LUIS GOYTISOLO: LAS AFUERAS

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Luis Goytisolo pertenece a una de esas familias de grandes intelectuales. Su hermano Jose Agustín un excelente poeta llevado a la canción de la mano del genial Paco Ibáñez o Joan Manuel Serrat.  Juan, fallecido recientemente, otro gran escritor Premio Cervantes y que pasó parte de su  vida en Marraquech, tras la muerte de su esposa, donde yace junto al también escritor, Jean Genet. Luis, del que nos ocupamos hoy, es académico de la lengua que en su caso tiene todo el sentido, no como en los abyectos Reverte y Puértolas, con todos mis respetos a sus más fervientes seguidores.

Luis perteneció al Partido Comunista por lo que pasó una temporada en la cárcel de Carabanchel donde pergeñó su obra cumbre, Antagonía, presente en mis oraciones, pero que al tratarse de una tetralogía  de más de 1000 páginas espera pacientemente en una repisa. Esa obra trata de la novela, de las fronteras del género y de todo lo que cabe dentro de ella, a la que dio una nueva perspectiva. Hasta que nació Antagonía, sólo había escrito Las afueras y Las mismas palabras que pertenecen ambas al realismo social de la época de los 50 en España.

Es cierto, que la novela social siempre me ha gustado y muchas de las obras españolas que leo pertenecen a esa época. No pude con Tiempo de silencio, por ejemplo, pero me encantaron Nada de Carmen Laforet o Las ninfas de Paco Umbral. En el caso de Las afueras, es notable el enorme conocimiento de la sociedad del momento, el uso de un vocabulario en gran parte perdido y una increíble técnica narrativa. Son siete relatos distintos que pueden leerse como una sola novela contada hacia atrás, quizá por la sensación de desarraigo de los personajes, el choque entre lo rural y lo urbano, entre los que están en la sociedad y los que están en las afueras de la misma. Lo que más he disfrutado es la descripción de la podredumbre moral y el presagio del drama, pero sobre todo, su contención. Resulta muy compleja la manera de entreverar el dramatismo, el lirismo, la crítica social y mezclarlo con un estilo impecable tras una técnica invisible a primera vista, algo que sólo lo puede hacer un grande de la literatura. A veces parecemos olvidar ciertos nombres. Luis Goytisolo no debería ser uno de ellos.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

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BERTA DELGADO MELGOSA: “MULTNOMAH FALLS, OREGON”

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©Foto masLucena

Dudo mucho que sea elevado el número de mujeres que, de una u otra manera, no hayan sufrido algún episodio de violencia sexual en grados diversos. Por eso, y porque la única manera de que la victimización sea un proceso menos lento es necesario que haya un sentimiento de comunidad, para que la víctima no se sienta sola ni avergonzada. Detesto los comentarios vertidos en los medios sobre mujeres que vivieron estas experiencias en el pasado y ahora las cuentan, no son oportunistas, a una víctima individual se la persigue si hay más se las cree. Ahora es el momento de visibilizar lo invisible y de dar voz contra el abuso, el machismo y el patriarcado. Por eso hoy os dejo uno de mis relatos, “Multnomah Falls, Oregon”, que trata el tema del acoso sexual y quiero dedicárselo a todas las víctimas. Gracias por estar ahí. Espero vuestros comentarios. ❤

bertadelgadomelgosa@gmail.com

MULTNOMAH FALLS, OREGON

 

Dicen que las mujeres disfrutan del misterio en los hombres, de la imagen que han creado en su inconsciente fantasía —más que de los hombres mismos— generación tras generación. Pero cuando alguien te dice: da igual la ropa que lleves, te veo desnuda, poco importa lo que pudieras creer. A mí me dijeron esas palabras, eran tan reales que mientras bajaba las escaleras poco a poco, como si el tiempo se hubiera detenido, pensaba en cada escalón si esas palabras se volverían indeterminadas, quizá neutras. Pensaba si estaba equivocada o había oído mal y lo deseaba desde dentro de mis pechos, malditos pechos, y por encima de mis camisas y de los pantalones que apenas dejaban distinguir mi figura adolescente. No tenía miedo. Lo juro por Dios. Cuando iba a dormir, dormía, porque no tenía miedo, hasta a mí me resultaba difícil de creer y eso fue lo peor de todo. Esto es un juego, sólo tengo que ser más lista y todo pasará, me decía.

Si hubiera querido violarme ya lo habría hecho, él, mi profesor particular del que estaban enamoradas todas las madres de Multnomah Falls, Oregon. Al menos la mía y la de Charlotte. Había intentado dejar de ir a sus clases en aquella casa, pero esa sonrisa y su cuerpo de cuarentón a lo Alec Baldwin cuando Alec Baldwin no parecía… bueno, nadie me habría creído. Qué guapa estás hoy, tienes que retirarte el pelo de la cara y cuéntame si te gusta algún chico, en mí puedes confiar y, luego, la mano en el muslo, ¿te masturbas, verdad? Es algo muy sano. Pero, Lizzy, ¿qué te pasa? Tienes que darme un beso al venir y al marcharte… no seas maleducada o hablaré con tu madre. Así que, ya ves, tengo que ser más lista y no dejarme llevar por el miedo. Esto es un juego, si hago como si nada se cansará, si voy fea se cansará, si no me ruborizo cuando no deja de hablar de sexo se cansará. Pero hubo un día en que me hizo sentir especial, casi como una mosca entre los pelillos de una planta carnívora. Entonces vi sus ojos azules convertirme en una esclava, advertí el animal que había en su interior y, en un instante, comprendí lo que es desafiar la verdad. Salí de la habitación despacio, él sonreía seguro de su victoria. Olvidé el beso en la boca y mi desgana dio paso a mi supuesta homosexualidad. No iba ser de otra manera. En este juego de poder una niñata no podía vencer a no ser que hubiera algo imprevisto, algo con lo que no contara su seductora sonrisa, que ya había ganado a Charlotte, quien le miraba de lejos con ojos cansados. Charlotte era un poco mayor que yo y llevaba un año yendo a sus clases. Sus notas eran excelentes, sus padres estaban orgullosos e invitaban a Dan a cenar, a Dan al partido y allí estaba Charlotte con sus pantalones cortos, bien ajustada, y yo con el pelo casi sucio, con la cara tapada a ratos por las gafas, la mano en la boca, porque mis labios son carnosos, y la ropa dos tallas más grande por las malditas tetas. Hija, no sé por qué no te fijas en lo mona que va Charlotte

—Ya lo sé, mamá.

A medida que se acercaba la hora de la clase el cielo se ennegrecía. Cada día era una guarra que no se lavaba, una bollera asquerosa, una estúpida rebelde. Y todo el cielo era negro cuando se acercaba la hora de la clase. Aquel día pensé que la lluvia se alejaba, aunque era yo quien se movía. Mi vida parecía retorcerse como los sapos después de la tormenta. Cuando parece romántico no lo es y cuando lo es, es mentira. En eso pensaba Dan, Dan, Dan, cuando me contabas que cuando estás con Charlotte piensas en mí y cómo te olerán las manos a mandarina y a sexo cuando estemos juntos. Así que un buen día hablé con Charlotte y le dije: Charlotte, querida, o me das clase tú o le chivo a todo el mundo lo mucho que se preocupa Dan por las adolescentes.

Ya nadie piensa que soy lesbiana. Soy la más guapa del instituto de Multnomah Falls. Soy la más lista, eso lo sé yo. Mi madre está contenta, mis notas son buenas. Sólo tengo miedo por las noches, por si voy a ser así de fría de mayor, cuando alguien me bese la nuca y me excite y entonces me brillen los ojos de esa manera.

©Berta Delgado Melgosa, Ostranenie.

BERTA DELGADO MELGOSA: “MATAPERROS”

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© Foto masLucena

Gracias ❤ El día 5 hará tres años que publiqué Los que sobreviven nunca son los mismos. Por eso quería haceros un pequeño regalo, uno de los relatos de aquel libro, “Mataperros“. En España solemos decir “maté un perro y me llamaron mataperros”, eso quiere decir que haces algo una sola vez y te ponen la etiqueta de lo que hiciste. Ya he escrito varios libros pero podéis ponerme las etiquetas que queráis. Espero vuestras críticas corrosivas, destructivas y de las otras 🙂 Y gracias otra vez por estar ahí. En breve tendréis noticias de mi primera novela. ❤

MATAPERROS

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© Foto Berta Delgado Melgosa

Manuel Torralba cierra sus libros, guarda sus apuntes y sale del aula apresurado y cabizbajo. Cada día odia más dar clase y su horario de trabajo se le hace interminable por lo que mira al reloj de continuo. Es capaz de hablar y ver, a un tiempo, cómo transcurre cada penoso minuto dividido a su vez en centésimas y milésimas de segundo, momentos que, con los años, se han convertido en angustiosos. Repite una y otra vez las mismas afirmaciones y cuenta las mismas anécdotas que han terminado desgastadas en un vano intento de que esos pencos (que no terminan de crecer y que cada año le tratan peor) salgan de su ignorancia por un rato, pero ya lo da por imposible. Para todos ellos, que viven al margen de lo que él considera importante, siempre inmersos en estupideces y trivialidades la vida les resulta una aventura hedonista. Pero Manuel no concibe la vida como placentera, simplemente no ha pensado en disfrutar. El placer no tiene que ver con su trabajo, desde luego. Tampoco muestra un interés desmedido por nada, lo que se refleja en las arrugas de su frente y la pequeñez de sus ojos fríos y de mirada adusta. Quizá sus plantas le arrebaten pequeños momentos de entusiasmo. Cuando las ve crecer, las poda o realiza los injertos se da cuenta de lo lejos que se encuentra de sus primeros años en el instituto y se lamenta de no haber vivido la vida que siempre quiso y que ha quedado con un vago sueño que se funde, nada más despertar, en la rutina más fastidiosa.

Manuel sale del instituto, como cada día, tieso como un palo. Sus alumnos lo imitan y se ríen de él abiertamente. Aunque en el fondo sienten lástima, no tratan de disimular que no sienten hacia él ningún respeto.

Esa tarde Manuel se dirige a su casa y preparará la maleta pues irá a ver a una vieja amiga a Madrid. Ni le apetece ni todo lo contrario, pero hace tanto tiempo que no la ve y que no hace nada interesante… Vencer la indomable pereza y coger un tren le hará bien. Al ver pasar los árboles, las tierras de labranza de colores ocres y marrones se queda dormido pensando en los domingos en su pueblo natal, en el corral, con el señor Leonardo, que ayudaba a su padre con la faena. Entonces pasaba mucho tiempo solo, subido a los manzanos lleno de arañazos y rozaduras, sentado en el pozo y recogiendo moras. Aquellos años fueron una bonita época. Hace tiempo que no ve a sus padres. Años atrás entraron en una residencia y le parece más cómodo llamar por teléfono. Disgustado por un breve sentimiento de culpa se levanta al oír que llega a su destino. María es una vieja amiga de los años en que estudiaba la oposición. Tuvieron algo que pudo llegar a algo más. Sin embargo, ninguno pareció mostrar la pasión que se presupone en una historia de amor. Quizá fuera eso. Que no era amor.

Manuel se dirige a recoger su bolsa de viaje cercado por estos pensamientos pero no la encuentra. Revuelve los equipajes pero casi todo son maletas. Está seguro de haberla puesto ahí. Casi en un arrebato deja de dudar y se baja del tren, eso sí, con la primera bolsa de viaje que puede. Se dirige a grandes zancadas hacia el recinto de la estación con el corazón latiéndole como nunca en su vida. Baja las escaleras de dos en dos y coge un taxi hacia su hotel. El taxista tiene que preguntarle un par de veces la dirección. Lleva consigo la bolsa, no ha querido dejarla en el maletero. En unos minutos que le parecen horas llega al hotel desde el que se ve el río y sus tranquilas veredas. Se registra lo más rápido que puede y sube a su habitación donde se sienta en la cama sin soltar la bolsa que tiene sobre sus rodillas. No se atreve a abrirla. Un rato más tarde consigue el valor necesario y recorre despacio la cremallera. La dueña es una mujer entrada en carnes, por lo que parece. Blusas grandes y faldas enormes que deja perfectamente dobladas encima de la cama, además de zapatos y una pequeña bolsa de aseo. Cremas y potingues de todo tipo aparecen colocados en un orden perfecto para ocupar el menor espacio posible. Todavía no siente la vergüenza golpear gravemente su conciencia. Ha entrado en un mundo desconocido del que aún tiene mucho que descubrir. Termina de sacar toda la ropa y por último aparecen las medias y un cuadernillo de espiral que había quedado al fondo. Lo deja todo encima de la cama y comienza a hurgarse en la bragueta. Manuel termina tumbado encima de la cama entre las blusas de seda, las faldas de lino y las chaquetas de algodón. Aprecia el tacto de las prendas, huele la ropa interior y siente un profundo placer, en especial, cuando se prueba las medias.

© Berta Delgado Melgosa, Los que sobreviven nunca son los mismos

JAMES JOYCE: DUBLINESES

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Hoy quería hablaros de uno de los libros que más me ha influido a la hora de querer escribir y cómo hacerlo: Dublineses de James Joyce. A estas alturas parece ridículo añadir algo a todo lo que ya se ha dicho de la obra de este autor, en concreto, de su forma de revolucionar la narrativa en un marco de grandes escritores que junto con él formaron las vanguardias y renovaron la maravillosa prosa de principios del XX. Pero lejos de esas nuevas formas y técnicas se sitúan estos 15 relatos, costumbristas, porque reflejan la sociedad irlandesa de la época, como el propio Joyce diría,  eran la muestra perfecta de la parálisis, en todos los sentidos, provocada por el Imperio británico y la iglesia católica.

No obstante, si queréis una crítica del libro podéis ir a la ingente bibliografía sobre Joyce y diseccionar cada cuento. Yo hoy sólo quería deciros por qué considero esta obra junto con Retrato del artista adolescente dos libros que, como os decía, han influido poderosamente en que yo me decidiera a escribir. Hace tiempo que no releo Dublineses, pero lo que recuerdo vivamente es la contención. Como narradora es uno de los aspectos que más valoro, porque es detestable cuando un escritor se explica. Y no me estoy refiriendo a esa famosa dicotomía entre telling- showing, es decir, la diferencia entre contar y mostrar que todos los escritores tenemos que aprender, por ejemplo, decir que alguien es cojo o mostrar como le observan los demás cuando camina. Pero esto es muy pobre. La contención va más allá al decir sin tener que expresar todo, que el lector haga suyo el personaje, que se centre en la humanidad que desprende, que con muy poco haga maravillas. Eso es lo que consigue Joyce, con un dominio del lenguaje muy por encima del de otros grandes escritores. En cada uno de los cuentos se asoma a la ventana de distintas personas que habitaban ese Dublín en decadencia y te muestra un pedazo de sus vidas. No necesita nada más que un vistazo para que conozcamos las miserias más profundas del ser humano, porque estos cuentos son pinceladas de maestro. En contra de lo que he leído en una crítica desafortunada, en mi opinión, sobre que estos cuentos no son capaces de llegar al lector actual, no hay nada más falso. Eso es tan ridículo como decir que Guerra y paz de Tolstoi ya no puede enseñarnos nada de la guerra ahora que se lucha con drones. Esto no es un best-seller, aquí no existe unanimidad porque una editorial quiera vender más. La gran literatura nunca pasa de moda porque habla del ser humano. De los universales temáticos, como ya os he indicado alguna vez como el amor, la muerte o la guerra, como también están otras pasiones y otros temas como la humillación o la indignidad.

Cuando escribí Los que sobreviven nunca son los mismos intenté expresar la complejidad de la vida que nos toca en un sólo momento y que nos transforma para siempre. Independientemente de la época en la que se haya escrito una obra, debe expresar  algo íntimo del ser humano y como lectores, como buenos lectores, aplicar eso que leemos a nuestra vida. O al revés si queréis, tenemos que vernos reflejados en cada personaje. Ese era mi objetivo y lo es en cada texto que escribo. Veréis, la mejor manera de enseñar a escribir es enseñar a leer. Si nos quedamos en la superficie de las cosas jamás llegaremos a ninguna parte y nos perderemos lo que de verdad importa. Qué más da si hablamos de la Irlanda de principios del XX, de un pueblo perdido de Canadá o de un palacio ruso. Las modas cambian, también al escribir, pero con gran pesar os digo que el ser humano no. La miseria moral, la falta de rebeldía, la inconstancia todo está ahí. Atrevámonos a aprender a leer con sensibilidad para sacar todo el jugo a lo que leemos. Yo, os confieso, no soy una lectora voraz, de esas que dicen leer todo lo que cae en sus manos. Soy selectiva porque no lo puedo leer todo. Y cuando lees algo pobre, independientemente de si lo ha escrito un buen autor o no, pero es pobre, se te pega a la piel. Así que mudemos la piel y leamos a los grandes como Joyce con las tripas.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

PD. Os recuerdo que aún estáis a tiempo de apuntaros a mi taller de crítica literaria online para Culturamas.

PD 2. También estáis a tiempo de comprar OSTRANENIE, mi último libro de relatos y fotografías junto a masLucena.

 

LÁSZLO KRASZNAHORKAI: HA LLEGADO ISAÍAS

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Ha llegado Isaías es un gran relato. El apellido del autor es casi tan largo como las palabras que lo componen (50 páginas) y cuando lo leáis, sabréis por qué me gusta, pero os lo explico. Me hubiera gustado escribirlo a mí. De hecho, es muy probable que lo haga. Porque igual no sabéis que este autor húngaro, también traductor, es de los que no hay que perder de vista, de esos de sajazos, de absoluto dominio de la lengua. Esto lo podría decir de muchos otros, puede que lo haya hecho, pero no con todos vuelvo a leer, a estudiar la estructura sintáctica de sus frases, no con todos vuelvo a rebuscar su olor entre las sábanas. No todos los amantes son iguales, ya deberíais saberlo porque, a estas alturas, qué difícil resulta sorprender.

László Krasznahorkai (1954) consiguió gran reconocimiento en 1985 año en el que publicó Satantango que luego adaptó al cine junto al director Bela Tarr. Ganó, en 1993, el premio Bestenliste en Alemania con su obra La melancolía de la resistencia y otros tantos reconocimientos como el premio Kossuth, el más importante de Hungría.

Lamento no poder deciros nada sobre  el tema, salvo quién era Isaías. Isaías era un profeta cuando Babilonia estaba a punto de caer. Yahweh tenía un plan. (Siempre lo he sabido). El creador del universo designa a Ciro el Grande como mesías y constructor del templo. Esa es su promesa al pueblo de Sion e Israel debe mantener el pacto. En realidad no sé hasta qué punto esto tiene algo que ver con la trama, igual Isaías era un pobre diablo o el vecino del cuarto, en cualquier caso y, aunque los escritores pueden ser algo extravagantes con sus títulos, muchos lo son, nunca dejarían esos títulos en manos del azar, así que vete a saber el porqué del título. En Ha llegado Isaías, Krasznahorkai habla de una de mis grandes obsesiones temáticas, como me gustaría poder (d)escribirla. Si lo descubrís, no lo digáis. Es un secreto.

Pd. podéis escribirme sin destripar el texto a los demás. Encontraréis esta obra en la editorial Acantilado que el autor quiere que se lea junto a Guerra y guerra, en la misma editorial. bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

 

DAVE ALVIN: “HARLAN COUNTY LINE”

dave alvin2Ya sé que me falta Bob Dylan, pero estaba escuchando esta canción. Después de Johnny Cash (“Out Among The Stars”), John Hiatt (“Nobody Knew His Mame”) y  Bruce Springsteen ( “My Father’s House”), llega Dave Alvin. Ha estado en bandas de rock alternativo y punk en los 80. Además de compositor, guitarrista y productor, ha publicado dos libros de poesía,  y en 2011 apareció en la serie televisiva Justified, o sea, Justified: la ley de Raylan en España, precisamente os dejo con el vídeo de la canción que os presento hoy: Harlan County Line. 

Sé lo mal visto que está el country porque muchas de sus canciones son tremendistas y, en el fondo, nos cuesta escuchar esta música porque presenta de una manera muy clara la idiosincrasia de la mayor parte de Estados Unidos, porque la mayoría de la gente es de pueblo en todas partes y van a las urbes para intentar alcanzar el sueño (americano). En Estados Unidos hay más Iowa, Montana, Wisconsin y Dakota que Nueva York, que es sólo un símbolo del poder aglutinador que tiene este país, donde reside su grandeza. Aparte de los clichés de los que siempre me quiero apartar cuando os hablo de canciones, debemos tener en cuenta que la cultura estadounidense está basada en una movilidad que, hasta hace poco, no teníamos en España. Enormes distancias, traslados de una costa a otra, autopistas interminables, moteles de mala muerte y soledad. Así, a bote pronto, se me ocurre pensar que Raymond Carver, Sam Shepard, Charles Bukowski, John Fante, Ernest Hemingway o Tobias Wolff podían haber escrito esta canción, cuyo tema principal es la soledad, no pertenecer a ningún sitio, empezar de cero, poco dinero, malos trabajos y un poco de amor de vez en cuando, resumiendo, carretera y manta. Harlan County Line es un relato americano, sobrio, conciso y preciso, una historia con un final triste, como tantos pequeños finales en la vida o, como diría Alvin, pequeños recuerdos que dejar atrás.

bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

HARLAN COUNTY LINE, DAVE ALVIN

Another morning, another motel bed,
another city waitin’ up ahead…
Light another menthol, to clear my mind…

Of those memories I pretend to forget,
cause I always want to live without regrets
but… yeah…
I still think of her from time to time
Only she’s still livin’ across the Harlan County Line

Now when we met we were both livin’ far from home
tryin’ to get by and tired of being alone,
for a moment I thought she was mine…
Cause she had a voice I just wanted to believe…
She said her mother was full blood Cherokee and her
Daddy was a union man down in the mines…
Fighting the good fight across the Harlan County Line…

People can be Noble, and People can be Cruel
they’ll make you President or they’ll make you a Fool but,
she always treated me nice and kind…
Until that day she left me on my own said there
was trouble she had to handle back home…
Then she gave me a number and said call any time
if I ever made it across the Harlan County Line…

Now the years disappear out on the highway
And I lost her number somewhere along the way
So I’ll say a little prayer that she’s doing fine…

Another morning, another motel bed,
another city waitin’ up ahead…
And another small memory to leave behind
somewhere across the Harlan County Line…

across the Harlan County Line….


Traducción Berta Delgado Melgosa

Otra mañana, otra cama de motel,

otra ciudad esperando.

Enciendo otro cigarro para despejarme

de esos recuerdos que pretendo olvidar,
porque siempre he querido vivir sin remordimientos,

pero todavía pienso en ella de vez en cuando…

si seguirá viviendo pasado el Condado de Harlan.
Cuando nos conocimos ambos vivíamos muy lejos de casa,

íbamos tirando y estábamos cansados de estar solos.

Por un momento pensé que era mía,

porque tenía una voz en la que quería creer.

Dijo que su madre era de sangre Cherokee y su padre del sindicato en las minas,

luchando por algo justo pasado el Condado de Harlan.
La gente puede ser noble, puede ser cruel

te harán presidente o te tomarán por un pardillo,

pero ella siempre fue amable y dulce conmigo.

Hasta el día que me dejó solo.

Dijo que tenía que resolver algo en casa.

Luego me dio su número y dijo llama cuando quieras

si alguna vez pasas el Condado de Harlan.
Los años han pasado en la autopista

y perdí el número en algún lugar del camino.

Por eso haré una pequeña oración para que esté bien.
Otra mañana, otra cama de motel,

otra ciudad esperando,

otro pequeño recuerdo que dejar atrás

en algún lugar pasado el Condado de Harlan
pasado el Condado de Harlan ….

ENRIQUE VILA-MATAS: SUICIDIOS EJEMPLARES

vila-matasYo no soy una de esas personas que se definen como lectores voraces de todo lo que cae en sus manos, entre otras cosas, porque no tengo tiempo suficiente para leer todo, así que me centro en lo que me apetece y a Enrique Vila-Matas (1948) no lo había leído hasta ahora porque era amigo de Soledad Puértolas, escritora que encuentro detestable y  (por aquello de los prejuicios de los que tú tampoco estás a salvo aunque me mires así) no me había acercado a su obra. Hasta ahora, y sólo porque un buen amigo me animó aduciendo eso de “precisamente porque crees que no te gusta seguro que te encanta”. Así que compré, de segunda mano, eso sí, Suicidios ejemplares. El título ya nos lleva a las Novelas ejemplares cervantinas que tenéis en el enlace. ¿Y esto qué nos quiere decir? Pues que estamos frente a uno de esos escritores cultísimos que citan obras y a otros literatos en sus novelas (lo que le ha dado algunos problemas), motivo por el cual, existen distintos niveles de lectura en sus libros.

Con Suicidios ejemplares me ha ocurrido lo mismo que cuando voy al teatro (que me fascina) pero, a veces, aunque la obra me gusta, me salgo fuera del escenario y me fijo en todo lo que lo rodea: el telón, los focos, el resto de los espectadores. Quizá porque los actores me despistan. El tema del suicidio no puede ser más literario y aparece mucho en mis textos, pero la manera de afrontarlo en estos relatos me ha parecido impostada (por utilizar una de sus palabras preferidas). No es que no sea un gran escritor, ni que el libro no merezca la pena o que no esté acostumbrada a leer gran literatura, sino  que sus palabras me resultan afectadas. Me da la sensación de que no ha escrito sobre un tema que requiere, en mi opinión un acercamiento menos literario y más humano o menos humano pero más honesto (estoy pensando en Akutagawa Ryunosuke), sino que ha utilizado un tema inmundo que se ha convertido en elevado porque grandes genios acabaron con su vida.

Así pues, no puedo hablar de estos relatos porque Vila-Matas se regodea en todas las máscaras que es capaz de crear y se olvida de los personajes, de las historias y se centra en la técnica que retuerce las palabras y lo mucho que disfruta haciendo algo que se le da tan bien, por lo que él está siempre presente, como una mosca que no se aparta. Me lo imagino escribiendo delante de un espejo.

No obstante, incluso a algunos amantes un poco torpes les damos una segunda oportunidad, así que me voy a poner estupenda y algo condescendiente y leeré otro libro de Vila-Matas, sólo porque espero dejar de tener al escritor tan presente para introducirme en su obra. Por ahora creo que su sombra es tan arrogante como la sonrisa del guapo insoportable del bar .

¿Que sí? ¿Que no? ¿Me contáis? bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

QUIM MONZÓ: EL PORQUÉ DE LAS COSAS

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Buscaba una foto para incluir en la entrada de hoy y escribo: Quim Monzó. Voy al apartado de imágenes, como siempre. Pero salta una ventana emergente que indica que para ver las fotografías de Quim Monzó necesito desactivar un filtro que creía que no tenía activado, el de imágenes seguras. Me apresuro a pinchar en el botón. Sí, estoy segura de que tengo más de 18 años, no tan segura de querer volver a tenerlos y jaleo al ratón  lak lak lak, chasqueo la lengua para que vaya más rápido porque quiero ver qué tipo de imágenes consideradas no seguras puede tener este escritor cuyo físico me desagrada (mil perdones). No de manera consciente y, sin poner en duda un cráneo privilegiado como el suyo que diría Valle-Inclán, es demasiado grande y no va mucho a la peluquería, por decir algo políticamente correcto. Me vienen a la mente otras imágenes de mi gusto pero no logro encontrar qué puede ser morboso entre las típicas poses de autor. Al fin le veo maquillado de mujer. ¿Será posible? ¿Sólo eso? También hay un montaje. Su enorme cabeza en un abdomen con tortuguitas. Por lo visto, alguien más tiene la misma sensación que yo: follar con un tonto es una amargura. En fin. Descargo la foto y dejo el filtro desactivado, aunque no sé por qué, no sé el porqué de las cosas.

Quim Monzó (Barcelona, 1952) ha sido, entre otras cosas, dibujante de historietas, dialoguista de películas, letrista de canciones, guionista de radio y televisión, diseñador gráfico y reportero de guerra. Por eso, cuando nos acercamos a sus cuentos tenemos que ser cautos, parecen simples. No lo son. Son absurdos, divertidos y sarcásticos pero conocen al ser humano en su inmundicia y eso no tiene gracia, aunque se ríe de casi todo, en especial de la incertidumbre que rodea estos personajes con nombres inventadísimos. Monzó riza el rizo de situaciones cotidianas y sus protagonistas te terminan dando pena ¡qué tonta es la vida! ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué no hago lo que quiero? Son esquemas simbólicos que retuercen lo poco que creemos saber de nuestra vida y la de los demás, como cuando destroza los cuentos de hadas y los convierte en auténticas guarradas (esas que hacemos con nuestros amantes). La primera vez que lo leí no me terminó de gustar. Ahora me encanta, mi libro favorito de Monzó es Mil cretinos, aunque no sé si sabría explicaros por qué.

¿Me contáis algo? bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤

ANTON CHEJOV: SOBRE LA MELANCOLÍA

chejovHoy comparto con vosotros mi primer artículo para la Revista Cultural Factor Crítico. Espero que os interese. Chejov es un genio que nunca debemos dejar de lado. Cuando empezaba a escribir tenía miedo de que nunca supiera qué decir. Como si se fueran a acabar los temas o dejara de tener voz. Bien, pues él proponía escribir sobre cualquier cosa, por ejemplo, un cenicero y, a partir de ahí, crear una historia. Es un gran ejercicio, a mí me funcionó. Pero, sin duda, destaca por su humanismo en la creación de los personajes a los que siempre rodea una bruma de tristeza, así pues, el artículo habla sobre la melancolía, que empapa todos sus textos. Espero que os interese y os adentréis en los cuentos del gran maestro.

Como siempre, gracias por seguirme, comentad, sugerid en bertadelgadomelgosa@gmail.com

RAYMOND CARVER: TRES ROSAS AMARILLAS

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Hoy os dejo el enlace de la última crítica que he escrito para la revista Culturamas sobre Raymond Carver.Tres rosas amarillas es su obra maestra y espero que lo disfrutéis tanto como yo. Aquí podéis ver otros de mis artículos para la revista. Aprovecho para decir un discreto hasta luego, pues me voy unos días de vacaciones. Pero amenazo con volver con más ínfulas.

Comentarios, sugerencias, quejas, peticiones bertadelgadomelgosa@gmail.com ❤