
Disconnecting from the missing link
This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
It’s not what I’m like
I’ts just a fond farewell to a friend
Who couldn’t get things right
A fond farewell to a friend
I see you’re leaving me
And taking up with the enemy
The cold comfort of the in-between
A little less than a human being
A little less than a happy high
A little less than a suicide
The only things that you really tried
This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
It’s not what I’m like
It’s just a fond farewell to a friend
Who couldn’t get things right
A fond farewell to a friend
This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
TRADUCCIÓN Berta Delgado Melgosa
El Litebrite está en blanco y negro
Porque quitaste una imagen que estaba mal
Brea candente en una hoja brillante
El único creador que querrías conocer
Un hombre muere en una sala de estar
Cuya sombra marca el ritmo en el suelo
¿Quién te sacará por la puerta?
Esta no es mi vida
Es una despedida a un amigo
No es como soy
Es una despedida a un amigo
Que no podía hacer las cosas bien
Es una despedida a un amigo
Dijo: “sólo quiero bailar”
Lo bueno y lo malo se unen a la perfección, es un gran romance
Puedo soportar un poco de dolor psíquico
Si fuera más lento mi cerebro superior
Venas llenas de tinta que desaparece
Vómitos en el fregadero de la cocina
Desconexión del eslabón perdido
Esta no es mi vida
Es una despedida a un amigo
No es como soy
Es una despedida a un amigo
Que no podía hacer las cosas bien
Es una despedida a un amigo
Veo que me vas a dejar
Y te vas con el enemigo
El frío consuelo del espacio en medio
Un poco menos que un ser humano
Un poco menos que un chute
Un poco menos que un suicidio
Las únicas cosas que de verdad intentaste
Esta no es mi vida
Es una despedida a un amigo
No es como soy
Es una despedida a un amigo
Que no pudo hacer las cosas bien
Es una despedida a un amigo
Esta no es mi vida
Es una despedida a un amigo

LÁSZLÓ KRASZNAHORKAI: GUERRA Y GUERRA

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En esta foto László Krasznahorkai me recuerda a Chejov o a algún escritor ruso de los que tanto me gustan, en parte, por el físico y el tipo de fotografía y, en parte, porque su estilo es indiscutiblemente personal y tiene algo del conocimiento humano que aparece en las obras de los grandes novelistas rusos. Esto no le sucede sólo a él, ya lo sé, pero es muy característica la introspección de sus personajes como si no fuera tal y su aversión por los puntos. El caso es que te acostumbras a navegar entre comas como si fueras en un crucero en el que, al menos en apariencia, nada hace presagiar que suceda algo grandioso. Sin embargo no es así. Es todo lo contrario. Y de eso va precisamente Guerra y guerra.

El autor quería que otra de sus obras, de la que ya hice una reseña, Ha llegado Isaías, se leyera junto con ésta, así que volveré a leerla de nuevo. La verdad es que no os pude contar mucho del tema sin destriparos el libro, sólo os diré que es impactante. Ambas lo son.

Krasznahorkai me gusta más que Kenzaburo Oé en su obra Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (os dejo mi reseña) pero me recuerda a él por su tratamiento de la misma como algo enteramente normal. Es más, es como si los que nos consideramos cuerdos fuéramos los auténticos locos, lo que también me lleva a Antonin Artaud en Para terminar con el juicio de Dios (os dejo mi reseña también), que se sitúa en un mismo plano que Korin, el protagonista de Guerra y guerra. Korin se empeña en dar a conocer la gran verdad que encontró de casualidad, como todos los grandes descubrimientos. En esta novela todo es pura ficción pero, a la vez, demasiado real. Nos sentimos contagiados de la verborrea incontenida de Korin, quien tiene un objetivo en esta vida al que, sin embargo, se ve abocado sin posibilidad de negarse. Le ayudarán distintas personas, de manera más o menos consciente, e iniciará un viaje de Hungría a Nueva York donde nos encontraremos con situaciones surreales que terminamos creyendo posibles, porque así es el fanatismo. Korin es una especie de resistente pasivo en busca de su Santo Grial o, mejor, lleva consigo el anillo de poder y todos a su paso se rinden a la evidencia: si alguien sabe dónde va los demás se apartan. Le ayuda en su camino no meterse con nadie imbuido en su idea fija, como si nada más le importara, bueno, es que nada más le importa, no se importa ni él mismo. Impresiona su conocimiento de cómo funciona el mundo, lo que podemos resumir en: el mundo funciona con dinero, tu mundo culmina con tu muerte, hay algo más grande que tú. Saber esto no es estar loco, llegar a esas conclusiones me parece grandioso e inefable. Quizá no todos lo entiendan pero en esta vida sólo hay guerra y guerra y se repite una y otra vez. Esa es su enseñanza pero quiere mostrarla al mundo. Korin tiene un propósito, un solo objetivo que debe cumplir. Quizás tú y yo estamos locos por no haber sido capaces de encontrar nuestro propósito. Quizás el cuerdo es él. Pero lo que es seguro es que el dinero mueve el mundo.

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JAVIER CERCAS: LA VELOCIDAD DE LA LUZ

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La velocidad de la luz es una novela correcta pero floja. Ni siquiera sé el porqué del título, pero igual no he prestado suficiente atención. No os voy a negar que mi único interés en su lectura se centraba en la relación que el protagonista mantiene con un veterano de Vietnam. Es posible que tenga tintes autobiográficos y eso la haga aún más tonta.

Para los que aún no me conocéis, me doctoré en Teoría de la literatura con una tesis sobre la guerra de Vietnam: Neither Eagle Nor Serpent: la guerra de Vietnam como tema literario en la novela chicana.   Así que he conocido varios veteranos de Vietnam, alguno con estrés postraumático, que es lo que sufre el personaje de Rodney Falk, algo que no se menciona explícitamente. Tengo, pues, una conciencia bastante clara del tema y lo que ha hecho el señor Cercas es leerse cuatro libros (esto es literal, los menciona en el epílogo) y ha extraído unas conclusiones, que son las de la mayoría de la gente, es decir, lo que le sale es el topicazo: veterano con problemas de readaptación a la vida civil, incomprensión de la sociedad, bombas en las cestas de cerveza que llevaban los niños o la matanza prototípica de My Khe, probablemente, My Lai. El problema no es que no esté documentado, ni siquiera que no lo esté correctamente, sino que no sale de ahí, ha creado un personaje que no deja de parecerlo, es decir, el personaje es un cliché. 

El protagonista y narrador es un catalán que va a dar clases de español a una ciudad del medio oeste estadounidense y conoce a este veterano, del que ya le dicen que es muy raro. Inician una relación de amistad que no queda suficientemente bien justificada por la importancia que se le da a lo largo de la novela. Es decir, el lector no sabe por qué es tan importante para el narrador, ni por qué muchos años después querrá contar su historia cuando ya habían perdido el contacto.

En mi opinión, Cercas se confía demasiado y cuenta más que muestra. En Teoría literaria se nos explica la diferencia entre contar lo que ocurre, por ejemplo, el protagonista es cojo o mostrar, lo que equivaldría a describir el sudor que recorre su frente cuando arrastra el pie por el empedrado, es la dicotomía telling / showing. El autor nos cuenta hechos conocidos por todos, puesto que Vietnam fue la primera guerra televisada, tenemos tantas imágenes en la cabeza, que parece que nos sobran las palabras, pero eso es precisamente lo que falta. Falta salirse de lo que nos han contado y meterse en la piel de esa persona. Es cierto que intimida saber que ese amigo con el te tomas unas cervezas ha matado, puede que torturado y/o violado a alguien, pero también es cierto que no sabemos que habríamos hecho nosotros en su lugar. Las pinceladas que da Cercas sobre el personaje del veterano son tan ridículas, tan de manual que no es que no sean creíbles, es que para decir sólo eso, lo que se ha dicho una y otra vez, es mejor no decir nada.

Os dejo aquí  y aquí dos entradas sobre literatura de trauma que hice hace un tiempo, que estudia las narraciones de quien ha vivido una  experiencia traumática. Cómo veréis, hay mucho que decir y que explicar en el caso de entender ese tipo de situaciones. Pero hay que hundirse en el fango, en el miedo, para entrar en la mente de un soldado, por ejemplo. No hace falta haber ido a una guerra para querer comprender. Sólo hace falta escuchar y está claro que si Cercas conoció un veterano de Vietnam no entendió lo que estoy segura que le dijo, aunque fuera sin palabras, porque es muy difícil escuchar lo que no se quiere oír. La intención de Cercas era buena, sin duda, el resultado flojo.

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JOSEPH ROTH: FUGA SIN FIN

La mayor parte de los autores escriben obras modestas, en las que los protagonistas, poco originales, se enfrentan a situaciones que se resuelven en un clímax que modificará su mundo o visión del mismo. Por lo general, se trata de adversidades que suelen dividir a los personajes entre héroes y antihéroes a la manera que, por desgracia, la sociedad nos divide entre ganadores y perdedores. Luego están los genios. Es decir, los escritores modestos siguen las normas y los genios se las saltan a la torera. Joseph Roth está entre estos últimos. Roth forma parte de mi tribu de imprescindibles desde que un gran amigo me lo recomendó hace ya años. Su estilo es muy personal porque, aunque no es duro, tampoco hace concesiones. A veces es poético y conoce el alma humana como sólo lo pueden hacer los grandes.

Fuga sin fin nos muestra el final de una época en plena Revolución Rusa. Aún no tengo una opinión sobre el protagonista porque no sabemos sus aspiraciones ni su objetivo. Va a salto de mata, es alguien a quien ni odias ni amas. Su mundo ha cambiado e inicia un viaje que le llevará a distintos lugares donde conocerá a diferentes personas, incluso se reencontrará con su hermano. No da la sensación de estar tan perdido como estamos la mayoría de nosotros, en fuga permanente. Parece más bien que se mueva por sobrevivir al aburrimiento. Nada le gusta mucho ni le disgusta especialmente y es esa falta de propósito concreto lo que le acerca a la actualidad, en la que las circunstancias nos terminan por moldear. Pero nuestra época no es distinta a otros momentos históricos. Al contrario, por desgracia, tenemos un mundo en disolución y sólo al conocer la historia, también a través de los grandes autores, podremos entender al ser humano, que suele vagar sin rumbo por esa vida “que nos ha tocado vivir”. Sin embargo, no creo que Roth tenga una visión mecanicista de la historia, en la que seríamos meros comparsas, sino que cree que el hombre puede crear su vida, más o menos, aunque sea de una manera inconsciente mediante una fuga sin fin.

Os dejo aquí otra crítica que hice de su obra El triunfo de la belleza. Espero vuestras opiniones en bertadelgadomelgosa@gmail.com<3

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QUIM MONZÓ: OCHENTA Y SEIS CUENTOS

Para Quim Monzó la vida es digna de ser sacada de quicio. Algo así como sacar punta a todos y cada uno de los detalles que nos pasan desapercibidos a la vez que mete el dedo en la llaga. Monzó es uno de los mejores escritores españoles, suele escribir en catalán, se le ha traducido a distintos idiomas y ha ganado numerosos premios.

Ochenta y seis cuentos es una obra que trata infinitos temas y donde encontramos una aproximación a las relaciones humanas desde el absurdo. Se le ha comparado con Kafka, Borges y Rabelais, con quien más veo relación, por sus exageraciones. Uno tiene la sensación de que la temática que aborda es intrascendente, pero necesitamos poner de nuestra parte para conocer la lógica del absurdo y la hipocresía manifiesta de las relaciones, que alcanzan la grandeza en la mayoría de sus finales inciertos y sorprendentes.

Sus cuentos suelen ser breves, pero Ochenta y seis cuentos es una obra extensa, que hay que leer con tiempo para degustar que tras las generalizaciones ridículas de personajes que se parecen demasiado a nosotros, están los mensajes subyacentes y la crítica corrosiva a la sociedad expresadas con un humor particularmente negro. La falsa simplicidad de su prosa nos perjudica a la hora de buscar el sentido de los relatos, a los que nos enfrentamos como quien mira un cuadro abstracto aunque, conociendo a Monzó, sería más acertado decir “como si fuera un póster porno”. Te acercas al texto, te alejas, te ríes y, algunas veces, te quedas incómodo al verte inmerso en el aspecto surreal de la vida cotidiana.

Os dejo aquí la crítica que hice de El porqué de las cosas, pero si me permitís, os recomiendo Mil cretinos (2012). La diferencia con Ochenta y seis cuentos (1999) es sutil pero importante, no sólo en extensión, sino porque lo escribió tras la enfermedad degenerativa de sus padres y sentí que sus palabras habían ganado humanidad.

Sin duda, Monzó está entre mis escritores imprescindibles y uno de los que más me ha influido, sobre todo en Ostranenie. Sé que, a pesar de que podemos hablar de una resurrección de los relatos debido al empujoncito del Nobel a Alice Munro (que me sigue sin gustar), es un género al que no se ha dado la debida importancia. Quim Monzó es un excelente autor para iniciarse en los cuentos a la vez que nos reímos a carcajadas. Contadme qué os parece.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

P.D. Aún puedes apuntarte a mi taller online de crítica literaria en Culturamas.