BERNARDO ATXAGA: ESOS CIELOS

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Qué mala suerte tengo últimamente con mis lecturas. Y eso que estoy yendo sobre seguro y he escogido grandes autores. En este caso, Bernardo Atxaga, cuyo nombre real es José Irazu Garmendia, el escritor en euskera más leído y traducido. Su obra abarca todos los géneros: cuento, novela, poesía y ensayo y se le ha traducido a numerosas lenguas.

Esos cielos prometía. Un argumento interesante sobre una etarra que ha pasado varios años en la cárcel y vuelve a Bilbao en un viaje en autobús físico y emocional hacia una nueva vida en la que no sabe qué sucederá. Un entorno, por tanto, tan claustrofóbico y asfixiante como la propia cárcel. El personaje de Irene, la protagonista, está bien retratado. Una mujer completamente perdida y traicionada que recuerda las amistades de la cárcel. Irene sueña y se nos cuentan los sueños, cuestión que me ha sacado del argumento que, en mi opinión se queda a medias. Se suele decir que es más importante lo que no se dice que lo que realmente se indica, pero no hay que pasarse. Una cosa es que se dejen pistas al lector, a modo de miguitas, y otra que sea el propio lector quien escriba la novela mientras lee, que es lo que me ha sucedido con ésta. Se me han ocurrido unas cuantas escenas distintas, varios finales y no sé cuántas subtramas. Eso es porque el argumento es potente y su ejecución floja. Podría decirse que algo atropellada y simplona, porque va perdiendo por el camino poderosos hilos argumentales.

No obstante, la ambientación, la dureza a ratos de la narración y un buen retrato de los personajes conforman los aspectos positivos de una obra que se lee de un tirón pero que sabe a poco. Resulta evidente el buen hacer literario de Atxaga, que dota a la obra de una prosa ágil pero en la que no crees. Da la impresión de que ha intentado escapar de las menciones al grupo terrorista ETA, así como a otros aspectos más concretos, para ir al núcleo de las vivencias internas de la protagonista pero que ha patinado: quedan demasiadas cosas en el aire, aunque éste sea el de mi adorado Bilbao.

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PIERRE MICHON: VIDAS MINÚSCULAS

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Qué aburrimiento. Confieso que me he quedado dos veces traspuesta y lo peor es que es un gran libro. Vidas minúsculas no puede estar pensado más al milímetro y desde todas las perspectivas posibles. Hablamos del género, la estructura, el léxico, madre de Dios, que exceso de adjetivación, innecesaria a mi parecer, aunque resulte perfecta. Pero también es un libro profundamente intelectual, con referencias constantes a grandes literatos de los que se nota que ha bebido y asimilado sus obras, lo que a ratos resulta tan pedante que te saca de quicio. En resumen, el primer libro de un autor que en su fuero interno sabía que estaba llamado a ser uno de los grandes escritores franceses y que se propuso con esta obra, escrita tarde para ser la primera, dejarlo bien clarito.

En Vidas minúsculas Michon quería retratar las vidas que no se cuentan, personas olvidadas de su propia biografía, por lo que se mezcla la narración con el proceso que le ha convertido en escritor, una especie de autoficción cuando ese término ni existía. Especialmente interesante, por tanto, es la división de lo que nos quiere contar, no digo historia porque no hay tal, sino capítulos de su infancia y juventud. Cada capítulo corresponde a un personaje. No hay nada que se haya escapado a la concepción de esta obra por lo que se convierte en abrumadora, de tal modo que o la adoras o la aborreces porque no hay trama. Tampoco es un ensayo ni una biografía al uso. Al estar fragmentada, te pierdes de tal modo en sus adjetivos y atmósferas, que se necesitan croquis para saber dónde te andas. No hay nada fuera de lugar, todo es perfecto y a la vez infumable. Queridxs todxs, me veo incapaz de leer más obras de ficción de este autor ante mi incapacidad manifiesta de entender la literatura de modo tan elitista. Comprendo que no todos los lectores podrán llegar a todos los niveles del texto, lo que tampoco es deseable, pero no concibo la falta de una historia. Se me dirá que hay varias, tantas como capítulos que dedica a cada personaje, pero es que no les pasa gran cosa. Quizá si el tono no hubiera sido uniforme, como sucede en las novelas, y cada apartado fuera diferente en estilo o técnica, pero no. Para cuando Michon creó esta obra ya tenía un estilo definido. Por eso es tan grande, muy probablemente a la altura de su adorado Rimbaud, con el que tampoco di pie con bolo. En fin, creo que es la primera crítica que me hago a mí misma y aún así, leeré el ensayo Llega el rey cuando quiere. Conversaciones con Michon, en el que se recogen trece entrevistas y en las que reflexiona acerca de su escritura, sus obras más notables y su concepto de literatura que no sé si se acerca remotamente al mío.

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SIMON CRITCHLEY: APUNTES SOBRE EL SUICIDIO

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Hay errores que nos llevan de la mano hacia un buen libro y en mi caso así ha sido con Apuntes sobre el suicidio de Simon Critchley, por lo que es posible que todo esté condicionado por el destino o vaya usted a saber. Que eso sea así o sea Dios quien me llevó a conocer este autor, que yo crea en la suerte o en mi propia intuición, no tiene importancia, la cuestión es que estamos gobernados por un número ingente de prejuicios ante los que nos plegamos sin apenas cuestionarnos si son ciertos o no. El suicidio es uno de esos temas tabú al que nos cuesta acercarnos por no ser capaces de entenderlo. A mí recuerda al sexo: algo meramente reproductivo, algo meramente hedonista, el caso es que Dios por medio, la casa sin barrer y cada uno en su fuero interno piensa lo que quiere.

Critchley es desde 2004 profesor de filosofía en The New School for Social Research de Nueva York. Ha escrito más de una veintena de obras sobre la historia de la filosofía, teoría política, religión, ética o estética. Tiene monográficos acerca de autores como Jacques Derrida o Martin Heidegger, incluso un ensayo impactante, En qué pensamos cuando pensamos en fútbol (Sexto Piso, 2018), que aborda el fenómeno del fútbol desde la filosofía.

Apuntes sobre el suicidio no es ni pretende ser un sesudo tratado sobre este concepto sino una especie de introducción en la que vemos esos prejuicios a los que nos referíamos, todo aderezado con un excelente humor británico. Desde las primeras líneas se nos indica que “no es una nota de suicidio”, aunque aporta una serie de ellas. Se explican motivos como la venganza, el orgullo, la desesperación económica, la enfermedad o el odio hacia uno mismo como alguna de las razones más utilizadas por los suicidas. Nos habla de autores, auctoritas, como Virginia Woolf, Camus o Cioran, que dan distintas perspectivas. Especialmente interesante encuentro el texto del filósofo David Hume, (1711-1766), “Sobre el suicidio” , incluido como epílogo, en el que enumera una serie de cuestiones sobre este controvertido tema desde la filosofía, esto es, evitando supercherías. Os dejo unas perlas:

“La vida humana no reviste mayor importancia para el universo que la de una ostra”.

“No creo que nadie haya tirado su vida por la borda mientras valiera la pena conservarla.”

“Si la supresión de la vida humana fuera dominio tan particular del todopoderoso que supusiera una vulneración de su derecho que los hombres puedan disponer de sus propias vidas, tan criminal sería actuar en aras de preservar la vida como de destruirla.”

Critchley sigue a Hume en que el suicidio es un tema filosófico y en otras cuestiones, pues es lo que nos hace humanos, nada tiene que ver con Dios. Para Critchley el sacrificio no cuenta como suicidio, porque éste nos hace libres, pero no podemos vivir pensando constantemente en el sentido de la vida, ésta es la conclusión. Sin embargo, el suicidio es un tema recurrente en mis textos y seguiré leyendo estupendos ensayos como éste que arrojen luz o, mejor, que eliminen sombras, pecados y supersticiones de un tabú eterno. Lo que a veces creemos que es un error no lo es.

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CRÍTICA DE CIRO G. JIMÉNEZ DE TODOS LOS PUTOS DÍAS

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Lamento mi desaparición del blog estas semanas, pero tengo una buena coartada: me he trasladado de ciudad sin acceso a internet y con muchos más libros de los que recomienda Marie Kondo. No me ha dado tiempo a poder comunicarme con vosotros, casi ni a leer, pero os tengo siempre presentes en mis oraciones. No obstante, este vacío temporal ha sido productivo, al menos para mi ego. El sábado pasado apareció una reseña de mi último trabajo, Todos los putos días, en el periódico con más solera de Castilla-León, El Norte de Castilla, donde recordaréis que trabajó el gran escritor y periodista vallisoletano Miguel Delibes, tristemente poco recordado y menos valorado. Quería agradecer las más que amables palabras del crítico y editor en Libros mayorquecero, Ciro G. Jiménez. Siempre es de agradecer que alguien valore tus obras, pero más si eres consciente del gran hacer de otro crítico durante más de veinte años. Un placer y un orgullo. Os dejo con la reseña. ❤

El talismán de la costurera

DESPUÉS DE TODO

 

He oído decir, no sé donde, porque no soy aficionado al boxeo, y las películas sobre boxeadores tienden a aburrirme, que los mejores púgiles se distinguen por su capacidad de soportar golpes devastadores, antes que la de propinarlos. Hay veces que un lector precisa de esa capacidad. Hay veces que un libro está hecho para golpear al lector hasta dejarle tocado, falto de aire, tendido en una lona sin deseos, quizás sin capacidad, de levantarse. Algunos de Camus, cualquier Cioran, el bonito ensayo de Ligotti sobre la maldad intrínseca de la vida y alguno de sus mejores relatos, prácticamente todo Sábato, Onetti la mayor parte del tiempo, algún Rimbaud, el señor Isidoro Ducasse, alias Conde de Lautremout. Hay líneas de Inclán igualmente aniquiladoras. Dante lo intentó con el primer libro de la Comedia. Falló: se le ve demasiado el plumero. También hay fragmentos de Cărtărescu que, aislados del contexto general, pueden ser demoledores. Muchos ejemplos se pueden añadir. No creo que ningún escritor importante –Kafka, Kafka no puede faltar en esta lista, ni Bolaño, ni Dostoievski, ni…- haya podido evitar alguna vez alzar el puño. Swift, a pesar de que sus golpes también nos muevan a la risa. Ah, y Kennedy Toole. Quizás los peores, porque la risa solo hace que duela más.

A veces los golpes son precisos, dados con el tino de uno que sabe dónde duele, y tiene buena puntería. Otras veces la golpiza se precipita sobre ti un poco a tontas o locas, impactando donde puede, ciega, pero con una rabia desesperada e imparable: un libro berserker.  No sé, a decir verdad, a cuál de estos dos tipos, el temperamental o el quirúrgico, corresponde Todos los putos días, de Berta Delgado Melgosa. Quizás un poco a ambos.  No estamos nunca seguros de si ese afán de Irati, narradora protagonista, de abrigarse en lo que duele, en el lamento, en las pequeñas mezquindades, propias y ajenas, es regodeo o claridad. La vida de Irati nos parece terrible.  Desoladora de hecho. No nos cae bien –no es su intención caernos bien- porque es despiadada consigo misma de un modo que nos resulta incómodo, porque está llamándonos cobardes a la cara.  Sabemos que ponernos en su piel, aceptar sus reglas del juego, nos lleva a reconocer en nosotros lo poco halagüeño. Y lo peor, que esa – la llamaré maldad, aunque no me parece del todo atinado- maldad pequeña, es eso: algo insignificante, mierda y barro. Igual que todo lo demás, dentro o fuera. Y aún así, Irati no logra caernos mal del todo. Frase a frase –cada una precisamente trazada, persuasiva; envolvente: un alambre de púas doradas- nos mete en sus zapatos. O nos clava sus zapatos en el cráneo. A veces nos engaña: se dice masoquista, pero no es masoquismo lo que mueve a un animal a tocarse la herida, a hurgar la caries, sino evaluar los daños. Confiesa su envidia, su sentido de inferioridad, pero en esa confesión no deja de centellear el orgullo del que se sabe, en el fondo, mejor que el envidiado. Así que nos dejamos invadir por ella, por su ambigüedad- la ambigüedad es una maestría literaria difícil de dominar-, hasta un lugar en el que quizás no hay esperanza, o sí, o no importa. Al irrefutable reconocimiento de algo que nos ocultamos la mayor parte del tiempo. Lemmy lo cantó con su voz de tabaco: “I´m not a nice guy after all”: No soy buen tío, después de todo.

Ciro G. Jiménez. Reseña aparecida en El Norte de Castilla 2/02/19

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BERTA DELGADO MELGOSA: REALIDAD SUFICIENTE

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Gracias por estar ahí. Qué puedo decir. Una vez superadas las doscientas entradas en este blog me parecía una buena idea hacer una selección de unas cincuenta para vosotrxs, que lleváis años siguiéndome o para mis nuevos fans, que se habían perdido las entradas más antiguas. Espero que lo descarguéis desde este enlace, es gratuito, lo compartáis y disfrutéis tanto como yo lo hago de vuestra compañía cada semana. Un verdadero placer teneros al otro lado del charco y de los cables. Va por vosotrxs. Un abrazo ❤

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COLM TÓIBÍN: EL FARO DE BLACKWATER

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El título me gusta. Ah. Perdón. Buenos días y muchas gracias por seguir al otro lado de los cables ❤ Vengo con tantas ganas de contaros cosas nuevas que ni había saludado.

El título me gusta, decía. Es más. Puede que comprara El faro de Blackwater por eso: adoro los faros y adoro Irlanda. Confieso que leí el resumen de la contraportada y las maravillas que decían de esta novela, entre ellas “obra maestra”. No creo que haya que pasarse. En mis tiempos obras maestras se consideraban unos pocos títulos cuando ya habían pasado muchos años y el autor, desconocido hasta para su familia y tras vivir en la indigencia, llevaba tiempo criando malvas. Pero los brazos del marketing son muy largos. Aunque sólo quisieran decir “obra maestra del autor”, sería igualmente preocupante. O más aún.

Colm Tóibín es un escritor y periodista irlandés de gran trayectoria. Según la Wikipedia  ha sido profesor interino en la Universidad de Stanford, la Universidad de Texas y la de Princeton. También ha enseñado en varias otras universidades, incluyendo el Boston College, la Universidad de Nueva York y la facultad de la Santa Cruz. En 2008 recibió un doctorado Honoris Causa por la Universidad del Ulster en reconocimiento por su contribución a la literatura irlandesa contemporánea. Lo que no dice es que quizá debería cortarme un pelo con esta crítica. Pero yo a lo mío.

En primer lugar, debemos comprender que un escritor tiene obras mejores y peores y no vamos a dejar que su trayectoria nos impida hacer una crítica. Esta obra es mala, pero no mala en sí misma, es que parece el guión de una peli lacrimógena de cuando Hollywood empezaba a tratar el SIDA con Sally Field en el papel de madre, Tom Hanks en el de hijo moribundo y Calista Flockhart en el de hermana. Al menos así me lo imagino yo y os doy nombres porque una imagen vale más que mil palabras. Y digo “guión”, no porque los guiones sean fáciles de escribir, ni mucho menos, sino porque se apoyan en imágenes, por lo que las palabras no necesitan tanta precisión ni profundidad pues ya están ahí la fotografía y las interpretaciones de los actores. Esto es, son palabras más sencillas al estar desprovistas de una abstracción no necesaria. Con esto no quiero decir que Tóibín sea mal escritor, estoy segura de que no, sólo que ésta es una obra ramplona, pues no te hace replantearte prejuicios y opiniones sobre el SIDA, aunque sea a toro pasado, que ya es un tema manido. La gente se sigue muriendo en otros continentes igual que en los años 80, pero ya no nos afecta en occidente.  Podría, incluso, haber tratado el SIDA de una manera menos superficial, dada su orientación sexual y lo que supuso esta enfermedad para la comunidad gay, pero esta es mi visión. El caso es que me encanta el título. Es posible que vaya a Blackwater.

P.D. Os dejo el enlace para el Master online de creación literaria de Culturamas, donde doy la parte de crítica literaria. Quedan pocas plazas, reserva la tuya ❤ http://www.culturamas.es/blog/2017/09/26/master-online-de-creacion-literaria/

 

BERTA DELGADO MELGOSA: “MATAPERROS”

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© Foto masLucena

Gracias ❤ El día 5 hará tres años que publiqué Los que sobreviven nunca son los mismos. Por eso quería haceros un pequeño regalo, uno de los relatos de aquel libro, “Mataperros“. En España solemos decir “maté un perro y me llamaron mataperros”, eso quiere decir que haces algo una sola vez y te ponen la etiqueta de lo que hiciste. Ya he escrito varios libros pero podéis ponerme las etiquetas que queráis. Espero vuestras críticas corrosivas, destructivas y de las otras 🙂 Y gracias otra vez por estar ahí. En breve tendréis noticias de mi primera novela. ❤

MATAPERROS

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© Foto Berta Delgado Melgosa

Manuel Torralba cierra sus libros, guarda sus apuntes y sale del aula apresurado y cabizbajo. Cada día odia más dar clase y su horario de trabajo se le hace interminable por lo que mira al reloj de continuo. Es capaz de hablar y ver, a un tiempo, cómo transcurre cada penoso minuto dividido a su vez en centésimas y milésimas de segundo, momentos que, con los años, se han convertido en angustiosos. Repite una y otra vez las mismas afirmaciones y cuenta las mismas anécdotas que han terminado desgastadas en un vano intento de que esos pencos (que no terminan de crecer y que cada año le tratan peor) salgan de su ignorancia por un rato, pero ya lo da por imposible. Para todos ellos, que viven al margen de lo que él considera importante, siempre inmersos en estupideces y trivialidades la vida les resulta una aventura hedonista. Pero Manuel no concibe la vida como placentera, simplemente no ha pensado en disfrutar. El placer no tiene que ver con su trabajo, desde luego. Tampoco muestra un interés desmedido por nada, lo que se refleja en las arrugas de su frente y la pequeñez de sus ojos fríos y de mirada adusta. Quizá sus plantas le arrebaten pequeños momentos de entusiasmo. Cuando las ve crecer, las poda o realiza los injertos se da cuenta de lo lejos que se encuentra de sus primeros años en el instituto y se lamenta de no haber vivido la vida que siempre quiso y que ha quedado con un vago sueño que se funde, nada más despertar, en la rutina más fastidiosa.

Manuel sale del instituto, como cada día, tieso como un palo. Sus alumnos lo imitan y se ríen de él abiertamente. Aunque en el fondo sienten lástima, no tratan de disimular que no sienten hacia él ningún respeto.

Esa tarde Manuel se dirige a su casa y preparará la maleta pues irá a ver a una vieja amiga a Madrid. Ni le apetece ni todo lo contrario, pero hace tanto tiempo que no la ve y que no hace nada interesante… Vencer la indomable pereza y coger un tren le hará bien. Al ver pasar los árboles, las tierras de labranza de colores ocres y marrones se queda dormido pensando en los domingos en su pueblo natal, en el corral, con el señor Leonardo, que ayudaba a su padre con la faena. Entonces pasaba mucho tiempo solo, subido a los manzanos lleno de arañazos y rozaduras, sentado en el pozo y recogiendo moras. Aquellos años fueron una bonita época. Hace tiempo que no ve a sus padres. Años atrás entraron en una residencia y le parece más cómodo llamar por teléfono. Disgustado por un breve sentimiento de culpa se levanta al oír que llega a su destino. María es una vieja amiga de los años en que estudiaba la oposición. Tuvieron algo que pudo llegar a algo más. Sin embargo, ninguno pareció mostrar la pasión que se presupone en una historia de amor. Quizá fuera eso. Que no era amor.

Manuel se dirige a recoger su bolsa de viaje cercado por estos pensamientos pero no la encuentra. Revuelve los equipajes pero casi todo son maletas. Está seguro de haberla puesto ahí. Casi en un arrebato deja de dudar y se baja del tren, eso sí, con la primera bolsa de viaje que puede. Se dirige a grandes zancadas hacia el recinto de la estación con el corazón latiéndole como nunca en su vida. Baja las escaleras de dos en dos y coge un taxi hacia su hotel. El taxista tiene que preguntarle un par de veces la dirección. Lleva consigo la bolsa, no ha querido dejarla en el maletero. En unos minutos que le parecen horas llega al hotel desde el que se ve el río y sus tranquilas veredas. Se registra lo más rápido que puede y sube a su habitación donde se sienta en la cama sin soltar la bolsa que tiene sobre sus rodillas. No se atreve a abrirla. Un rato más tarde consigue el valor necesario y recorre despacio la cremallera. La dueña es una mujer entrada en carnes, por lo que parece. Blusas grandes y faldas enormes que deja perfectamente dobladas encima de la cama, además de zapatos y una pequeña bolsa de aseo. Cremas y potingues de todo tipo aparecen colocados en un orden perfecto para ocupar el menor espacio posible. Todavía no siente la vergüenza golpear gravemente su conciencia. Ha entrado en un mundo desconocido del que aún tiene mucho que descubrir. Termina de sacar toda la ropa y por último aparecen las medias y un cuadernillo de espiral que había quedado al fondo. Lo deja todo encima de la cama y comienza a hurgarse en la bragueta. Manuel termina tumbado encima de la cama entre las blusas de seda, las faldas de lino y las chaquetas de algodón. Aprecia el tacto de las prendas, huele la ropa interior y siente un profundo placer, en especial, cuando se prueba las medias.

© Berta Delgado Melgosa, Los que sobreviven nunca son los mismos

TERRY EAGLETON: CÓMO LEER LITERATURA

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Mi primer contacto con Eagleton fue a los 20 años. Tenía que leer un artículo suyo y escribir un ensayo que respondiera a la pregunta que el propio autor lanzaba: ¿qué es la literatura? Unos cuantos años más tarde sigo sin poder responder a dicha cuestión, aunque quizá tenga algo más claro que, a pesar de que las fronteras entre lo bueno, lo malo y lo menos malo son difusas, sí podemos responder con cierto criterio. La crítica literaria tiene el poder de desgajar los textos de manera que al dejarlos desnudos veamos lo que nos muestran y dar una visión con impertinencia y sentido del humor que es lo que hace Eagleton con maestría. Lo que ocurre es cuando uno se adentra, aunque sea de refilón, en los entresijos literarios y se convierte en autor, todo es más confuso aún y lo no literario parece ser lo que hacen los demás.

En aquel momento, mi ensayo giraba entorno a que lo que no vende es malo, lo que no está publicado también y que, como decía Juan José Millás, “es mejor no arriesgarse en lo que más se juega uno”. Por aquel entonces me horrorizaba no saber distinguir el grano de la paja y escribir sólo para uno mismo. No obstante, aunque los estereotipos y las convenciones, los prejuicios y el marketing nos impongan sus leyes, como vimos con otro gran crítico como Harold Bloom, hay cuestiones que nos dan la pista sobre cómo leer y cómo descubrir, por tanto, la pasta de la que están hechas las obras. Obras que soportan mejor que otras la interpretación, en las que la calidad de la prosa o la poesía que pergeñan los autores acompañen a la lengua en la experiencia humana.

Eagleton es profesor de literatura inglesa en la Universidad de Lancaster, aunque se doctoró en Cambridge y ha dado clase en Oxford. Lo que hace especial el pensamiento Eagleton es la unión que hace en sus escritos de la teoría literaria, los estudios culturales, el marxismo y el psicoanálisis. Su visión está entre el realismo y la decepción porque, lo que Nietzsche llamaba “lectura lenta”, no es que esté en decadencia sino en peligro de muerte. Su intención es la siguiente:

Lo que pretendo es proporcionar a lectores y estudiantes las herramientas básicas del oficio crítico, sin las cuales difícilmente podríamos ocuparnos de otros aspectos. Durante el proceso espero demostrar que el análisis crítico puede ser divertido y contribuir con ello, además, a contradecir el mito que nos presenta el análisis como enemigo del placer de la lectura.

Cómo leer literatura es un libro que uno disfruta, incluso a carcajadas, y en el que se descubre que no hay una única interpretación. Lo que hace que un texto funcione es que el lector formule suposiciones de manera continua y, del mismo modo, que las obras sugieran actitudes a los lectores. Sin embargo, nada es inmutable. Lo que ahora consideramos inmortal puede dejar de serlo en el futuro, pero quizá no sea eso lo que deba preocuparnos. Todas las interpretaciones son parciales y provisionales, nos dice Eagleton. El valor se ha medido a lo largo del tiempo con respuestas tales como […] “la verosimilitud, la unidad formal, el atractivo universal, la complejidad moral, la inventiva verbal, la visión imaginativa […]”. Otros conceptos han sido la originalidad o que la obra   pueda crear nuevos significados a lo largo del tiempo y todas estas cuestiones son válidas.

El problema es que si no nos paramos a leer con atención y conocemos parte de la historia de la humanidad a través de sus obras literarias no vamos a tener la habilidad, no de saber si algo es literario o no, sino que seremos incapaces de comprender la profundidad del pensamiento humano, porque muchas de sus expresiones literarias empiezan a ser intrascendentes y nadie parece darse cuenta. Nos estamos convirtiendo en estúpidos egocéntricos en busca del placer inmediato y hablo tanto de lectores como autores. Eso que llamamos “el placer de la lectura” no está reñido con una lectura analítica, por lo que conocer aspectos formales nos permitirá acercarnos a la tradición literaria, además de proporcionarnos las herramientas para entender mejor la literatura y el mundo.

¿Qué pensáis? bertadelgadomelgosa @gmail.com ❤

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JESÚS FERRERO: EL ÚLTIMO BANQUETE

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He perdido la cuenta de las veces que os he dado los nombres de mis escritores favoritos. Uno de ellos es Jesús Ferrero con una obra ecléctica e imprescindible, lo que no significa que todos sus libros me gusten por igual. En este momento estoy digiriendo su último ensayo (fantástico) Las experiencias del deseo. Eros y Misos, pero os lo contaré otro día.

Nos centramos hoy en la novela El último banquete, Premio Azorín 1997, que narra la historia de una familia que se reúne en la cena de navidad. La estructura es in crescendo, ya que todo sucede en la misma noche a la que rodea desde el principio un halo de fatalidad. Las relaciones entre los miembros de esta familia de clase alta se centran en la incomunicación, la mala comunicación, la hipocresía, las drogas, la fama, la envidia, el incesto y la muerte. A pesar de la atemporalidad de los temas mencionados he sentido que esta obra era reflejo de una época. Aunque es posible que mi absoluto desconocimiento de la clase alta dada, en mi opinión, a conductas en el límite del aburrimiento y la falta de ética, el abuso de poder o la creencia del merecimiento sanguíneo, la alejan de otras clases que tampoco conozco (nótese el plural en las que incluyo la baja y la más baja puesto que ya se han cargado la media), que no evitan mostrar las vergüenzas: no hay nada que ocultar ni nada que evitar mostrar. No obstante, la superficialidad de esas ‘no relaciones’ de estos jóvenes nos deja sumidos en la ingravidez del ‘estamos juntos porque somos hermanos’ sin pararse a profundizar si existe un sentido oculto en el concepto de familia. Dejarse llevar es la consigna. Así pues, yo, como lectora, también me he dejado llevar y he disfrutado de la prosa rebelde de esta novela que, si bien no es mi favorita de Ferrero, nos hace reflexionar sobre la forma que tenemos de actuar con los demás en un ámbito cerrado e incomprensible para los ajenos a él. Decía Tolstoi, en uno de los inicios más famosos de la literatura, que todas la familias felices se parecen, pero que las tristes lo son cada una a su manera. Quizá yo he sentido que los años 80 y 90 en España estaban aquí representados, cuando es probable que debiera haber trascendido los mismos y descender a los infiernos del propio concepto de familia.

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RUBEM FONSECA: EL COBRADOR

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Hola de nuevo a tod@s. Os agradezco que sigáis por aquí  ❤ Como ya es tradición suelo desaparecer de las redes durante todo el verano para tomar distancia y hacer cosas nuevas. Los expertos en marca personal seguro que lo consideran una aberración, pero a mí me sirve, y así empiezo el otoño con ganas renovadas y unos cuantos libros muy interesantes y alguno deleznable que mostraros.

Mi género favorito es el relato y he de confesar que no conozco demasiados cuentistas latinos actuales, motivo por el que me decidí a leer El cobrador, un libro excelente. Rubem Fonseca, disculpad mi ignorancia, es un autor y guionista de cine brasileño reconocido y de gran talento. Estudió Derecho y fue comisario de policía. Ha ganado el Premio Camões, el más importante en lengua portuguesa, el Premio Konex Mercosur a las Letras y el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.

Precisamente su pasado como policía y abogado dota a sus personajes de una vitalidad tal que uno teme que salgan del libro y se conviertan en humanos. Hacía tiempo que no me había sentido tan asqueada como con el pederasta protagonista de su primer cuento o asustada con el asesino de “El cobrador”, el último cuento que da título a la compilación. Como suele suceder en las antologías de relatos tanto el primero como el último son los mejores pero, en ningún caso, desmerecen el resto. Sus descipciones son certeras y el lenguaje es descarnado, vivaz, de frases cortas y rotundas, pero hay algo más. Este lenguaje no es gratuito ni fácil al peor estilo estadounidense tan en boga. Hay conmiseración, hay escepticismo, pobreza y lujuria, en una palabra: humanidad.

El cobrador no es sólo un libro de relatos sueltos unidos sin más. También es el retrato de la violenta sociedad brasileña que rodea y controla a los habitantes de sus ciudades y pueblos, a ricos y pobres y se lleva el amor, pero no la esperanza. Al menos no todo el tiempo. Buscadlo. Leedlo. Altamente recomendable.

 

PD. Si queréis participar en mi Taller de Crítica Literaria en Culturamas  escribidme, además tenéis otros cursos a vuestra disposición. No os quedéis sin plaza. Cualquier cosa…como siempre, bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤