BERTA DELGADO MELGOSA: “MULTNOMAH FALLS, OREGON”

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©Foto masLucena

Dudo mucho que sea elevado el número de mujeres que, de una u otra manera, no hayan sufrido algún episodio de violencia sexual en grados diversos. Por eso, y porque la única manera de que la victimización sea un proceso menos lento es necesario que haya un sentimiento de comunidad, para que la víctima no se sienta sola ni avergonzada. Detesto los comentarios vertidos en los medios sobre mujeres que vivieron estas experiencias en el pasado y ahora las cuentan, no son oportunistas, a una víctima individual se la persigue si hay más se las cree. Ahora es el momento de visibilizar lo invisible y de dar voz contra el abuso, el machismo y el patriarcado. Por eso hoy os dejo uno de mis relatos, “Multnomah Falls, Oregon”, que trata el tema del acoso sexual y quiero dedicárselo a todas las víctimas. Gracias por estar ahí. Espero vuestros comentarios. ❤

bertadelgadomelgosa@gmail.com

MULTNOMAH FALLS, OREGON

 

Dicen que las mujeres disfrutan del misterio en los hombres, de la imagen que han creado en su inconsciente fantasía —más que de los hombres mismos— generación tras generación. Pero cuando alguien te dice: da igual la ropa que lleves, te veo desnuda, poco importa lo que pudieras creer. A mí me dijeron esas palabras, eran tan reales que mientras bajaba las escaleras poco a poco, como si el tiempo se hubiera detenido, pensaba en cada escalón si esas palabras se volverían indeterminadas, quizá neutras. Pensaba si estaba equivocada o había oído mal y lo deseaba desde dentro de mis pechos, malditos pechos, y por encima de mis camisas y de los pantalones que apenas dejaban distinguir mi figura adolescente. No tenía miedo. Lo juro por Dios. Cuando iba a dormir, dormía, porque no tenía miedo, hasta a mí me resultaba difícil de creer y eso fue lo peor de todo. Esto es un juego, sólo tengo que ser más lista y todo pasará, me decía.

Si hubiera querido violarme ya lo habría hecho, él, mi profesor particular del que estaban enamoradas todas las madres de Multnomah Falls, Oregon. Al menos la mía y la de Charlotte. Había intentado dejar de ir a sus clases en aquella casa, pero esa sonrisa y su cuerpo de cuarentón a lo Alec Baldwin cuando Alec Baldwin no parecía… bueno, nadie me habría creído. Qué guapa estás hoy, tienes que retirarte el pelo de la cara y cuéntame si te gusta algún chico, en mí puedes confiar y, luego, la mano en el muslo, ¿te masturbas, verdad? Es algo muy sano. Pero, Lizzy, ¿qué te pasa? Tienes que darme un beso al venir y al marcharte… no seas maleducada o hablaré con tu madre. Así que, ya ves, tengo que ser más lista y no dejarme llevar por el miedo. Esto es un juego, si hago como si nada se cansará, si voy fea se cansará, si no me ruborizo cuando no deja de hablar de sexo se cansará. Pero hubo un día en que me hizo sentir especial, casi como una mosca entre los pelillos de una planta carnívora. Entonces vi sus ojos azules convertirme en una esclava, advertí el animal que había en su interior y, en un instante, comprendí lo que es desafiar la verdad. Salí de la habitación despacio, él sonreía seguro de su victoria. Olvidé el beso en la boca y mi desgana dio paso a mi supuesta homosexualidad. No iba ser de otra manera. En este juego de poder una niñata no podía vencer a no ser que hubiera algo imprevisto, algo con lo que no contara su seductora sonrisa, que ya había ganado a Charlotte, quien le miraba de lejos con ojos cansados. Charlotte era un poco mayor que yo y llevaba un año yendo a sus clases. Sus notas eran excelentes, sus padres estaban orgullosos e invitaban a Dan a cenar, a Dan al partido y allí estaba Charlotte con sus pantalones cortos, bien ajustada, y yo con el pelo casi sucio, con la cara tapada a ratos por las gafas, la mano en la boca, porque mis labios son carnosos, y la ropa dos tallas más grande por las malditas tetas. Hija, no sé por qué no te fijas en lo mona que va Charlotte

—Ya lo sé, mamá.

A medida que se acercaba la hora de la clase el cielo se ennegrecía. Cada día era una guarra que no se lavaba, una bollera asquerosa, una estúpida rebelde. Y todo el cielo era negro cuando se acercaba la hora de la clase. Aquel día pensé que la lluvia se alejaba, aunque era yo quien se movía. Mi vida parecía retorcerse como los sapos después de la tormenta. Cuando parece romántico no lo es y cuando lo es, es mentira. En eso pensaba Dan, Dan, Dan, cuando me contabas que cuando estás con Charlotte piensas en mí y cómo te olerán las manos a mandarina y a sexo cuando estemos juntos. Así que un buen día hablé con Charlotte y le dije: Charlotte, querida, o me das clase tú o le chivo a todo el mundo lo mucho que se preocupa Dan por las adolescentes.

Ya nadie piensa que soy lesbiana. Soy la más guapa del instituto de Multnomah Falls. Soy la más lista, eso lo sé yo. Mi madre está contenta, mis notas son buenas. Sólo tengo miedo por las noches, por si voy a ser así de fría de mayor, cuando alguien me bese la nuca y me excite y entonces me brillen los ojos de esa manera.

©Berta Delgado Melgosa, Ostranenie.

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J.M. COETZEE: DESGRACIA

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Soy consciente de la importancia de escoger un buen título pero lo soy más aún de la importancia de saber que lo que escribes está muy por encima de lo que diga el marketing. Si tu cerebro de escritor te dicta un título lo sigues, porque que se vaya a vender más o menos a este tipo de escritores como Coetzee (Premio Nobel) que juega en otra liga le da igual. Yo trabajo desde un título alrededor del cual genero la trama o los relatos que se centran en tal o cual concepto. Y así interpreto Desgracia, como una estructura concéntrica sobre la que giran los personajes. Desgracia es una tela de araña en la que cada uno, con sus decisiones e indecisiones, decide estar o no. Tenemos, por tanto, la desgracia que sobrevuela nuestras cabezas como la espada de Damocles y la que cada uno se labra con mucho cuidado. El lector termina por preguntarse cuál su parte de culpa en lo que nos sucede, porque nuestra vida no está esculpida en piedra y tenemos mucho que decir sobre las acciones de nuestro futuro.

No obstante, lo que más me ha llamado la atención de esta obra es la valentía que desprende y que choca con la cobardía del protagonista, puesto que la vida nos obligue a mover ficha no nos convierte en valientes. Coetzee lleva al lector por donde quiere, lo azuza, lo confunde. Como lectores sentimos como propia la confusión del protagonista, en distintos ámbitos, uno de los cuales son sus dudas como perteneciente al género masculino, del que a su mediana edad no parece comprender nada: no se conoce a sí mismo y mucho menos a las mujeres. Tampoco se reconoce en sus actos, lo que es mucho más grave. No, no podemos decir que esta novela es feminista, pero sí se acerca a abordar un espinoso tema donde sobrevuelan preguntas que giran en torno al momento en que una mujer toma decisiones por sí misma o, lo que es lo mismo, ¿cuándo una mujer deja de aceptar la tutela de un hombre? ¿Cuándo un padre deja de ejercer como tal? ¿Ser lesbiana alimenta una respuesta machista y trasnochada a estas preguntas? Cada uno de vosotros puede juzgar por sí mismo. Sin embargo, el narrador no pretende juzgar a nadie. El protagonista tendrá que buscar sentido al sinsentido, al dolor, a la vejez y a la soledad en un país cuya cultura tampoco parece conocer. Poner todo de nuestra parte a veces no es suficiente, porque hay cosas que no tienen arreglo.

Las situaciones que viven este padre y esta hija no son las mismas, ni parecidas, pero ambos son víctimas de un trauma, de distinta categoría, por lo que podríamos leer esta novela en clave de novela de trauma. Hace unos años escribí un par de entradas sobre este tema, porque para mi tesis estudié las novelas chicanas sobre la guerra de Vietnam (Neither Eagle nor Serpent: la guerra de Vietnam como tema literario en la novela chicana, 2012) y es algo que suele tomarse a cachondeo: si todo es trauma nada lo es. Podéis pinchar en los enlaces para más información.

En resumen, Desgracia es una gran novela repleta de simbología que equilibra la historia de los protagonistas con la forma en que los cambios en Sudáfrica son renqueantes. Nada tiene que ver la capital con las zonas rurales que siguen leyes que el protagonista considera incomprensibles. Grande Coetzee.

¿Qué opináis? bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

P.D. Os dejo el enlace para el Master online de creación literaria de Culturamas, donde doy la parte de crítica literaria. Quedan pocas plazas, reserva la tuya ❤ http://www.culturamas.es/blog/2017/09/26/master-online-de-creacion-literaria/

 

 

 

 

RUSSELL BANKS: LA LEY DEL HUESO

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La novela de aprendizaje prototípica es El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, obra que detesto, aunque no recuerdo el motivo. Las novelas de aprendizaje, también llamadas de iniciación o bildungsroman, son aquellas en las que un joven parte de la inocencia a la experiencia a través de un viaje iniciático en el que tiene que superar una serie de pruebas. Es probable que lo hayamos explicado en otras ocasiones porque es algo que se repite y que Joseph Campbell indicó a la perfección en El héroe de las mil carasbasado en los mitos y los arquetipos de Jung. La grandeza del asunto reside en que podemos encontrar esta estructura en El Quijote o en la mayor parte de las películas de la televisión, incluidas las de Steven Segall o Jackie Chan. La ley del Hueso cumple la mayor parte de las características propias de estas narraciones, aparte de las mencionadas, como la muerte del padre, la del amigo y una cantidad ingente de vicisitudes, a través de las cuales no sólo llegará a la madurez sino a la sabiduría, diría yo.

No obstante, el tono de la obra no es el típico que cabría esperar. En primer lugar, el protagonista es un adolescente problemático y su propia visión de la vida cambia a medida de su intuición y no tanto de su experiencia mediante una técnica analítica de ensayo-error. En segundo lugar, su manera de expresarse mantiene a lo largo de la novela un punto de sutil ironía con cierto grado de humor, a pesar de las duras vivencias. Sin embargo, estos dos aspectos, por sí solos, no hacen de esta obra una novela especial, algo que sin duda es. Hueso, un chaval hecho a sí mismo pero no a la manera de Trump, cambia su nombre, aunque no sabemos si es por ser más duro, porque las experiencias vividas han dado “en hueso” y no le han hecho mella o porque ha decidido vivir su vida libre de injerencias desde lo único que le importa. Su naturaleza es de buen corazón, algo que no se ajusta al canon que nos presenta la sociedad por el que una adolescencia violenta siempre te convierte en criminal.

Lo impresionante de La ley del Hueso es que el protagonista en ningún momento deja de valorar la humanidad de las personas, de todas las personas. Ser humano no significa ser bueno o ser malo sino que es un compendio de aspectos positivos y negativos. Mi profesor de arte cuando yo tenía 18 años me lo explicó muy claro: benevolente significa “querer ser bueno” pues su etimología viene de bene (bueno) y del latín volo (querer). Según una leyenda india, todos llevamos dentro dos lobos uno bueno y uno malo pero sólo crecerá el que alimentes. Esa es la verdadera y única ley de la vida. Confieso que me ha llegado al hueso.

P.D. Os dejo el enlace para el Master online de creación literaria de Culturamas, donde doy la parte de crítica literaria. Quedan pocas plazas, reserva la tuya ❤ http://www.culturamas.es/blog/2017/09/26/master-online-de-creacion-literaria/

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JESÚS FERRERO: LAS EXPERIENCIAS DEL DESEO. EROS Y MISOS

 

 

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En esta fotografía Jesús Ferrero, uno de mis escritores favoritos, me recuerda al brujo Aleister Crowley (1875-1947). Supongo, que estaréis de acuerdo (ver foto más abajo). A este hombre le apodaban La Gran Bestia 666, fue un influyente ocultista, místico, alquimista, escritor, poeta, pintor y mago ceremonial inglés. Hoy en día es conocido por sus escritos sobre magia, creo recordar que negra. Estoy absolutamente convencida que Ferrero no es desconocedor del británico pero, aunque no pretendía comparar sus obras, sí diré que el ensayo de Ferrero, Las experiencias del deseo. Eros y Misos, libro del que está muy orgulloso y que considera su mejor obra, explica, una vez más, que lo uno no es sino por su contrario. Sin magia negra no hay magia blanca, ni día sin  noche y así ad infinitum.

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La cita que aparece en el inicio sigue en la senda del título y pertenece a Andrés Fernández de Andrada (1575-1648), Epístola moral a Fabio, cumbre de la poesía clásica española por su perfección, en la que reflexiona sobre la brevedad de la vida y la condición humana. La cita es la siguiente:

Esta invasión terrible e importuna

de contrarios sucesos nos espera

desde el primer sollozo de la cuna.

Así pues, nuestra vida está tomada por la sucesión de contrarios que nos dominan. Ferrero nos explica que, desde nuestro nacimiento deberemos tornar el dolor en placer o no podremos soportar la vida. El amor (Eros) y el odio (Misos) y las experiencias derivadas de ambas fuerzas dirigen nuestra existencia siendo el propósito del autor arrojar un poco de luz ante las pasiones, muchas veces entendidas como enfermedades, que nos rodean y no terminamos de comprender. Algunas vienen de antiguo como la envidia, otras nos parecen más modernas como la anorexia que, sin embargo, entronca con los ayunos de antiguos místicos y anacoretas.

El deseo como motor del hombre tiene un papel esencial en el libro, en el prólogo y el epílogo, aunque en éste también habla sobre la vida y el universo. Las otras cuatro partes se dividen en las experiencias del Eros a uno mismo: narcisismo, egoísmo y egolatría, idiotez, autocomplacencia y vanidad, orgullo, soberbia y arrogancia. Las derivadas de Eros al otro son: la gula, codicia y avaricia, admiración e idiolatría, sexo, amor a los objetos, ambición, amor al saber, a la especie. Pero también el contrario y, quizá, la mejor parte del libro, las experiencias derivadas del Misos a uno mismo: temeridad y destino, masoquismo, anorexia y anacoretismo, aburrimiento, hastío y tedio, drogadicción, vergüenza y culpa, ansiedad, angustia y desesperación y la locura negra: melancolía y depresión. Las derivadas del odio al otro son las siguientes: misantropía, agorafobia y claustrofobia, envidia, el miedo y el terror, los celos, resentimiento y rencor, venganza, sadismo, pasión por el poder, el asesinato y la guerra.

Ferrero es filósofo pero éste no es un ensayo complejo, la estructura es simple, lo difícil es entender que la vida es un juego de contrarios, algo que los antiguos sabían muy bien y que nosostros debemos recordar y no juzgar y, menos aún, con los ojos de la religión. En esta obra no hay pecado ni virtud, ni positivo ni negativo, porque todo es como tiene que ser, lo uno y su opuesto, ya que trata de las experiencias del deseo que actúa de motor. ¿Dónde están los límites, cuáles son pasiones y cuáles patologías? Esas preguntas no tienen cabida aquí. Es una exposición clara y concisa, demasiado quizá, sobre lo que no solemos pararnos a pensar. Imprescindible.

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También puedes apuntarte a mi taller online de crítica literaria en Culturamas.

 

 

BERTA DELGADO MELGOSA: “MATAPERROS”

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© Foto masLucena

Gracias ❤ El día 5 hará tres años que publiqué Los que sobreviven nunca son los mismos. Por eso quería haceros un pequeño regalo, uno de los relatos de aquel libro, “Mataperros“. En España solemos decir “maté un perro y me llamaron mataperros”, eso quiere decir que haces algo una sola vez y te ponen la etiqueta de lo que hiciste. Ya he escrito varios libros pero podéis ponerme las etiquetas que queráis. Espero vuestras críticas corrosivas, destructivas y de las otras 🙂 Y gracias otra vez por estar ahí. En breve tendréis noticias de mi primera novela. ❤

MATAPERROS

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© Foto Berta Delgado Melgosa

Manuel Torralba cierra sus libros, guarda sus apuntes y sale del aula apresurado y cabizbajo. Cada día odia más dar clase y su horario de trabajo se le hace interminable por lo que mira al reloj de continuo. Es capaz de hablar y ver, a un tiempo, cómo transcurre cada penoso minuto dividido a su vez en centésimas y milésimas de segundo, momentos que, con los años, se han convertido en angustiosos. Repite una y otra vez las mismas afirmaciones y cuenta las mismas anécdotas que han terminado desgastadas en un vano intento de que esos pencos (que no terminan de crecer y que cada año le tratan peor) salgan de su ignorancia por un rato, pero ya lo da por imposible. Para todos ellos, que viven al margen de lo que él considera importante, siempre inmersos en estupideces y trivialidades la vida les resulta una aventura hedonista. Pero Manuel no concibe la vida como placentera, simplemente no ha pensado en disfrutar. El placer no tiene que ver con su trabajo, desde luego. Tampoco muestra un interés desmedido por nada, lo que se refleja en las arrugas de su frente y la pequeñez de sus ojos fríos y de mirada adusta. Quizá sus plantas le arrebaten pequeños momentos de entusiasmo. Cuando las ve crecer, las poda o realiza los injertos se da cuenta de lo lejos que se encuentra de sus primeros años en el instituto y se lamenta de no haber vivido la vida que siempre quiso y que ha quedado con un vago sueño que se funde, nada más despertar, en la rutina más fastidiosa.

Manuel sale del instituto, como cada día, tieso como un palo. Sus alumnos lo imitan y se ríen de él abiertamente. Aunque en el fondo sienten lástima, no tratan de disimular que no sienten hacia él ningún respeto.

Esa tarde Manuel se dirige a su casa y preparará la maleta pues irá a ver a una vieja amiga a Madrid. Ni le apetece ni todo lo contrario, pero hace tanto tiempo que no la ve y que no hace nada interesante… Vencer la indomable pereza y coger un tren le hará bien. Al ver pasar los árboles, las tierras de labranza de colores ocres y marrones se queda dormido pensando en los domingos en su pueblo natal, en el corral, con el señor Leonardo, que ayudaba a su padre con la faena. Entonces pasaba mucho tiempo solo, subido a los manzanos lleno de arañazos y rozaduras, sentado en el pozo y recogiendo moras. Aquellos años fueron una bonita época. Hace tiempo que no ve a sus padres. Años atrás entraron en una residencia y le parece más cómodo llamar por teléfono. Disgustado por un breve sentimiento de culpa se levanta al oír que llega a su destino. María es una vieja amiga de los años en que estudiaba la oposición. Tuvieron algo que pudo llegar a algo más. Sin embargo, ninguno pareció mostrar la pasión que se presupone en una historia de amor. Quizá fuera eso. Que no era amor.

Manuel se dirige a recoger su bolsa de viaje cercado por estos pensamientos pero no la encuentra. Revuelve los equipajes pero casi todo son maletas. Está seguro de haberla puesto ahí. Casi en un arrebato deja de dudar y se baja del tren, eso sí, con la primera bolsa de viaje que puede. Se dirige a grandes zancadas hacia el recinto de la estación con el corazón latiéndole como nunca en su vida. Baja las escaleras de dos en dos y coge un taxi hacia su hotel. El taxista tiene que preguntarle un par de veces la dirección. Lleva consigo la bolsa, no ha querido dejarla en el maletero. En unos minutos que le parecen horas llega al hotel desde el que se ve el río y sus tranquilas veredas. Se registra lo más rápido que puede y sube a su habitación donde se sienta en la cama sin soltar la bolsa que tiene sobre sus rodillas. No se atreve a abrirla. Un rato más tarde consigue el valor necesario y recorre despacio la cremallera. La dueña es una mujer entrada en carnes, por lo que parece. Blusas grandes y faldas enormes que deja perfectamente dobladas encima de la cama, además de zapatos y una pequeña bolsa de aseo. Cremas y potingues de todo tipo aparecen colocados en un orden perfecto para ocupar el menor espacio posible. Todavía no siente la vergüenza golpear gravemente su conciencia. Ha entrado en un mundo desconocido del que aún tiene mucho que descubrir. Termina de sacar toda la ropa y por último aparecen las medias y un cuadernillo de espiral que había quedado al fondo. Lo deja todo encima de la cama y comienza a hurgarse en la bragueta. Manuel termina tumbado encima de la cama entre las blusas de seda, las faldas de lino y las chaquetas de algodón. Aprecia el tacto de las prendas, huele la ropa interior y siente un profundo placer, en especial, cuando se prueba las medias.

© Berta Delgado Melgosa, Los que sobreviven nunca son los mismos

MILAN KUNDERA: LA IGNORANCIA

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A partir de hoy también podéis encontrar mis artículos de crítica literaria en opulix.com. Una comunidad de escritores que tratan temas de actualidad: ciencia, sociedad, diseño, cocina, literatura… Os espero aquí, allí, donde sea…pero os dejo el artículo por si no os apetece pinchar en el enlace ¡ah! y gracias por leerme ❤

No suelo releer pues tengo tantos libros pendientes que prefiero conocer nuevas obras. Lo que sí hago es volver de una manera obsesiva sobre autores que admiro, uno de los cuales es Kundera, porque con sus libros siento un escalofrío. Siempre he creído que su forma de escribir no es tan compleja, pero sí su pensamiento. En sus personajes y, en concreto, en los de La ignorancia, muestra su maestría en los cambios de rumbo yendo de la historia de uno a otro protagonista, a la vez que las entremezcla. El nexo de unión es la nostalgia o, al menos, los sentimientos encontrados al volver al país de origen tras veinte años en el de acogida. Ya nada es como antes y lo que creyeron recordar es una trampa. La memoria es frágil, la memoria es ignorante al fin y al cabo.

Milan Kundera: La Ignorancia

La forma de afrontar el regreso de los protagonistas es diferente, como también lo son sus historias y motivaciones personales. El repaso, revisión o quizá desconocimiento de uno mismo tras el paso de los años no da lugar a la compasión. La revolución se ha hecho a través del tiempo y acosta de las personas que se quedaron en el país. Los que se marcharon parecen meros traidores, cuya culpa parece expiarse con su vuelta. Ahí quedan las pequeñas venganzas, los reproches, la envidia. Es “la otra historia”, la de los que quedaron atrás e intentaron no hacer de sus vidas un lamento. Cada personaje, pues, es invitado a formar parte de la historia del mundo y, a la vez de cada uno, porque todos tenemos una historia de desconocimiento personal a la vez que un desarraigo que nace de la frustración. Todos podemos considerarnos emigrados y vencidos.

La ignorancia es una novela tristemente actual y que deseamos desconocer en este momento en el que el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio. Haríamos bien en mirarnos en el espejo de la historia de Europa y comprobar que la ignorancia del pasado no nos exime de nuestra responsabilidad en el futuro, pues significa apartar la mirada a todas las víctimas de la represión en uno u otro sentido, víctimas que un día fueron nuestros padres o quizá nosotros seamos en algún momento.

A vuestra disposición en: bertadelgadomelgosa@gmail.com

FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ: ORO Y HAMBRE

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En España Fernando Fernán-Gómez ha sido un hombre muy famoso, tanto como actor como director y es difícil leer su obra sin que nos influya lo que pensamos del propio autor, no como autor, sino como personaje público. Su figura ha sido controvertida pero su calidad literaria es indudable, recordemos que fue Académico de la Lengua de una manera merecida y no como, a mi parecer, Soledad Puértolas o Arturo Pérez Reverte, que no sé qué pintan ahí.

Oro y hambre es, como se nos dice en el prólogo, un compendio de guiones para una serie de televisión famosa en su momento (unos treinta años atrás), basada en Lucas, el protagonista, lo que la convierte en un refrito, motivo por el cual la encuentro algo deslavazada y con un final precipitado. Esto, que es una opinión personal, resulta de la dificultad de escribir cambiando el género a mitad de camino. Es probable que hubiera tenido mejor resultado si hubiera escrito de nuevo los textos en lugar de refundirlos, ya que las diferencias entre un guión y una novela corta son evidentes.

Con todo, es una novela breve y divertida pero con enjundia, donde queda perfectamente retratada la sociedad de la época, el Siglo de Oro español, el XVII, con una atmósfera bien recreada, dada la vasta cultura de Fernán-Gómez, que seguro leyó a los grandes autores y las grandes obras como El Buscón, Guzmán de Alfarache, El Lazarillo y otras tantas que han conformado la figura típica del pícaro y que comenzaron en el siglo anterior. Os dejo un enlace por si queréis ahondar en el fascinante tema de la picaresca y sus inicios. Con toda la corrupción que campa en España se suele utilizar el carácter picaresco español pero, nótese, que los que roban nuestro país con total impunidad son, en su mayor parte, ricos, cruel diferencia con nuestro personaje principal.

Fernando-Fernán-Gómez utiliza la figura de las memorias de Lucas, supuestamente propiciadas por un fraile que le ayuda y le anima por curiosidad malsana ante esa vida de viajes y aventuras que, más bien, es de dar tumbos y desventuras, de hambre, palizas, estafas, traiciones y huidas para salvar la vida. Por ingenio que no quede, pero de eso no se vive y, mucho menos, bien.

Me ha hecho mucha ilusión leer esta obra, porque me ha traído recuerdos de mi niñez, cuando en televisión española había series de gran calidad, que mostraban un pedazo de nuestra historia e idiosincrasia. Aunque, bien pensado, éramos aquellos y somos estos. La picaresca ha variado lo justo. Los que pasan hambre y palos son los de siempre y los de siempre se llevan el oro, quizás no en cofres, sino en cuentas en Delaware o Suiza. Siempre es bueno que nos recuerden lo miserables que somos para que no se nos suba a la cabeza esto de la clase media, ya en peligro de extinción. En especial, si está tan bien escrito y con tanto conocimiento de la historia, de la literatura y de la lengua españolas. Un lujo.

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ALFREDO CONDE: EL BEATO

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En este país de enchufes y mangoneos es especialmente sangrante el que sufren determinados autores que no cuentan con las campañas de marketing y tiradas ingentes de ejemplares de algunos de aquellos que mejor harían en dedicarse a otros menesteres. Ésta es, a mi parecer, la situación de Alfredo Conde, sin duda un referente para la literatura española cuyo  reconocimiento me resulta escaso. Las razones para que sea uno de mis autores imprescindibles son muchas y variadas, pero veamos alguna de ellas aplicada a la novela que nos ocupa.

El beato, que ha ganado el Premio Ateneo Ciudad de Valladolid, cuenta la historia de un hombre venido a santo, Fray Julián de Chaguazoso, aunque no tiene muy claro cómo. A través de las láminas que fray Tadeo de la Aguadilla hiciera  siglos después, el protagonista enmienda la plana a su hagiógrafo con esa socarronería tan típica de Don Alfredo y ese humor de buen gallego, que vemos en sus varios niveles de lectura. La vida de Fray Julián está marcada por la ironía de que las cosas sucedan por azar o por la obra de Dios. Un misterio insondable que no preocupa a este hombre determinado y trabajador que llegó a las Indias a hacer las Américas y encontró la santidad.

Las hagiografías o vidas de santos han sido un género muy leído por grandes escritores, pero nunca han estado exentas de exageraciones, cuando no de invenciones y mentiras, de ahí que  El beato tenga un punto paródico, ya que es el propio intresado quien nos cuenta la realidad de su existencia. Y por aquellas otras ironías resulta que la edición de la novela ha coincidido en el año de canonización de Teresa de Calcuta, que cuenta también con detractores, no sólo por la extrema rapidez del proceso, sino porque en todo ser humano hay luces y sombras, que a algunos se perdonan mejor que a otros y que se ocultan de manera flagrante en las biografías.

No obstante, El beato es una obra con más acción de la esperada a priori, en la que subyace una crítica (feroz, diría yo) hacia las instituciones tanto civiles como eclesiásticas que se enriquecieron al usar el nombre de Dios en propio beneficio amén de utilizar todo tipo de vilezas y crueldades para detentar el poder en unas tierras ya habitadas, aunque nadie pareció darse cuenta. La violencia tanto de unos como de otros, las pasiones o la venganza narradas con la normalidad de quien las vive desde dentro no nos puede llegar a sorprender, porque esto de que la historia se repite es más bien cierto y, en mi opinión, es uno de los alicientes de esta novela. Así que os recomiendo El beato vivamente, porque para sobrellevar lo que nos queda nada mejor que la maestría y el humor de Don Alfredo, tan negro tantas veces, tan recomendable todas ellas. Va para usted un abrazo.

P.d. Para los que hayáis leído Ostranenie mi libro de relatos y fotografías junto a masLucena, deciros como curiosidad que el relato “Los días fueron otros” está dedicado a Don Alfredo.

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A PROPÓSITO DE DYLAN

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Hubo un tiempo en que creía que conocer al menos cinco discos de Dylan servirían para conseguir el amor. Con esto quiero expresar la importancia de Dylan en mi vida, no exclusivamente sentimental.

Creo que sólo faltaba yo de dar mi opinión y lo primero que quiero decir es que nadie me preguntó pero nunca estuve conforme con que le dieran el Nobel a Camilo José Cela ni a Alice Munro, el uno por insufriblemente egocéntrico y por tener sólo una gran novela y a la otra porque me resulta pesada y porque quien lo merecía era otro canadiense, Alistair MacLeod. Esto, por supuesto, es una apreciación personal, que es lo que hace el jurado de un premio privado (amén de cuestiones políticas) compuesto, en general, por hombres europeos, blancos y ricos que se lo suelen dar a otros hombres europeos, blancos y ricos. Dudo mucho que se lean las obras completas de todos los que se presentan, normalmente autores que escriben en chino mandarín u otras lenguas cuyas obras sólo son traducidas e, incluso editadas, después del fallo. Si un tribunal de tesis no se lee las tesis, imagínense, pero esto de no leer no levanta ampollas, aunque me sirve para cuestionar el asunto del merecimiento de unos sí y otros no.

¿Qué hace especial a Dylan? Que es músico y ya podemos opinar todos aunque la mayoría sólo haya oído un par de canciones suyas hace veinte años. Dylan es un poeta como Patti Smith o Leonard Cohen pero su influencia es innegablemente superior. Yo me alegro que me hayan dado la razón. Desde MONÓLOGO INTERIOR veníamos diciendo que hay grandes historias en muchas canciones como en las de  Johnny Cash (“Out Among The Stars”), John Hiatt (“Nobody Knew His Mame”), Bruce Springsteen ( “My Father’s House”)Dave Alvin  (“Harlan County Line”) , de nuevo John Hiatt  (“Have a Little Faith In Me”) ,Hozier  (“The Arsonist’s Lullaby”) y Sarah Jaffe (Watch Me Fall Apart). Está bien que se hayan bajado del guindo y que se acepte que la literatura no deba ser tan elitista. Dicho esto, no todos los músicos son poetas, no todos los periodistas saben escribir y algunos académicos de la lengua no deberían estar en la RAE, como Pérez Reverte o Soledad Puértolas. Cierro paréntesis.

La leyenda de Dylan se agranda a medida que no contesta las llamadas de los suecos. A algunos les parecerá que su obra no es suficientemente literaria. Es muy probable que no llegue a superar con sus letras a aquel “infame turba de nocturnas aves”, que puede parecer una tontería, pero es uno de los mejores versos españoles y que no se puede explicar en menos de 2 horas. Pertenece a Góngora,  literato del Siglo de Oro, que ya casi nadie sabe quién es. En cualquier caso, “la respuesta está en el viento” no es lo único que ha escrito, porque eso sería tanto como decir que “la vida sigue igual”, que es una apreciación de cierto calado filosófico del insigne Julio Iglesias, también merece un galardón de este tipo. Con esto quiero decir que todavía hay clases, vamos.

En resumen, Dylan ha revolucionado no sólo la música folk-rock que bebía de fuentes como Woody Guthrie cuando electrificó la guitarra acústica, sino que ha cambiado muchas vidas al animar a otros a seguir un camino no sólo de denuncia social, como ocurrió con la canción protesta, inaugurada por él, sino a dar voz a lo que ocurre en la calle de una manera elevada. Dylan es un genio. ¿No se merece el Nobel? Demuéstrenlo.

PD. Recordad que podéis apuntaros a mi curso de crítica literaria en Culturamas o poneros en contacto conmigo para lo que queráis en bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

DE VACACIONES…PERO VOLVERÉ

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Querid@s tod@s…cierro el chiringuito durante el verano. Me dedicaré a tomar el sol, leer cosas interesantes que luego os contaré y a mi novela. Pero recordad que aún estáis a tiempo de apuntaros a mi taller intensivo de crítica literaria de agosto en Culturamas (más info en cursos@culturamas.com), que a partir de septiembre será trimestral.

Me encantaría recibir a mi vuelta alguna crítica de mis libros…Os dejo los enlaces por si os apetece probar las mieles de la crítica. Siempre seréis bienvenidos. El que a hierro mata a hierro muere, soy consciente 🙂

Por supuesto, me podéis escribir a bertadelgadomelgosa@gmail.com. Gracias por estar ahí, disfrutad todo lo que podáis y hasta prontooooo ❤

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Los que sobreviven nunca son los mismos